TALLER

arquero-70EL “Taller de Planificación de la Estrategia de Seguridad Nacional”, impartido por el director del Centro de Estudios Hemisféricos para la Defensa de Estados Unidos, Richard Downie, contó con la participación de altos funcionarios del gobierno hondureño, jefes militares y de la policía. Tal la importancia del evento que fue inaugurado por el mandatario Porfirio Lobo, el embajador de los Estados Unidos y el ex embajador Crescencio Arcos. Obviamente que el taller va orientado a la formulación de un plan de seguridad nacional, algo que hemos insistido ocupa la presente administración, para no pasar la pena de reaccionar improvisadamente cada vez que se presenta una escandalosa masacre o hechos violentos que conmueven la conciencia nacional.

De las declaraciones formuladas por los asistentes, se colige que el taller intentó esquematizar los lineamientos generales que demanda una estrategia de seguridad nacional. Dijeron que el 80 por ciento de la jornada de trabajo y de los temas tratados fueron orientados a que “las autoridades nacionales formulen ideas para crear las condiciones a fin que el pueblo hondureño mejore su nivel de vida, como una forma de prevenir más eficientemente la comisión de los delitos”. “Fortalecer aspectos como la educación, pero de una forma integral con principios éticos y morales como un punto importante para la prevención de los delitos”.

Interesante enterarse que una de las importantes consideraciones en la lucha contra el delito y la delincuencia es sobre la situación socio económica de la población. Anteriormente hemos dicho que para afrontar estos altos índices de violencia, debe llegarse hasta las raíces del problema, la forma cómo la pobreza, la necesidad, la desocupación y la deplorable situación de vida en grandes estratos poblacionales inciden en el índice delincuencial. Aparte de ello la débil formación y la carencia de valores –algo que compete más a las familias, las escuelas y las iglesias– que empujan al individuo a tomar por los atajos o a buscar los caminos torcidos. Las fuerzas de seguridad son quizás el último escalón en esa lucha contra este flagelo que golpea a las comunidades, evita el desarrollo saludable y corroe los cimientos de toda sociedad. 

Explicaron, además, que el taller tuvo varios pasos en “la formulación de una estrategia a través de un formato muy conocido que comienza con una evaluación de la situación, un diagnóstico para entender la magnitud del problema que se confronta, para luego pasar a la formulación de los objetivos claros y precisos”.  “Los participantes se centraron en las formas y los recursos necesarios para lograr esos objetivos.

Posteriormente, los participantes trabajaron en evaluar si el gobierno está o no cumpliendo con esos objetivos y formularon una hoja de ruta con acciones claves y fechas para llegar al cumplimiento de las metas”. Quizá en esta elaboración de la estrategia debiesen comprometer a las otras instituciones que, aparte de la policía y el ejército, tienen vela en este delicado problema, tales como el Ministerio Público, la Procuraduría, los entes contralores, el Poder Judicial y en lo pertinente el Comisionado de los Derechos Humanos y el Congreso Nacional. Solo una estrategia que abarque el conjunto de esas instituciones y de los operadores de justicia tendrá el beneficio de una ejecución coordinada.