Inversión, bienestar y política

Por Juan Ramón Martínez

No cabe duda alguna que el HOB celebrado en San Pedro Sula la semana pasada, fue un éxito total. Tanto para el gobierno, como para los empresarios. Pero no solo por los contactos abiertos, las negociaciones iniciadas y los planes conjuntos a ejecutar, sino por los descubrimientos que se hicieron. Por ejemplo, quedó muy claro –gracias a las contribuciones teóricas del ex presidente Uribe– que la finalidad de las inversiones no solo es el beneficio de los inversionistas, sino que, fundamentalmente, el bienestar de la colectividad. Este hermoso argumento, tira por los suelos la mezquina visión de algunos que creen que para ayudar al país, hay que evitar que los “ricos” inviertan –así “les impedimos, dicen, que ganen dinero y aumenten su peso en la vida política”– y que será el gobierno el que creara empleo, como en Cuba y Venezuela, sin explicar de dónde sacará los recursos para financiar la inversión publica que ello requiere. Porque hay una cosa que se pasa por alto: el gobierno no produce nada; y todo lo que tiene es lo que le damos los ciudadanos que, desde nuestra iniciativa particular e individual, producimos riqueza que compartimos con la colectividad, entregándosela en forma de impuestos al gobierno. Aquí está el problema: el gobierno hace lo que quiere.

Cualquiera puede sostener –y es cierto, sin duda alguna– que estas cosas las sabíamos. No estamos tan seguros; pero no es esta la cuestión fundamental. Desde luego, ayuda para desatanizar al capitalismo, recalificar la acción humana en la búsqueda de resultados económicos y volver horizontal la acción individual, como una contribución para la vida social. Especialmente con el bienestar de cada uno de los habitantes del país. Lo fundamental, para nosotros es que en el HOB de SPS quedó clara la subordinación de la acción política con respecto a la actividad económica de los particulares. Aunque algunos todavía siguen soñando con pajaritos de siete colores, intentando alianzas entre el gobierno y los empresarios, locales e internacionales, la verdad es que de lo que se trata es de ordenar las cosas para que el papel del gobierno en dirección a la comunidad de ciudadanos y su bienestar, signifique ni más ni menos el apoyo a la iniciativa individual. Hasta la fecha, hay que reconocerlo, lo político ha encabezado la acción humana en la vida hondureña. Los políticos han hecho lo que han querido con nuestras vidas. Sus caprichos, sus miedos e incluso sus enfermedades cerebrales, han orientado o desorientado, según el caso, el éxito o fracaso de la iniciativa individual de los hondureños. Y esto nos ha dado el resultado que conocemos: pobreza creciente, inestabilidad emocional en las mayorías, pérdida de sentido de pertenencia y sentimiento o urgencia de irnos de aquí a otro lado, para encontrar la libertad que no se goza en Honduras.

Las lecciones extraídas, en el sentido que la finalidad de la inversión no sólo es el egoísmo individual de quien lo hace, sino que el ejercicio de una responsabilidad social con el bienestar de todos, son muy importantes. Tengo la impresión que los empresarios extranjeros y nacionales, entendieron esto muy bien. Y lo usan, no solo para justificarse, sino que para cumplir el concepto que el bienestar además de un compromiso, es una oportunidad, porque en la medida en que todos tienen dinero en el bolsillo, fruto del empleo creado por los empresarios, estos tienen más oportunidad de ganar. Y el gobierno de cobrar impuestos, sin volverse fiero, amenazante o ansioso, como lucen sus  rabiosos titulares en algún momento.

Por ello creo que los que menos entendieron el asunto fueron los políticos. Las incoherencias de Colom de Guatemala que tan mal papel hiciera en el evento, los discursos de Lobo Sosa y las declaraciones de algunos otros que no viene al caso mencionar su nombre siquiera, nos confirman que hay que educar a los políticos locales a fin que entiendan que la iniciativa particular, para que se traduzca en inversiones y en bienestar colectivo, es necesario que exista certidumbre que las reglas no van  cambiar. Y que esta obligación de los políticos, incluye el respeto a la Constitución, a las normas sobre impuestos y a las reglas laborables. Apenas hay que señalar que solo JOH tiene claro que los políticos deben ir  atrás de la iniciativa individual, para que haya humanismo cristiano y economía social, dejando que los bueyes vayan adelante y los políticos atrás. Ayudándonos.