Expectativas

Por Orlando Henríquez

Con frecuencia censuramos al secretario de Estado en los Despachos de Agricultura porque da al pueblo informaciones fuera de la verdad respecto a la producción de granos en giro así como de la existencia en futuro. El pobre hace cábalas volviendo la mirada a los cielos, en demanda de una respuesta a su pregunta de si Dios dispondrá enviar buen invierno para que el maíz y los frijoles crezcan a placer y no haya escasez. Y después hará cuanto le sea posible para que no haya acaparadores que se aprovechen de la situación del no hay para cobrar más de lo normal y hacer su agosto.

Pero cómo ha de saber la verdad si en los pueblos ya no llevan la cuenta de los granos que salen del pueblo e indicando en qué dirección. Por manera que el secretario acude a sabe Dios qué oficinas, en donde lo mal nutren y tiene que jugársela casi adivinando. Resulta, también, que nuestras fronteras son un pazcón en donde mucho pasa con los ojos cerrados de los cuidadores, cuando hay aduana y si no, los pasos ciegos de las montañas son el cordón que conduce hacia otra nación vecina, deseosa de comprar la cosecha nuestra porque en sus lugares también hace falta.

Los vecinos no sólo esperan nuestras cosechas sino que alientan para la siembra y actúan como no lo hacen nuestros bancos, pues adelantan dinero para la faena y desde ese momento dan un valor o lo por sembrar.

Los bodegueros, que naturalmente son ellos los acaparadores principales, están listos para arriesgar su dinero comprando a menor precio y soltando  la mercadería a valor alzado, como es lógico que se haga en un país en  donde  existe el mercado libre y los precios que algunas veces señala el Estado en muy contadas ocasiones se cumplen porque entonces estalla el escándalo y el gobierno prefiere hacerse el pago y callar y no arriesgarse en una aventura de huelgas y manchazón de paredes.

Lo anterior, habla con claridad que debemos dedicar más tiempo y fervor de parte del gobierno para incrementar la agricultura mediante un plan bien estudiado que nos dé agricultores con nueva mentalidad para que abandonen esos métodos de producción y se acomoden a las prácticas modernas que buenos países amigos han estado tratando de enseñar. Falta hacer un estudio profundo de nuestras tierras recuperables, que han sido declaradas inútiles merced a los descombros y las quemas y que bien pueden resucitar mediante los sistemas modernos de riego que están al alcance de la mayoría de nuestros campesinos actuales, pero no de su comprensión.
El maíz, por sus diversos usos a que modernamente está destinado, escasea en las naciones ricas, ávidas del grano maya para convertirlo en diferentes productos y los frijoles andan de capa caída en sus siembras y siempre hacen falta en los mercados centroamericanos y algunos extranjeros más. El ferrocarril que va a unir a Amapala con Trujillo será un baluarte agrícola pues a su paso millares de hectáreas ahora vírgenes se incorporarán a la agricultura, con las facilidades de siembra por la abundancia de agua y la más, elevada desde la hidroeléctrica que está en construcción para ser distribuida en los regadíos nacientes.

Nuestra agricultura debe tener un compás de crecimiento en alce, en busca de ser suficiente, para que también haya excedentes exportables. Pero debemos a estar atentos de que no se repita lo de la palma africana, propiedad de Miguel Facussé, en donde los invasores esperaron que todo estuviera listo para que se exportara la fruta y entonces alegaron posesión, invadiendo. Mientras por un lado clamamos ayuda al exterior, por el otro negamos el derecho a la propiedad privada y no se debe estar jugando con tan preciados derechos como el de los que compran en legal forma y siembran con el justo deseo de hacer prosperar lo invertido, pero con la seguridad de que nadie atentará contra lo ajeno invocando derechos de raza o de pereza congénita.

En el INPREMA es que se han perdido muchos millones de lempiras. Hay un déficit actual de 80,000 millones de lempiras, cantidad que parece mentira, por lo exorbitante, conforme una publicación de este Diario LA TRIBUNA en un escalofriante reportaje en donde expone las quejas de algunos dirigentes y bases del Instituto Nacional de Previsión Magisterial, quienes piden, unos, cárcel para los culpables y otros la devolución de los dineros perdidos. Los encuestados respondieron que “los responsables deben responder judicialmente para que no siga la impunidad”.

Hay que estar a la expectativa, a ver si hay castigados y, además, cuánto se recobra de lo birlado. Sería indigno que la maquinaria de tal institución continuara vigente, ante tanta miseria y ante el fantasma de la quiebra. Que Dios no lo permita.