Honduras ante una crisis mundial

Primera Parte

Por Federico Álvarez

La economía de Estados Unidos está experimentando una fuerte disminución en su velocidad de crecimiento y muchos expertos creen que tiende a agravarse más.

La señora Christine Lagarde, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), reconoció hace pocos días,  que es inminente una recesión económica global, en una entrevista concedida al semanario alemán Der Spiegel. Y si bien el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso no coincide con el criterio de la señora Lagarde, predice, con demasiado optimismo, que el crecimiento de Europa será muy modesto.

Por su parte los mercados de valores siguen experimentando los altibajos del ambiente de miedo e incertidumbre que pesa sobre los inversionistas. Así por ejemplo, este pasado lunes 5 de septiembre, se experimentaron fortísimas bajas en la mayoría de los índices al conocerse que el desempleo en Estados Unidos no baja y se mantiene en 9.1% y al conocerse los nuevos indicadores económicos de Europa que muestran una fuerte tendencia a la baja.

Se esperaba que, al menos, el petróleo bajaría de precio, pero después del huracán Irene y de la prolongación del conflicto en Libia, ya vuelve a acariciar los $100 dólares el barril. Debemos recordar que el precio del petróleo afecta también el precio de los fertilizantes y que su impacto en Honduras es mayor al de otros países por la dependencia energética del país de uno de sus derivados.

¿Y cómo afecta esta situación económica mundial a Honduras?

Primero, es muy probable que el déficit en la cuenta corriente se incremente a partir del segundo semestre de 2011. Ya la maquila está experimentando menor demanda por sus productos y es muy posible que se note un descenso de las remesas familiares. Si se llegara a una recesión, las exportaciones de bienes y servicios podrían caer a los niveles de 2009 y 2010.

Al perder el dinamismo el sector exportador, las fábricas comienzan a reducir el nivel de sus operaciones, se ven obligados a hacer recortes de personal y posponen los planes de inversión. Se incrementa el desempleo y se reduce el consumo interno, afectando al comercio nacional.

A esto hay que sumar el hecho de que los precios de los alimentos están subiendo en todo el mundo. El mes pasado, el Banco Mundial alertaba que los precios globales de los alimentos eran en julio de este año un 33% más caros que un año atrás.

En segundo lugar, ante una posible crisis económica, se reduce la inversión externa, porque los inversionistas internacionales se vuelven más adversos al riesgo y buscan refugios seguros para su dinero, tratando de mantener el valor de sus capitales “mientras pasa la tormenta”.

Si va a haber recesión o no, nadie lo sabe a ciencia cierta, pero la posibilidad de que suceda es cada día mayor y pienso que, por prudencia, debemos actuar en consecuencia.

En un próximo artículo someteré a la consideración de mis lectores, las causas de este problema, qué están haciendo otros países ante este oscuro panorama y qué cosas podría hacer nuestro país.