La moral y la política

Por Antonio Martín

Se entiende por acto moral todo lo que se ejecuta libremente y atendiendo la bondad o malicia en el desempeño de las actividades humanas. La moral y la ética tienen una raíz común. Se define como la ciencia de las costumbres en todo ser humano. La doctrina social de la iglesia –además de los principios que deben presidir la edificación de una sociedad digna– incluye ciertos valores como la verdad para desenvolverse en la convivencia de los seres humanos dentro de una comunidad ordenada; la libertad como expresión de la singularidad de cada persona humana que respeta a cada miembro de la sociedad, permitiéndole realizar su propia vocación personal; y la justicia que según la formulación más clásica de Tomás de Aquino en su ‘Summa Theológica’ “consiste en la constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que les es debido”.

La administración del Presidente Porfirio Lobo Sosa –después de dar una mirada a la historia democrática de Honduras y encontrarla tan negativa– ha infundido a su gestión el sello del Humanismo Cristiano fundamentado en los valores del evangelio, para sacar al país del atolladero en que está sumido desde hace varias décadas. Naturalmente, la patria no podrá salir de su pasado oscuro con sólo aceptar el  humanismo cristiano, vigente ya en otros países con más transparencia y desarrollo que el nuestro, si el Presidente Lobo no está compenetrado en lo personal de esos valores insustituibles y si sus colaboradores no siguen los pasos marcados por él con su testimonio personal y su apego a las leyes.

En Honduras, la mayoría de los ciudadanos son políticos. Nuestra historia está marcada por unos políticos que casi en su mayoría han descuidado el bien común y se han entregado casi exclusivamente a sus intereses particulares o al partido político. Esto ha hecho que nuestro país esté marcado por el subdesarrollo, por el desempleo, por la corrupción, por las injusticias, por la inseguridad, por una educación con cien años de atraso respecto a Panamá y Costa Rica y un segundo lugar en el analfabetismo de Latinoamérica, por una deficiente salud urbana y rural, por sistemas básicos insuficientes e inadecuados. Lastimosamente, todo esto es consecuencia de unos políticos hondureños con escasa moral y valores éticos. Un político sin moral ni ética se convierte en politiquero de patio.

Hay ciertos políticos en Honduras que con un descaro inaceptable quieren liberar a determinados ciudadanos de supuestos delitos de corrupción no amnistiables sin hacerlos pasar antes por los juzgados, aun sabiendo que con ello se están violando compromisos internacionales de los cuales Honduras es signataria. Estos malos políticos olvidan que Amnistía Internacional nos tiene ubicados en la cola de los países más corruptos y que esta es la ocasión –única en nuestra historia– para levantar el perfil de transparencia, si a los culpables se les investiga, se les enjuicia y se les encarcela, como están haciendo varios países de Centroamérica. Según el Cardenal Rodríguez, “la fe cristiana afirma que el pecado del robo se repara y perdona sólo devolviendo lo robado”.

La moral y la ética son indispensables en todos los políticos hondureños. Nuestro país no puede ser gobernado por líderes con un negro pasado y sin valores. Como hacen otros países con verdadera democracia, los políticos hondureños deben ser investigados en su vida pública y privada, para que no resulten después que –ya investidos del poder– sean violadores de la Constitución o, como dicen los obispos hondureños, no saben respetar la independencia de los tres Poderes del Estado y viven poniéndose zancadillas unos a otros con fines inconfesables ¡Qué desgracia para un país cuando alguno de los tres Poderes se deja contaminar por 30 monedas al estilo Judas!

La paz es obra de la justica. La justicia no se regala, se conquista. Nuestro país tiene que defender con valentía su independencia, su dignidad y la no intromisión de países extraños. Utilizando la irrestricta libertad de expresión que debe imperar en Honduras, reiteramos su apoyo incondicional a las legítimas autoridades del país y deseamos que la administración de Porfirio Lobo Sosa se enmarque en el Humanismo Cristiano, enriquecido con los valores eternos del evangelio y del Jesús que pasó haciendo el bien a todos, liberándolos de la esclavitud, de la ignorancia, de la pobreza y del hambre.

Si nuestro gobierno actúa con ética y justicia en todas sus decisiones, las inversiones nacionales y extranjeras vendrán para quedarse indefinidamente. Si el gobierno actúa con mañas  e injusticias, caminaremos para atrás como los cangrejos.

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