Vergüenza judicial

Por: Martín Ramírez

He tratado de buscar el mejor título para escribir esta Esquina del Reportero que tenemos nosotros “los tribunitos”, para no ofender a los  profesionales del Derecho que laboran en la honorable Corte Suprema de Justicia y que lo hacen con mucho orgullo y honestidad, pero otras manzanas podridas deben abandonar la institución porque  con su actuar o incapacidad, avergüenzan la misma.

Califico como “vergüenza judicial” la actitud asumida por los jueces de sentencia: Raúl Iván Chávez Baca, Thelma Cantarero y Mayra Aguilera, quienes en noviembre de 2011 “orquestaron” un juicio oral y público del cual fui partícipe como víctima ante un hecho de violación a derechos humanos por los delitos de detención ilegal y abuso de autoridad por parte de los agentes de la DNIC, Dora Elvira Zúniga, Conrado Ferrufino y Walter Mauricio Castellanos.

Considero que a estos jueces les colma una gran vergüenza porque no se han atrevido a redactar y  firmar una sentencia que favoreció a los abusivos policías. Han pasado cuatro meses desde que se sacaron de la manga de la camisa una resolución absurda e infundada, ¿Por qué? Todos los medios de prueba presentados conllevaban  a que los agentes fuesen condenados.

Sin embargo, y según las apreciaciones del juez Raúl Chávez Baca, quien era (o es) enemigo de mi acusador privado, Manuel Arévalo, y de mi persona, debido a un altercado un familiar cercano al mismo defendiendo mis propios derechos.
Mientras que a la juez Mayra Aguilera, minutos antes del juicio, su compañero de hogar, un agente de la DNIC, le habría ordenado que no condenara a los agentes en vista que la sub inspectora Dora Elvira Zúniga es madre soltera de tres criaturas e iba a perder su trabajo; asimismo, doña Thelma Catarero , cansada y agobiada por la ardua labor jurisdiccional de muchos años, se acomodó a los criterios ridículos de los flamantes “dioses en la tierra”.

Pero la vergüenza de los togados  no se circunscribe a estos señalamientos, sino que otro de los ingredientes que terminaron de ensuciar este juicio oral y público fue que sin prueba científica, Raúl Chávez Baca, que presidió el juicio, dijo que la víctima, este servidor,  andaba ebrio, y que cuando hacía su trabajo periodístico había contaminado la escena del crimen, pese a que el Ministerio Público llevó todos los medios de prueba necesarios que demostraban que los agentes policiales me habían arrebatado la cámara, me habían golpeado y “enchachado” sin motivo alguno,  ante decenas de curiosos que la madrugada del 1 de febrero de 2009 observaban  un accidente automovilístico.

Estos  jueces deben saber  que cuando una persona ingiere bebidas embriagantes no razona y máxime si ha practicado artes marciales, pero como estaba en mis cinco sentidos me dejé atropellar y también que me  quitaran mi equipo de trabajo. Descrito lo anterior, solo espero que los “Dioses del Olimpo” firmen la sentencia para presentar la casación y que sean los magistrados de la Corte Suprema de Justicia quienes analicen el fallo otorgándome la justicia que demando y, a la vez se den cuenta del tipo de jueces que operan en el país amparados en una oposición al cargo en el cual consideran que son intocables y por lo mismo realizan este tipo de atrocidades en contra de ciudadanos comunes que acuden ante los órganos jurisdiccionales únicamente a pedir justicia.