Casas deshabitadas, un adiós al centro histórico de Tegucigalpa

TEGUCIGALPA.- Cada vez son más los capitalinos que le dicen adiós al centro histórico de Tegucigalpa. Abandonan sus viviendas, las cierran con candado y emigran a otros barrios y colonias de la ciudad.

Esta vivienda, conocida como la mansión de los Casco, está ubicada en el barrio La Ronda y sirve de refugio a indigentes, a pesar de su belleza arquitectónica.

En cada cuadra se observan de dos a tres casonas deshabitadas, que pese a su valor histórico y arquitectónico, se van convirtiendo en ruinas poco a poco.

Algunas no tienen siquiera rótulos de venta. Desde algunas ventanas desbaratadas se puede observar el interior de estos inmuebles apenas habitados por monte y árboles pequeños que se abren paso entre los muros de piedra.

“Estas casas las heredaron varios hermanos que no se ponen de acuerdo a la hora de venderlas”, comenta don Sergio, vecino del barrio La Ronda, uno de los que posee más caserones desolados.

Para la arquitecta Ivonne Benítez, subgerente de conservación del Instituto Hondureño de Antropología e Historia (IHAH), las casas deshabitadas son síntoma de una “enfermedad” en el casco histórico.

“De todos los bienes inmuebles que forman parte del patrimonio cultural, en especial del período colonial y a principios del período republicano, tenemos una gran cantidad de inmuebles que están en estado de abandono y deterioro”.

Estos tres inmuebles, ubicados en el barrio La Ronda de Tegucigalpa, están deshabitados; algunos ya solo poseen los restos de lo que fue su fachada.

Benítez explica que detrás de las fachadas de estas viejas casonas hay un trasfondo…

“Esto es síntoma de una enfermedad muy seria que está en el trasfondo, una es la falta de interés de muchos propietarios que, teniendo los recursos, desean hacer inmuebles nuevos, de un gran valor comercial”.

Solo en el barrio La Ronda se observan más de 10 viviendas en abandono, unas a la orilla de las calles empedradas y otras en los recovecos de escalinatas.

Algunas ya no tienen puertas ni ventanas y, lamentablemente, los vagabundos las han utilizado para hacer sus necesidades fisiológicas. El hedor que despiden aleja a los curiosos.

SIN HEREDEROS

Según la profesional, muchos dueños dejan que los inmuebles se deterioren por sí mismos, temiendo que en el futuro se les denieguen permisos de demolición.

Otros dejan en el descuido total estas casas porque para restaurarlas se precisaría una serie de permisos y onerosas inversiones.

La arquitecta agrega que también “tenemos el caso de inmuebles que los propietarios quisieran hacer las reformas pero no tienen los recursos necesarios”.

En muchos casos, de acuerdo a la entrevistada, las residencias quedaron deshabitadas desde que los propietarios fallecieron.

“Tenemos casos de inmuebles de personas que han fallecido y que están en proceso de litigio por herencias, o que están abandonadas porque no hay un heredero declarado de estos inmuebles”.

La subgerente de conservación del IHAH indica que para rescatar este tipo de inmuebles la institución cita a los propietarios para hacerles conciencia sobre el valor cultural e histórico que tienen dichas edificaciones.

“Se les hace ver el estado de deterioro en el que se encuentran los inmuebles y se les explica que deben ser rescatados, en base a la ley, porque en base a ley es un delito dejar caer un inmueble premeditadamente”.

En caso de que los dueños no tengan interés en seguir las recomendaciones del IHAH, se comienza un proceso judicial o uno administrativo, el cual implica cárcel o multas de uno a dos millones de lempiras.

BIENES RAICES

Hasta árboles están naciendo en las paredes de esta hermosa residencia ubicada en el barrio La Plazuela.

En barrios como La Ronda, La Leona, La Hoya, Barrio Abajo y La Plazuela, entre otros, numerosas viviendas se han convertido en selvas bajo techo. En algunas se observan gradas que se desdibujan entre las penumbras y que invitan a explorar sótanos tenebrosos.

Jeny Ramírez, empleada de una empresa de bienes raíces, manifiesta que la venta de casas en el centro histórico es difícil, ya que a las nuevas generaciones no les atrae la zona para vivir.

“Otro inconveniente que se da es que la gente quiere remodelar las casas a su gusto y en esta zona hay que respetar las exigencias que hace la Alcaldía para preservar el ornato”, explica la vendedora.

Según comenta, la venta de terrenos que tienen casas en ruinas también es todo un reto, ya que algunas edificaciones tienen valor histórico.

“A veces se puede demoler el interior de la casa, pero se debe preservar la fachada y algunas fachadas son de adobe”, detalla la agente inmobiliaria.

Aunque carece de techo y está repleta de monte, esta casa la mantienen cerrada para evitar que se deteriore aún más.

La falta de conciencia sobre el valor de estas antiguas estructuras, pero también la crisis económica, ha impedido que muchos inmuebles sean restaurados por los propietarios para ponerlos en venta.

En diciembre de 1994, el casco histórico de Tegucigalpa fue declarado monumento nacional, según acuerdo 527.

A pesar del descuido y del azote de las tormentas, muchas estructuras de adobe se mantienen “de pie”, como suplicando ser restauradas.

REGULACIÓN MUNICIPAL

Cada mes, entre 20 y 25 capitalinos solicitan autorizaciones para remodelar, restaurar o demoler bienes inmuebles ubicados en el centro histórico de Tegucigalpa.

El coordinador del Comité Urbano de la Gerencia del Casco Histórico de la Alcaldía de Tegucigalpa, Donaldo Rivera, indica que hasta el momento tienen inventariadas unas 20 casas en completo abandono.

A criterio de Rivera, el grado de deterioro de estas edificaciones implica una onerosa inversión, por lo que muchos dueños se resignan a dejarlas deshabitadas, sin percibir ningún beneficio.

“Hay unas que están demasiado deterioradas y que el costo de restauración es demasiado alto. En este caso la gente ni se atreve a tratar de invertir por lo mismo, porque es muy caro”.

Según el entrevistado, los propietarios de estas viviendas pueden modificarlas, siempre y cuando cumplan con los requisitos exigidos por el Reglamento para el Manejo del Casco Histórico.

“Muy poca gente aquí tiene sensibilidad hacia los inmuebles inventariados, las casas viejas; hemos notado que viene gente de otros países, de España, y dicen que encuentran estilos propios de sus ciudades”.

Solo en el Distrito Central, específicamente en Tegucigalpa, Comayagüela y San Juancito, el IHAH tiene un inventario de 287 inmuebles que forman parte del patrimonio cultural e histórico de los hondureños.

Esta vivienda, en el Barrio Abajo, se conserva en muy buen estado, pero lamentablemente solo es habitada por la soledad.

Rivera dice que la Alcaldía podría darles a los dueños recomendaciones para restaurar y darles un uso adecuado a estos inmuebles, siempre y cuando ellos tengan la disposición de invertir.

Entre las estructuras abandonadas hay algunas que solo precisan de ciertos arreglos, pero también otras que ya están casi en ruinas.

“Hay otro tipo de inmuebles que son los que están completamente deteriorados, baldíos, por ejemplo, el castillo Belucci, que está en el barrio La Leona”.

“Es un inmueble de más de 100 años, tiene un enorme valor cultural, Belucci tuvo una gran influencia en la arquitectura de todo el centro histórico. El inmueble está en una situación bastante delicada, porque es un castillo que se está cayendo”.

La crisis económica, pero también la ignorancia, se han confabulado para dar muerte a las huellas de nuestro pasado: esas casas donde habitaron los hondureños del ayer y que se esforzaron para heredarles una hermosa capital a los ciudadanos de hoy.