Secta busca desaparecer a sacerdotes

LEPATERIQUE.-  Aullidos de coyotes, arrastres de objetos y gritos extraños, aparentemente de hombres y mujeres, como si expresaran algo que el oído humano no puede descifrar, se escuchan todas las noches en varias aldeas de Lepaterique, lo que mantiene atemorizada a una población acostumbrada a las leyendas e historias míticas con las que ha crecido.

Lepaterique es un municipio del departamento de Francisco Morazán y, pese a la cercanía con la capital, las leyendas y creencias sobrenaturales están arraigadas en la población.

Los lamentos que viajan junto al viento en algunas calles céntricas del pueblo y sectores remotos a lo interno del bosque han hecho que los habitantes de este municipio, situado a 45 minutos de la capital, se encierren en sus casas casi al mismo tiempo de la puesta del sol.

Lo extraño del asunto es que desde hace muchos años este pueblo ha mantenido su creencia en leyendas de ultratumba, pero según ellos ahora no solo se trata de cuentos de sus antepasados, sino de episodios sobrenaturales vistos por decenas de habitantes que consideran que sus vidas corren riesgos, si en una de esas caminan solos en sitios que ya tienen identificados como peligrosos.

QUERÍAN MATAR SACERDOTES

El pasado 31 de julio, un grupo de hombres escondidos en la oscuridad con supuesta sed de sangre y la perversidad dibujada en sus rostros, intentaron ingresar por la fuerza al seminario de la Iglesia Católica de Lepaterique, al sur de Francisco Morazán. El objetivo era matar a los sacerdotes y miembros de la ermita que se encontraban en ese lugar.

Según los aldeanos, todos los días las almas en penas corren las calles y el cementerio; y los ruidos y lamentos hacen que los pobladores se encierren en sus casas a partir de las 6:00 de la tarde.

Mientras los desquiciados lanzaban piedras a las ventanas y forcejeaban las puertas del santuario, ubicado en las cercanías del cementerio municipal, les gritaban desde afuera: ¡Salgan!.. ¡Salgan!… que queremos beberles la sangre… los vamos a matar…

La extraña furia con la que actuaban desde afuera los sujetos que supuestamente querían acabar con la vida de los religiosos, era incomprensible. Ellos ansiaban ingresar al lugar de cualquier forma y en el intento parecía como si estuviesen endemoniados; esto también provocó pánico generalizado en los demás habitantes del sector.

Los pobladores, en vez de socorrer a quienes permanecían adentro de la capilla, optaron por encerrarse en sus casas con un silencio temeroso, y aunque estaban conscientes de la posible desgracia, prefirieron convertirse en cómplices de un posible ritual de muerte.

Este episodio lo veían venir los habitantes desde hace algunos días, cuando empezó a desencadenarse una serie de situaciones que ellos mismas califican de sobrenaturales en el pueblo y que continúan ocurriendo llegada la noche.

En el cementerio municipal, las tumbas están listas a la espera de los muertos, porque según los pobladores cada día se reporta uno y sin casusa justificable.

En cuanto al atentado a los religiosos, la muerte no logró su cometido. La Policía del Municipio llegó a capturar a uno de los supuestos chupasangre o endemoniados, quien un día después del forcejeo y la ira desconcertante que provocó ruinas en el seminario, no supo explicar el porqué de su comportamiento.

Maynor, un maestro escolar, sin antecedentes penales, conducta intachable y buen vecino,  permaneció bajo arresto durante dos días, lo único que expresaba ante quienes fueron sus víctimas aquella noche de julio fueron las disculpas del caso y desencajado su rostro ante la vergüenza de lo que le comentaban que había sucedido.

Tampoco supo determinar quiénes eran las otras personas que le acompañaron en el atentado del que se dieron a la fuga. El castigo llegó a un arreglo como suelen hacer en los pueblos: el perdón fue concedido de palabra por las mismas víctimas.

Cumplió con hacer las reparaciones de daños a la infraestructura donde se encontraban los sacerdotes, quienes conservan su anonimato y manejan este y otros casos con suma serenidad, con el objetivo de bajar el nivel de miedo que existe en Lepaterique por cuentos y leyendas de ultratumba que los mantiene en pánico.

SECTA PODRÍA ESTAR OPERANDO

La iglesia de Lepaterique permanece abierta todos los días. Los sacerdotes instan a la población a olvidarse de falsas creencias y evitar hechiceros, pero el tema es complicado.

En plena época moderna y avances de la ciencia y tecnología, este municipio cercano a la capital sigue sumergido por el temor que generan los cuentos y leyendas que se han esparcido en los últimos meses.

Después de lo acontecido con los sacerdotes,  algunos pobladores alertaron sobre otros sucesos aparentemente extraños que se están viviendo en el municipio donde residen más de 20 mil personas, diseminadas en al menos 131 caseríos, de las siete aldeas que se registran como tal: Lepaterique (centro), Culguate, El Espino, Hierbabuena, El Carrizal, La Brea, Mulhuaca o El Llano.

LA TRIBUNA realizó un recorrido por varios sitios en busca de la denunciada secta, pero al consultar a los pobladores, algunos solo respondían “que no sabían nada” e instaban a no seguir preguntando sobre el particular porque “con esas cosas es mejor no meterse”, expresó uno de los consultados.

Otras personas se limitaron a prevenir a los jóvenes del sector debido a que son la presa fácil de la supuesta secta diabólica que tiene un número pequeño de integrantes y que se reúnen en “El Cerrón”, un conocido lugar ubicado en una de las montañas que rodea el centro de Lepaterique.

Los jóvenes son las presas fáciles no solo de las maras o pandillas, sino también de las sectas que están comenzando a invadir los municipios y aldeas de Honduras.

Según la denuncia, los seguidores del grupo que inició operaciones en Lepaterique, hacen misas negras y cultos satánicos hasta el punto de fraguar planes para intentar matar a los creyentes de la fe cristiana y autoridades religiosas.

Algunos aldeanos denunciaron que en “El Cerrón” han desaparecido personas. El caso reciente es de una mujer que se había perdido por varias semanas, luego de sufrir un ataque de supuesta esquizofrenia, pero que ellos lo califican como posesión de Satanás, quien fue encontrada muerta días después en ese cerro.

Para algunos la posible actividad de la secta está avanzando gracias al silencio por miedo a un maleficio, que puede suscitarse en los familiares y el propio hogar, tomando en cuenta que la mayoría de los habitantes de Lepaterique tienen arraigada su creencia en curanderos o brujos que habitan en el municipio.

ENTERRADO EN SU PROPIA CASA  

En este lugar conocido como El Cerrón es donde se está reuniendo un grupo de personas jóvenes para practicar ritos satánicos.

El finado Constantino, uno de los curanderos más cotizados del pueblo, está enterrado en la propia casa donde habitó junto a su esposa, y ahora es ella quien responde a las personas que la buscan como ayuda alterna a la medicina terrenal.

El afán de mejorar la situación económica, la salud y hasta quitarse algunos problemas por enemistades es lo que motiva a algunos pobladores a buscar la divinidad del difunto, a quien mataron sin razón alguna.

“Cuando uno llega ahí, lo primero que dice la señora es: Espéreme, voy a hablar con mi marido… y se va al patio a preguntarle y él le dice las cosas. Si usted le dice que está enferma o enfermo, la busca para que le diga qué hacer”, dijo don Lucas, mostrando naturalidad en su respuesta.

“Aquí hay muchos curanderos, algunos son buenos, otros no, le roban su dinero porque no le solucionan nada. Pero dicen que ese (el difunto) sí es bueno, como era cuando estaba vivo”, agregó.

Ante el temor que existe por ruidos sobrenaturales y hechicería en el pueblo, muchos pobladores buscan la presencia de Dios.

Doña Juana, otra de las consultadas, dijo que Constantino deambula por las noches como alma en pena y toda la gente ha escuchado “como aullidos de lobos, lo que se escucha siempre es como que alguien llevara un saco de botellas arrastrado, a veces se escuchan gritos como de niños, pero lo que creemos en Lepaterique es que el alma es del demonio”.

“No se sabe qué es porque a veces se oyen gritos como que estuvieran matando a un hombre, otras como que macanearan a una mujer y se oye desde el centro hasta en las afueras (otras aldeas)”.

“El finado era un buen curandero, ese sí sabia a quién iba a curar y si miraba que no iba a poder no le trabajaba, pero ahora la señora Chavelita, que también es curandera, es buena porque ha curado a varios, incluso un familiar mío”, recordó.

“Lo que no estamos seguro es si el finado está muerto de verdad o sigue vivo, porque supuestamente lo habían enterrado en su propia finca y Chavelita le sigue consultando; no se entiende por qué, si se murió, dejaron que lo enterraran en la propia casa, y si así va a ser deberíamos tener el mismo derecho todos nosotros, para que nos entierren en nuestras casas y también a nuestros familiares”.