Reconciliación nacionalista

Por Boris Zelaya Rubí

BORIS-ZELAYA-NEW3Con el triunfo de nuestro Partido Nacional, hemos superado los momentos de temor e inseguridad ciudadana que trataron de infundirnos los derrotados admiradores de Chávez, Fidel y Maduro, quienes después de cuatro años de enarbolar la bandera del golpe de estado, ahora se la pasarán otros cuatro protestando por un imaginario fraude que reclaman los perdonados por acuerdos internacionales, después de haber “hecho micos y pericos” con el dinero del Estado.

Se conformará sin lugar a dudas un gobierno con los mejores hombres del país y tendremos paz. Esperamos que no sea con los mejores socios para evitar el saqueo de las arcas, como ya se ha vuelto costumbre en gobiernos pasados, para mala suerte de nuestro cada vez más descalabrado país.

En las elecciones internas hubo de todo, algunos acostumbrados a ese tipo de argucias, dijeron con gran desfachatez ¡lo que es igual no es ventaja! dando a entender que era válido echar mano de cualquier cosa o mejor dicho “para lograr el fin no importan los medios”.

Creemos que el que “gana con maña, gobierna con saña”. El nacionalismo, sobre todo los que votamos llenos de dudas, estamos esperanzados a que el nuevo presidente gobierne con los mejores hombres del partido y con uno que otro ciudadano honesto de los partidos contrarios, como han hecho nuestros eternos adversarios, para cumplir con el mandato constitucional de la alternabilidad del poder con gobiernos integrados.

Hubo algunos errores en la campaña del nacionalismo, como el de exhibirse abrazado de personajes con antecedentes internacionales de delincuencia. Deseamos que no integre malvivientes en el gobierno, que se convierta en un estadista y no en “Alí Babá y los cuarenta ladrones”, que ni siquiera los tome en cuenta como asesores sin sueldo, pues con la influencia harán los negocios más grandes, para sumar más dinero al que sustrajeron en gobiernos anteriores.

A la vuelta de la esquina estarán acechando “los opositores rojinegros” para magnificar cualquier error gubernamental, que se pueda convertirse en escándalo y seguir siendo calificados  en los primeros lugares como un país corrupto.

Pedimos al Gran Arquitecto del universo que ilumine a Juan Orlando, para que se convierta en el mejor presidente de Honduras, porque al que sustituye, el poco tiempo que le queda de mandato se lo pasará pidiendo disculpas por no haber hecho lo que deseaba. Qué lejos quedaron aquellas actitudes violentas cuando decía con poses dictatoriales ¡a Ham nadie me lo quita, es mi mejor ministro! Y con su lenguaje folclórico manifestó cuando defenestraron a los magistrados de la Sala de lo Constitucional, “si me tocara decidir, levantaría las manos y los pies en señal de aprobación” (cuando lo imaginamos haciendo esa pirueta, nos da pena creer que nosotros y miles de nacionalistas votamos por él).

Esperamos que Juan Orlando, ni en sueños se haya preparado desde niño en las mismas aulas, como lo hizo Pepe para llegar a mandatario y elimine el espectáculo tragicómico de dar a conocer por la televisión nacional, las juntas de ministros y funcionarios de autónomas, para borrar el ridículo como aquel del “viento huracanado con olor nauseabundo” o las llamadas de atención como si fueran niños de párvulos, exigiéndoles que apagaran sus teléfonos móviles y mil pasadas grotescas. Hasta aquí llegamos, no hay que hacer leña del árbol… que ya se va. (Fue excelente el trabajo de los estrategas en campañas políticas, para que el Partido Nacional no resultara afectado por los desaciertos del actual gobierno).

“La corrupción es causa de subdesarrollo y pobreza, por su parte, la pobreza contribuye a extender la corrupción, ya que aquel que no puede cubrir sus necesidades básicas, puede verse forzado a recurrir a métodos menos honestos para su subsistencia. Por lo tanto, corrupción es causa y consecuencia del subdesarrollo”.

Este nuestro sistema no es lo mejor pero… ¡podría ser peor! Todo depende de los hombres y mujeres que lo integren.

De rodillas solo para orar a Dios.