Miedo Vrs esperanza

Por: Carolina Alduvín
CAROLINA-ALDUVINDos emociones que desde tiempos inmemoriales se utilizan como medio de control tanto en el ámbito personal como social, el pasado domingo 24 los hondureños salimos a votar con una mezcla de ambas dirigiendo nuestros pasos; unos esperando que el estado de cosas cambie para mejorar, otros tan solo que no empeoren, otros alcanzar las posiciones por las que han hecho lo que han tenido que hacer, otros por fraguar la revancha por la que han vivido los últimos años, otros por tener esta vez nuevas opciones, otros por el consabido paseo, almuerzo y billete de cada vez que se montan urnas, o simplemente por tener la convicción que de quedarse en casa, otros decidirán por ellos. El orden imperó, hasta donde se supo nadie provocó o se dejó provocar, llevamos la fiesta en paz aún en medio del miedo.
Miedo a que en verdad ganara el peor de todos los candidatos, miedo a que pudiera materializarse uno o varios de los presagios con que pretendieron infundirnos miedo los publicistas y asesores que contrataron, miedo a las dictaduras de uno u otro signo, miedo a no enchambarse o a que lo despidieran, miedo a los come niños reales o supuestos, miedo a perder privilegios o a no poder volver a ellos, miedo a mayor descomposición y violencia de la que ya se vive, el mismo miedo que se refleja en cada portón de barrio seguro, en los elementos de la Policía que “tan solo cumplen órdenes”, miedo a que los resultados no fueran los esperados y sobre todo miedo a que todo termine de hundirse.
Sin embargo, está en nuestra naturaleza el gusto morboso por ser asustados, la multimillonaria industria del cine de terror lo demuestra; y desde mucho antes que pudiera haber resultados, la gran mayoría no se despegó de los receptores para no perder detalle de las transmisiones. Mientras tanto en la MER se daban indicios de lo que medio mundo sabía o al menos no descartaba, irregularidades evidentes, simples y hasta aparentemente inocentes como que 4 o más de los representantes de partidos recibían el mismo tipo de alimentos que los del PN; jóvenes nacionalistas confesando su filiación mientras exhibían credencial del Faper, ¿que cómo la obtuvieron? Cualquiera con dos dedos de frente puede deducirlo.
Entonces, si ya lo sabían, si no era difícil imaginarlo, si había indicios racionales por todas partes; que alguien me explique como fue que los representantes de los que dicen no aceptar los resultados oficiales permitieron que pasara todo lo que hoy están reportando por redes sociales. Lo que se me ocurre es que el triunfalismo los hizo confiarse y ensoberbecerse al punto de pensar que aún con lo que pasaba frente a sus narices, eran tan buenos que nada ni nadie lo iba a evitar. Pese a que en ningún momento dejaron de estar convencidos de tener la estatura moral para calificar de ladrón al adversario, como que en el fondo nunca lo creyeron capaz de lo que ahora lo acusan. Lo que han subido a las redes sociales luce convincente pero hasta donde mis limitados conocimientos en materia legal llegan, eso no se admite como medio probatorio en tribunal alguno.
Dicen no aceptar los resultados, pero aceptan y ansían las curules otorgadas por el mismo sistema que denuncian, lo que resta seriedad y credibilidad a las protestas; los voceros del Ministerio Público afirman no haber recibido a la fecha denuncia alguna sobre delitos electorales; sin embargo, circula en la red una “noticia” de que la “Fiscalía” (no especifica cual) allanó un local donde miembros del PN estaban falsificando y scanneando actas falsas, hasta donde yo sé, este tipo de delitos no se persiguen de oficio y, si no hay denuncias interpuestas, o es una tomadura de pelo, o voluntad de echar leña al fuego; mientras los mismos quejosos afirman que no hay instancia dónde presentar sus inconformidades. Los resultados definitivos no parece que vayan a ser diferentes de la actual tendencia, los magistrados del TSE tampoco variarán su actitud segura y abierta a la resolución de inconsistencias.
Así que entre el miedo y la esperanza, Libre no fue declarado vencedor por lo que ahora pelea en las calles, en el ciberespacio y con ayuda de algunas opiniones de extranjeros lo que no obtuvo en las mesas por confiado y triunfalista.