Nueva política exterior

Por: Juan Ramón Martínez
JUANRA-70Es un imperativo categórico, una nueva política exterior. Menos condicionada por los intereses de terceros países y mucho más anclada en las necesidades del nuestro que, no puede seguir como un irredimible mendigo, llamado a extender la mano ante el primero que luzca una cartera llena de verdes billetes. Dispuesto a entregar a cambio, su honor, su dignidad y su progenitura para lo cual hay que despolitizar la acción exterior, y proyectar más bien una fuerte y unificada postura integrada desde adentro, en las relaciones con la Comunidad Internacional. Y comprometida con los valores que informan el comportamiento del occidente cristiano del cual formamos parte, y, reconociendo con cierto orgullo que el entorno favorable a los enemigos internos de Honduras ha cambiado. Que no somos mendigos ni parias preteridos, culpables de haber aplicado la ley a un facineroso  que nunca aprendió a cumplir con la ley. Sino una nación valiente que defiende la democracia. Y que ha logrado en tres oportunidades, detener el avance del declinante chavismo venezolano. Esto tiene mérito. Y es lo que debemos vender en el exterior. Así como Costa Rica “vende” su democracia.
Los países son como las personas individuales.  Tienen intereses conscientes o inconscientes, amigos, conocidos y adversarios. Y que, en la búsqueda de los primeros, se corren riesgos y se aventuran con valentía para lograr  acuerdos con respecto mutuo y dignidad visibles. Sabiendo que la fortaleza, ya no depende exclusivamente de su poderío militar, sino que de la razón y la justeza de sus posturas. Especialmente si se centran en el respeto a la ley internacional y a una hábil estrategia de alianzas en que la proximidad o lejanía de una posición sostenida por las grandes naciones, no tiene por qué hacerse desde el deshonor y la auto negación. No podemos seguir de rodillas, auto denigrándonos para que los demás nos acepten y nos “quieran”. Porque  nos volvemos una sociedad prostituida  que se vende por un plato de lentejas. Y que está dispuesta incluso a que le impongan los amigos que debe manejar en sus relaciones internacionales.
Ahora, la posición de Honduras es más fuerte ante las naciones democráticas del mundo. Hemos efectuado un proceso electoral, en donde la soberanía popular se ha expresado en mejor forma que en los países que nos ven de menos porque no seguimos la dudosa herencia de un Chávez que no quieren enterrar. Hay que ejercer la libertad de escoger a nuestros amigos en el exterior, reconstruir las alianzas descuidadas; y ampliar la esfera de los acuerdos en el Pacífico, poco atendidos en el pasado. No hay que perdernos buscando relaciones con gobiernos en crisis, con los que no podemos hacer negocios; ni conseguir prestigio alguno.
Honduras, por el contrario, tiene que mejorar sus descuidadas relaciones con los Estados Unidos. La indiferencia con que nos tratan, la simpatía que muestran hacia El Salvador; y el traslado de sus operaciones de inteligencia desde Palmerola hacia Comalapa, es la respuesta a las equivocadas aproximaciones a China Continental. Incluso el irrespeto a Taiwán, el retiro de nuestro embajador, es un error que frente a la crisis que enfrenta a occidente con la segunda potencia económica por el mar de China, podemos y debemos corregir en forma inteligente.
Necesitamos acercarnos a México. Este país siempre fue en el pasado un importante aliado, con el cual pudimos conseguir balancear los mínimos desacuerdos con Estados Unidos; e incluso, conseguir una mayor igualdad en el trato que podamos recibir de este país, similar a la de El Salvador en términos militares. Colombia por supuesto es una aliada básica, cuidando no volver a suscribir tratados inútiles que la Corte de la Haya convierta en papel mojado. Israel es un aliado fundamental. La Autoridad  Palestina, no tiene similar valor. Y más que aproximarnos a Rusia y a China, hay que hacerlo con Francia y España. A estos  países, hay que encontrarles la sintonía para que dejen de vernos como mendigos. Tienen intereses y requieren apoyo.  Y en el Golfo de Fonseca, hacer prevalecer la salida al Pacífico, antes que otro objetivo. El manejo de la isla de Conejo, hay que minimizarlo, sin caer en las manipulaciones de El Salvador; y concentrarnos en la bocana. Porque en el Pacífico, es donde está lo nuestro.