Educación y tecnología

Por Benjamín Santos

benjamin-santos-new_70¿Son conceptos complementarios, excluyentes o contrapuestos? Depende de la dependidura como dijo aquel. Lo mismo pasa con conceptos o realidades como civismo y turismo, reelección y democracia, hombre y  mujer, civismo y globalización, política y corrupción, libertad y obediencia. Para algunos el que las fiestas cívicas se hayan amontonado en la última semana de octubre para fomentar el turismo interno es un retroceso. Sin embargo, si esos días se dedican a recorrer  el cuerpo de la patria para conocerla y amarla más, porque no se ama lo que  no se conoce, es mejor que cantarle canciones y recitarle poesías del diente al labio en las aulas de clase. Para algunas corrientes  del feminismo radical el hombre y la mujer son realidades excluyentes y  prefieren fomentar la diversidad sexual. Desde el Génesis se nos enseña que el hombre y la mujer son realidades complementarias, aunque convertir esa aspiración en realidad requiera un largo esfuerzo mutuo que solo es posible si hay amor y mucha tolerancia.

¿La globalización está reñida con el patriotismo? Pues ese problema viene desde la antigüedad.  El hombre es ciudadano del mundo dijeron los filósofos estoicos y llevaron su filosofía al imperio romano donde se encontró con el cristianismo. Lo decían para contradecir  la  concepción tradicional  de los atenienses que consideraban su ciudad  como la única civilizada y los demás eran bárbaros que significaba no ateniense, pero pasó  a la historia con el significado de salvaje. Lo mismo que pasó con la polis griega sucedió con  la cive romana, la ciudad de roma, de donde deriva civismo, ciudadano, que hacen relación al  apego que se debe tener al  lugar donde se vive. ¿Se puede amar al todo  sin dejar de amar a cada una de sus partes o  la globalización excluye al civismo?

Pues algo parecido sucede con los conceptos del titular. Hay quienes no conciben un proceso educativo sin aparatos tecnológicos, pero olvidan que todas las generaciones anteriores se formaron  y quizá mejor  con la tecnología natural que es la lengua y el cuerpo humano en general, aunque claro que auxiliados con algún material didáctico. Con la ventaja adicional de que el aparato seguía funcionando aunque se fuera la corriente y nunca se descomponía en el momento de ser utilizado. Pero que no se me malinterprete: no estoy en contra del uso de la tecnología como complemento, pero no hay ningún aparato que pueda sustituir al profesor  y  al alumno como elementos claves en la aventura del saber.

Estoy hablando de mi quehacer diario desde hace más de 50 años  y de una actividad que me permite decir que tengo cerca de 50.000 exalumnos en la educación formal y no formal.

Eso me permite decir que las tecnologías mal utilizadas o como sustitutos de la  relación personal y personalizada entre maestro y alumnos son contraproducentes. Hay colegas que desde que llegan al aula ponen el data y van leyendo lo que tienen preparado  para su proyección. Tienen razón los alumnos cuando dicen que para qué leen lo que ellos pueden leer directamente. Es distinto si se proyecta un mapa o un diagrama que  sirvan de base para una explicación ilustrada. En ese caso la tecnología es indispensable y complementa la  labor del maestro.

Más contraproducente es a veces la tecnología en manos de los  alumnos  como sustituto del esfuerzo personal para aprender. ¿O es que no olvidaron los muchachos las famosas tablas de multiplicar desde que aparecieron las calculadoras, de manera que hoy no saben cuánto es 7×6 si no tienen la maquinita a mano? Ahora con la internet en el celular pasa lo mismo.  Si el profesor hace una pregunta a todos, nadie contesta y solo se quedan como  abstraídos. Y si se pregunta en forma  individualizada el aludido o aludida contesta con el celular en la mano. Si no tiene el aparato, no puede contestar nada. Por  supuesto que hay excepciones y  muchas.

Nada puede sustituir al ser humano en todas las actividades de contenido social.  Las tecnologías son medios y los medios son éticamente neutros, lo mismo sirven para el bien que para el mal. Las facultades intelectivas del ser humano como la memoria, el razonamiento y la creatividad imaginativa no pueden  sustituirse por aparatos, pero sirven si se saben utilizar. Si me equivoco en  lo que he dicho, atribúyanlo a mi tercera edad y discúlpenme.