Mafias de la mendicidad drogan chicos para usarlos en las calles

Con una caja de cartón en el piso, una bolsa de mezcal al costado y cargando una bebita de apenas dos meses, la joven Karla Arias se sentó en la acera del Banco Central de Honduras (BCH), frente al Congreso Nacional, en Tegucigalpa, para pedir dinero.
Entre el polvo, la contaminación sónica del tráfico vehicular y el aire frío, la criatura permanece arrullada en los brazos de su supuesta madre, tapada de pies a cabeza con una colcha, un par de calcetines rojos y un gorrito.
Frente a la mujer quemada por el sol, con la cara manchada y vestida con harapos, hay una caja de cartón, ahí los transeúntes, al ver la frágil pequeñita, se conmueven y le depositan uno, dos o cinco lempiras.
Este drama se repite en diferentes vías de la capital y otras ciudades del país, donde existen mafias bien organizadas de madres de familia y aprovechados que hacen de los niños una mercancía para obtener millonarias ganancias.
Karla afirma a LA TRIBUNA, en reiteradas ocasiones, que la criatura es de ella y que todos los días viaja desde Cantarranas, Francisco Morazán, a la capital para pedir dinero, debido a que tiene cuatro hijos pequeños y su esposo, que es albañil, está sin trabajo.

MAMÁS CUARENTONAS

En otros puntos de la ciudad, en especial, en los bulevares Morazán, Juan Pablo II, Centroamérica, Comunidad Económica Europea y en los alrededores de los centros comerciales, las mujeres que andan con las criaturas reaccionan violentamente cuando se cuestiona su actividad.
Una de las féminas, al consultarle si el niño que cargaba en brazos era de ella, se molesta, contestando con palabras soeces y amenazando con llamar o traer personas si la continuaban molestando.
Lo extraño es que estas mujeres aparentan edades entre los 40 ó 45 años, y cargan niños recién nacidos, o de uno a dos años; y entre más desnutridos y sucios se ven, para ellas es mejor, porque causan más lástima en las personas.
Investigaciones de LA TRIBUNA revelan que detrás de estas estructuras de mendicidad existe una red de trata de personas, quienes se apoderan de los lugares más transitados, alquilan a los niños a padres desalmados y contratan a mujeres para que pidan.
La tarifa anda entre los 300 y 500 lempiras diarios, de esto le pagan 150 a la mujer que pide, 100 a la madre que alquila el niño, y el resto es para la persona “dueña” del punto que merodea a diario para que nadie llegue a meterse.

CHICOS BIEN DROGADOS

Uno de los aspectos que llama la atención en los pequeños, es que no se mueven, no lloran y soportan las inclemencias del clima, porque permanecen bajo el sol, frío o la lluvia desde temprano hasta altas horas de la noche.
En ese sentido, organizaciones defensoras de los derechos de los niños sospechan que muchos pequeños son drogados con sedantes que los mantienen dormidos por varias horas, permitiendo de esa manera soportar las extensas jornadas.
Durante la investigación de LA TRIBUNA, en las diferentes zonas de mendicidad de la capital, se detectó que los menores también son utilizados para desarrollar otro tipo de actividades, diciendo que son artísticas, para pedir dinero.
Un hombre que se conducía por el centro de Tegucigalpa, con una guitarra y dos niños de tres y cuatro añitos, comenta que les compró los instrumentos a los pequeños, y como no tiene trabajo, junto a su esposa salen a la calle a cantar y la gente les regala dinero.
Pero lo extraño es que al preguntarle el nombre y la edad de los pequeños, no puede dar respuesta, preguntándole a la mujer que lo acompañaba, quien un tanto cohibida dijo cómo se llamaban y las edades de cada uno.
Escuchar a los pequeños cantar causa conmoción, pues el más grandecito se sabe las rancheras a la perfección y exclamando el juego de palabras natural de un menor, eleva la voz motivando a la gente a darle unos lempiras. Sin embargo, en realidad está siendo víctima de explotación y mendicidad. (YB)
 

Según la ONU: Son un rubro del crimen organizado

En 2011, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) estimó que 150 millones de niños, entre los cinco y 14 años, hacen trabajos forzados en el mundo, entre estos la mendicidad forzada. Es decir, todas las actividades en las que una persona pide dinero a extraños argumentando pobreza, adicciones, abandono o falta de algún empleo, pero detrás de ellos está una red bien organizada.
Los organismos internacionales como la ONU y la Comisión Europea denominan este fenómeno como “child beggars” (niños suplicantes) y se considera como un delito donde está inmiscuido el crimen organizado, que obtiene unos 32 mil millones de dólares anuales en el negocio de tráfico de personas en cualquier territorio del mundo.

CASA ALIANZA

“Es un negocio oscuro”

El director de Casa Alianza, José Guadalupe Ruelas, declaró que la mendicidad es uno de los negocios más oscuros y terribles del país, y el problema es que se está volviendo común ver a niños y mujeres con recién nacidos pidiendo en las calles.

“Tenemos que estar conscientes de que cada vez que nosotros abrimos el vidrio y damos dinero, mucho va a parar en manos de gente corrupta y que explota a los niños, porque la mayoría de los pequeños rara vez están ahí por su propia cuenta”, explicó.
Ruelas indicó que la mayoría de los chiquillos son llevados por personas adultas que los obligan a pedir y les quitan la mayoría del dinero que reciben, estos se lo entregan al dueño de la zona y en muchos casos han reportado que algunas autoridades reciben dinero para no desalojarlos.
En ese sentido, advirtió que cuando se da dinero a ese tipo de personas “estamos financiando un modelo corrupto de explotación infantil y a pesar de que lo hacemos de buena voluntad, es algo dañino”.

MILLONES DE LEMPIRAS

Según los informes de Casa Alianza, alrededor de las mafias de la mendicidad se mueven millones de lempiras diarios; solo en la capital se estima que recaudan más de un cuarto de millón diario y los menos beneficiados son los pequeños.

Ruelas destacó que utilizar criaturas para pedir dinero es algo penado por el Código de la Niñez, Adolescencia y Familia, “la autoridad debe intervenir en este problema, porque ningún niño, aunque tenga 10 años o sea un bebé, debe ser utilizado como una mercancía para dar lástima”.