Madre de menor infractor relata abusos policiales en Renacimiento

Sentada en la pequeña sala de su humilde hogar y consiente que su hijo es miembro de una de las pandillas más peligrosas de Honduras, la “18”, la madre de uno de los menores infractores recluido en el centro Renacimiento relató los abusos policiales que sufre su hijo desde hace tres meses.
Además confió a LA TRIBUNA como ocurrieron los hechos el pasado 15 de enero, cuando se registró un amotinamiento supuestamente con rehenes.
“A mi hijo lo trasladaron a una celda de máxima seguridad por castigo, pero los que motivaron la violencia fueron los policías”, dijo la fémina al iniciar su narración, y quien pidió anonimato para evitar represalias.
“Muchas madres estaban haciendo filas, otras ya habían ingresado a ver a sus hijo cuando se decidió que no dejarían entrar a más visitas; eso provocó que los cipotes se molestaran y comenzaran a gritar para exigir que continuaran con la entrada de sus visitas”, continuó.
“De pronto comenzó el relajo, lo policía militares se pusieron a disparar”, añadió al tiempo que aseguró que los jóvenes no tenían armas, porque entonces los heridos hubieran sido los uniformados.
“No justificó a los cipotes, pero los cipotes se revolvieron porque ellos los estaban agrediendo y les estaban haciendo señas que eran de la MS (Mara Slavatrucha)”, pandilla contraria a la “18”.
Lo anterior generó la ira de los menores, quienes procedieron a buscar palos y piedras, de acuerdo con el relato de la progenitora.
“No era necesaria tanta muerte, el joven que mataron traía al otro herido en los brazos y ellos (policías) dispararon”.
“La violencia trae más violencia”, citó la mujer al referirse a los castigos físicos que ha recibido su hijo en el centro.
“Ellos (policías) los maltratan, una vez llegue a visita y lo encontré moreteado, con los toletes figurados en la espalda, con los burros marcados en la cara”.
“Esas no son maneras de castigar, ellos no han caído allí por ser perfectos, pero en este mundo nadie es perfecto, todos tenemos errores”, cuestionó.
Cuando se le preguntó por las osamentas encontradas, expresó desconocer detalles, pero que los pandilleros desmienten que ellos hayan cometido los crímenes.
“Uno de madre no tiene la culpa”
Al consultarle por qué no evitó que su vástago ingresará a una pandilla, manifestó que como padre no se tiene la culpa, “los jóvenes deciden lo que quieren hacer”.
“Soy una madre que no tengo respaldo de nadie, ni del padre de mi hijo, pero si respondo por él, uno no los manda hacer cosas malas”.
“Yo platico con mi hijo y ellos dicen que uno no les da amor, que el amor que uno les pueden dar lo encuentran en otra clase de personas que los llevan a malos actos”, agregó.
Acotó que como mujer trabajó para darle lo necesario a un adolescente que tiene 17 años y que está interno por participar en extorsiones.
“Uno no les pude dar el amor que ellos tal vez quieren, porque uno tiene que luchar para darle lo que ellos necesitan para que ellos sigan adelante, que estudien”, indicó.
“No pueden estar metidos haciendo nada”
menores-infractores-honduras-renacimiento1Sobre la labor de las autoridades, les pidió impulsar programas de rehabilitación que les permita a los adolescentes reinsertarse a la sociedad.
“Está bien que los metan a un internado, que pongan talleres para aprender, que cuando salgan libres busquen trabajo”.
Esgrimió que estar en un lugar sin ninguna labor no tiene provecho para la sociedad, el Estado, la familia o para ellos mismos.
Informó que se unirán para exigir que investiguen el abuso policial que se vivió el día de la fuga y el amotinamiento.
Asimismo exigirán que sus hijos no continúen en celdas de máxima seguridad construidas para adultos.
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