Desorden vial

Por: Laura Inés Gómez Conde
– Este tema nos atañe a todos; a los peatones, a los conductores, a las autoridades nacionales, a las municipales y a las policiales, específicamente las encargadas del tránsito.
* Los peatones: Tenemos la impresión, que estas personas creen que los semáforos no están ahí para ellas, sino solo para los vehículos. Basta que la luz cambie a verde de norte a sur, para que los peatones se apuren a cruzar de este a oeste y, además, miran a los conductores con cara desafiante. Otros parecen vivir en una nube privada y pasan delante de los carros como sonámbulos, como cruzados o como si fueran de hule, ignorando que los vehículos no se pueden detener instantáneamente y que están arriesgando sus vidas y las de otras personas.
* Los conductores: Estos, salvo honrosas excepciones, tienen una prisa para llegar a “quien sabe dónde”, que se llevan por delante todo lo que se les ponga al paso. No sabemos si van a la gran barata del milenio, si se les está incendiando la casa o si tienen una profusa diarrea con cólico incluido.
El caso es que se ubican en el carril que tiene menos carros, aunque no sea el que le corresponde y a último momento cambian al otro y le “ganan el paso” al que con gran paciencia  estuvo aguardando su turno y que también tiene que llegar a alguna parte y tiene todo el derecho legítimo a pasar.
Los taxistas son expertos en la colada y si se les hace difícil, no ha de faltar en la fila un colega que le dé el paso. Otros especialistas son los buseros, que se tiran con su máquina, poniendo la trompa de la misma delante del primer vehículo y cuando cambia la luz, se largan. Estos también tienen sus aleros que los dejan meter en la fila.
Siempre hemos pensado que el que deja meter a otro en cualquier fila por ser amigo, colega  o compadre, debe irse al final, porque le ha dado “su lugar al otro”.
Volviendo a los conductores, las irregularidades mencionadas eran exclusivas de los que manejaban vehículos del servicio público, pero, actualmente, los particulares hacen lo mismo.
En cuanto a la luz roja, son pocos los que hacen caso de ella y así, diariamente ocurren accidentes en cualquier punto de la ciudad.
Debiéramos escribir un capítulo aparte para los que conducen bajo los efectos del alcohol y/o de las drogas, asesinos potenciales que circulan impunemente. También es pertinente mencionar a los padres de familia, que no solo permiten, sino que propician que sus hijos menores conduzcan vehículos, estos son cómplices permanentes del ilícito y lo serán también de cualquier crimen que “sus niños” cometan en estas circunstancias.
Otra costumbre generalizada es la de circular sobre las aceras o estacionarse en ellas, arriesgando la seguridad de los peatones y destruyendo las veredas.
* Las autoridades nacionales: El tránsito en Honduras está legislado desde hace diez años; pero desde que existe la Ley de Tránsito, pareciera que la misma se ha devorado a los agentes encargados de hacerla cumplir.
Este es el punto en que la salsa se pone espesa o como dicen en la zona rural (herencia de Costa Rica) “aquí es donde la mula botó a Jenaro” haciendo referencia a Jenaro Ortiz, propietario de las fincas colindantes de Las Lomas.
Sabemos que hay poco personal, que ganan poco, pero… si nos dieran el manejo del tránsito en Tegucigalpa, en menos de un mes nos haríamos ricos, multando a “todos” los violadores de la Ley de Tránsito, sin excepción, solo en el cruce del semáforo de El Prado y en el siguiente cruce, que conduce al bulevar Kuwait.
El diseño de nuestras vías, el urbanismo de nuestras ciudades, el volumen de automotores cada vez mayor, la irresponsabilidad de conductores y peatones, genera una cantidad de accidentes viales con las consabidas pérdidas materiales, económicas y esencialmente en vidas humanas.
* Las autoridades municipales: La marcada indiferencia que caracteriza a estos funcionarios, a quienes interesa más las acciones demagógicas, que limitar o sancionar porque, o tienen miedo o no quieren ser los malos de la película y que su partido les reclame por tomar medidas, que aunque sean justas, pueden resultar impopulares, especialmente en el ámbito electoral.
La pregunta es: ¿Quién o quiénes son los responsables verdaderos del desorden vial? ¿Las autoridades policíacas que manifiestan que no se dan abasto, los conductores que se creen los reyes de calles, avenidas, bulevares y carreteras, los peatones que viven en el limbo, las autoridades edilicias, la Dirección General de Transporte dependiente de la Secretaría de Infraestructura y Servicios Públicos, INSEP (antes SOPTRAVI)?
Entonces, ¿en quién o quiénes debemos depositar nuestra seguridad cuando circulamos a pie o en un vehículo por las ciudades y carreteras de Honduras?
– Se los dejo de tarea, hasta la próxima.
www.laindiagrande.com