Lo rural desde la perspectiva del desarrollo económico inclusivo

Por Marcio Enrique Sierra Mejía
Si algo se percibe que constituye otro reto clave en esta etapa gubernativa que enfrenta el Presidente Juan Orlando, es hacer posible el cambio en el ámbito rural creando condiciones para lograr el desarrollo rural sostenible. Así como buscan favorecer a la población urbana pobre al definir estrategias que faciliten su acceso al consumo de alimentos básicos a precios justos, los segmentos pobres en las comunidades rurales, también padecen urgentes necesidades básicas que deben enfrentarse. Ya no tanto con una actitud gubernativa que solo enfatiza en administrar las crisis recurrentes en que cíclicamente cae el sector de la producción agropecuaria, pero más bien, asumiendo una efectiva práctica gubernativa que cambie la organización productiva y asegure el acceso de nuestra población a los alimentos que necesitan normalmente.
La producción agropecuaria interna de nuestra economía es insatisfactoria y deficitaria. Mejor dicho deficientemente organizada y con muy baja productividad y con débiles condiciones para competir en el mercado nacional e internacional. Nuestro sistema de organización productiva no es capaz de cubrir los déficit de productos de la canasta básica. No solo debido al alto índice de campesinos pobres y analfabetas que tenemos operando en la agricultura de subsistencia, pero también, porque ni el Estado, ni los empresarios agrícolas exitosos, ni los transportistas, ni los comerciantes agropecuarios logran acuerdos para mejorar el sistema de la producción agropecuaria. Seguimos atorados en un círculo vicioso de ineficiencia productiva crónico que hay que romperlo.
Se tiene que concertar una estrategia orientada a la reorganización del sistema productivo por cadenas de valor según rubros de producción agropecuaria básicos para alimentar satisfactoriamente a la ciudadanía hondureña. Aquella intención que se tuvo en tiempos del expresidente Ricardo Maduro, cuando se dio un impulso a las mesas agrícolas, se debe retomar para organizar; por ejemplo, la cadena de valor del frijol, la carne, la leche y otros productos claves de la dieta alimentaria (ver: Análisis de la cadena de valor del frijol, Secretaría de Economía, México, dirección general de Industrias básicas). En relación a este asunto, aunque sea polémico decirlo, nos conviene analizar el alcance de lo que significa tener una “soberanía alimentaria”. Si bien el uso de este concepto ha sido politizado porque lo utilizan los sectores campesinos inclinados hacia posiciones socialistas, su alcance teórico es muy importante. Este enfoque, sostiene que debe darse prioridad a las economías y los mercados locales y nacionales otorgándoles el poder de la gestión de los recursos a los campesinos y agricultores familiares, incluyendo también la pesca artesanal y el pastoreo tradicional, que implica la atención a los segmentos productores de leche y queso artesanal. Soberanía alimentaria significa organizar la producción alimentaria, la distribución y el consumo en una perspectiva de sostenibilidad medioambiental, social y económica. Es decir propiciar una nueva “cultura rural” (ver Fao: (http://www.fao.org/wssd/sard/faodefin_es.htm).
El progreso económico de los productores agropecuarios y de los habitantes pobres de las zonas rurales se logra mejorando la organización de las estructuras productivas para poder aumentar su productividad agropecuaria. En consecuencia, hay que poner en práctica un enfoque de desarrollo económico rural inclusivo pragmático que instaure un cambio estructural. Que genere una nueva cultura ante los cambios y transformaciones del mundo rural y los desafíos del cambio climático; un contexto de identidad nacional coherente; los recursos formativos y de gestión para una economía sostenible; y finalmente, trasladar los valores y la importancia del mundo rural a la sociedad urbana (Fao://www.fao.org/org/wssd/sard/faodefin_es.htm).
Definitivamente, el futuro de Honduras está en el campo. Los productores como los consumidores tienen iguales derechos, y en ambos casos, la relación con el mercado no puede ser favorable para unos y desfavorable para otros. Debe existir un balance racional. Actualmente, enfrentamos una inexistente o inadecuada organización de la cadena de valor de los productos que forman la canasta básica de alimentos. Atacar este asunto bajo una perspectiva de corto plazo sin atacar el fondo del defecto estructural del desarrollo productivo agropecuario, significa un menosprecio a emprender negociaciones con todos los agentes económicos, que deben integrar dichas cadenas y que incluye obviamente a representantes de los consumidores y los entes financieros. En la medida que exista una alta desorganización en el proceso de articulación de los agentes económicos que dan vida a la economía rural, nunca se podrá lograr la normalización de la producción agropecuaria. Ni tampoco los precios de los productos de la canasta básica tenderán a la estabilización, tales como: el frijol, la carne u otros como la leche, etc. El factor de la organización comercial de esos productos debe ser abordado por esta vía de la integración de la cadena de valor, según sea el caso, es en este espacio de reflexión y concertación en el que hay que buscar la salida organizativa que se le puede dar a la integración de los productores a la esfera de la producción y de la comercialización, creando condiciones tecnológicas, de infraestructura, financiamiento y de ordenamiento productivo para lograrlo; asegurando el estableciendo de mecanismos de accesos al agua, de almacenamiento y transporte apropiado al proceso de la integración de los productores territorialmente. Esta es la mejor opción para organizar el sistema de formación del precio. Hay que prevenir antes de lamentar y aplicar con diligencia una comunicación fluida con los agentes que influyen en la formación del precio de los productos agropecuarios, utilizando nuevas formas de determinación de ellos y utilizando instrumentos apropiados para lograr el funcionamiento óptimo del mercado, a fin de favorecer, el desarrollo rural sin lastimar a los segmentos urbanos. Hay que establecer orden en el sistema de producción agropecuaria nacional. No se puede seguir dinamizando la economía rural manteniendo un enfoque de desarrollo rural obsoleto y con una estructura institucional estancada tecnológica y científicamente que apenas si produce resultados efectivos aisladamente porque carece de la metodología de atención centrada en resolver el problema estructural del desarrollo rural.  Hacia esto debe orientarse el cambio.