Habló como verdadero líder

Por: Segisfredo Infante
Varios años de ambigüedades, decaimientos prácticos y discursivos evidenciaban al presidente Barack Obama como un hombre débil, o por lo menos desgastado, en el mando de la nación más poderosa del planeta. Sin embargo, lo escuchamos atentamente en su discurso ante el Estado de la Unión, ofrecido en el seno del Capitolio, exteriorizando una energía espiritual pocas veces vista. O que había sido percibida solamente en sus tiempos de campaña electoral. Hay que considerar que la fuerza de su discurso presidencial es proporcional, o quizás mayor, a la “adversidad” que se respira en un Congreso y un Senado con mayoría abrumadora de representantes electos del Partido Republicano.
Frente a un poder bicameral controlado por los republicanos, Barack Obama lanzó su monolito verbal, al estilo de Demóstenes frente al mar, que dada su convicción retórica merece diversos análisis en todos los rincones del mundo democrático. A pesar que las encuestas de opinión le ofrecían puntajes desfavorables por los aparentes manejos ambiguos en la administración pública, ofreció a los presentes y a los televidentes un abanico de informaciones positivas sobre la recuperación de la economía estadounidense desde que él arribó a la Casa Blanca, en el contexto de la crisis financiera mundial. Fue convincente acerca de su interés por el bienestar presente y el porvenir de la clase media norteamericana. Especialmente de aquellos que han perdido su capacidad de financiar sus primeros años en las universidades estatales y privadas. Por la salud de cuarenta millones de personas que están ausentes de los auxilios médicos. Etc.
También hizo énfasis en la necesidad de encontrar alianzas internacionales en contra de los terroristas que amenazan la libertad del Mundo Occidental. De buscar primero los mecanismos de una “diplomacia fuerte” (léase inteligencia fuerte) antes de involucrarse en guerras inútiles o empantanarse en territorios peligrosos. Hizo, además, un llamamiento a luchar contra el espionaje cibernético que atenta contra la vida privada de los ciudadanos y contra la seguridad del Estado. (Es lo mismo que nosotros, aquí en la provincia desértica, hemos venido denunciando durante tantos años). Tengo comprendido que el presidente Obama se protege de las acciones malignas de los “hackers” que subsisten y persisten como parásitos en las entrañas del universo cibernético, volviendo más insegura la existencia del mundo contemporáneo incierto, hipotéticamente globalizado. Y es que el presidente Obama conoce de primera fuente los peligros de tal espionaje, en la dirección que sea.
Confirmó nuestra teoría que el bloqueo a Cuba, durante unos cincuenta años, había demostrado su ineficacia casi total en dirección a contribuir a la democratización y a la libertad interna de los cubanos, que entre más bloqueados se encontraban, más respiraban por los poros de una dictadura envejecida, cargada de retóricas inútiles, sin sustentaciones económicas ni urbanísticas de ninguna especie. De igual forma hizo un llamamiento indirecto de reposicionar a Estados Unidos frente a la pujanza económica de China Popular, basándose en los repuntes económicos norteamericanos, la superioridad industrial y la fortaleza petrolera de Occidente que se avizora en el horizonte inmediato, tanto por las nuevas tecnologías de explotación del crudo, como por las renovaciones y revoluciones energéticas, agregamos nosotros, que se experimentarán en las próximas décadas.
No compartimos todas las opiniones vertidas en el famoso discurso del presidente Barack Obama, pues requieren de un escrutinio minucioso frente a la realidad, Real, de los Estados Unidos y del mundo en general. Personalmente me distancio de cualquier frivolidad discursiva frente a los valores que le han dado sustento a la civilización y cultura occidentales, en tanto que por las grietas y debilidades morales que se detectan en la vida práctica y en los predicamentos públicos, es que hoy en día avanzan, a la velocidad del sonido, los enemigos jurados del Mundo Occidental. Especialmente los fanáticos. Empero, hay que reconocer que después de su comparecencia en el Capitolio, las volubles encuestas de opinión le favorecen. Dice don Jacobo Goldstein que “Los numeritos de Obama han mejorado”, y que “por primera vez en mucho tiempo una encuesta del Washington Post y la Cadena ABC”, traen al mandatario estadounidense “un cincuenta por ciento de visto bueno en lo que respecta a su manejo de las riendas del país. Un 44 por ciento desaprueba de la forma en que gobierna a esta nación.”
En verdad que se trata uno de los mejores discursos de liderazgo nacional y universal que hemos escuchado en los últimos tiempos, con la desventaja que tuve que basarme en la traducción simultánea. Los buenos republicanos, por su parte, deberán repensar todas sus expresiones y acciones de los últimos diez años. Empezando por el tema de las migraciones, y porque fue un presidente republicano, en el año 2008, el que comenzó con las acciones estatales, neokeynesianas, encaminadas a salvaguardar a la volatilizada economía norteamericana, y consecuentemente a la economía mundial.