Una legislatura difícil

Por: Juan Ramón Martínez

Nunca antes, habíamos tenido un Congreso Nacional con cuatro partidos fuertes, contradictorios por momentos. E indóciles. Porque todos ellos, unos más que otros, además, están atravesando por una crisis estructural e ideológica muy marcada, que los vuelve poco propositivos. Y, de difícil oportunidad, para negociar entre sí. El actual Congreso tiene en su seno cuatro bancadas principales y tres secundarias. Las cuatro primeras están representadas por el Partido Nacional, Libre,  PAC y el Partido Liberal. Los secundarios, son la Democracia Cristiana, Unificación Democrática y Pinu. Y además, dos de los 4 grandes partidos, están dirigidos por caudillos cerriles, de poco entrenamiento democrático y limitada capacidad de negociar acuerdos que, vayan más allá, de la defensa de sus cortos intereses electorales. Manuel Zelaya y Salvador Nasralla, son verdaderos propietarios de sus partidos. Uno, ejerciéndolo dentro del hemiciclo. Y el otro, desde los medios de comunicación. Imponiendo, cada uno, sus consideraciones que, en momentos, han vuelto sumamente difícil incluso la celebración de las primeras sesiones. Y dispuestos los dos, a romper todo aquello que garantiza el bienestar del país.
Un Congreso así, es de difícil manejo. Consecuente, de baja productividad legislativa. Y de muy baja contribución, para el fortalecimiento del sistema democrático. De allí que, no hay otra alternativa, que celebrar, como una verdadera proeza, como algo extraordinario, el que Mauricio Oliva Herrera, haya tenido capacidad de dirigirlo, adecentarlo; y, posiblemente lo mejor de lo logrado en este año, el que lo haya preparado para que, en el cercano futuro, pueda dar mejores resultados. Si comparamos las primeras sesiones del Congreso, en que los diputados de LIBRE, pusieron al país al borde del colapso, con las de ahora, los resultados son extraordinarios. Especialmente cuando inicialmente sus disputados, indóciles y poco cuidadosos del respeto a las formas dentro de un Congreso, confundieron la protesta callejera con las diferencias interpartidarias. Ahora hay una enorme diferencia. La mayoría de los diputados -fuera del  que convenció a sus compañeros, que se quitaran el saco; y se pusieran camisetas amarillas- tuvieron un comportamiento ejemplar. Las diferencias verbales, las mantuvieron; pero las discusiones, estuvieron a la altura de las circunstancias. Y creemos que esto, se debe en gran parte a la mano quirúrgica de Oliva Herrera -al fin y al cabo, un cirujano de mucha experiencia profesional- que por un lado mantuvo la calma en los peores momentos, no perdió el sentido del humor, dispensó educada cortesía a los diputados más malcriados; y se comportó, dentro de los esquemas de justicia, que permite un reglamento poco democrático como el vigente en el Congreso. Se comportó como un líder justo, ecuánime y fraterno.
Como conocemos a Oliva Herrera desde hace muchos años, no nos han sorprendido sus virtudes personales. Las hemos conocido en forma directa; y de primera mano. Lo que sí, llama la atención es que haya podido manejarlas, dentro de unas condiciones que, creo que son las más difíciles por las que ha pasado  -hasta ahora- un presidente de una legislatura dentro del Congreso Nacional. Se ha mantenido equilibrado, dirigiendo el Congreso; manejando comisiones que son difíciles de hacerlas operativas. Por ello, en estas condiciones, el resultado legislativo del Congreso en materia de instrumentos legales, útiles para la dirección del país, hay que calificarlo de bueno. Sin las limitaciones que hemos indicado  -y que ha sorteado Oliva Herrera con habilidad- es casi seguro que los resultados habrían de ser mejores que los que observamos. Mucho mejores.
Hay que reconocer que la gestión de Oliva Herrera ha sido respaldada, cosa natural que celebrar, por el Partido Nacional y por   los diputados del Partido Liberal. Sin esta alianza para la gobernabilidad, las cosas se habrían complicado mucho. Y el país se hubiese acercado a una crisis mayor que la que tuvimos en el 2009. Por esa razón, Oliva Herrera  -y  los miembros de la nueva Junta Directiva que elegirán al inicio de la segunda legislatura-  tienen la obligación de recomponer, y remendar, los daños que han provocado en el Congreso, la discusión de la constitucionalización de la Policía Militar de Orden Público. De su habilidad para entenderse con los liberales, dependerá mucho el futuro del país.