El dilema del Presidente

Por Carlos A. Medina R.
Sigo con la creencia que la labor emprendida por el presidente Hernández Alvarado es muy superior a la de los expresidentes Manuel Zelaya Rosales y Porfirio Lobo Sosa. En este primer año él ha demostrado que se pueden resolver los problemas de Honduras si se trabaja con ahínco y con la energía suficiente que él está demostrando. Apenas él ha limado la punta de los múltiples témpanos que flotan en nuestro diario quehacer, pero por sus intenciones sabemos que quiere llegar a la raíz de los problemas.
Los desafíos que se encuentran deteniendo el desarrollo del país son múltiples y no son fáciles de vencer, pues van desde un analfabetismo literal y cultural hasta una corrupción que echó raíces pivotantes, que se necesitará mucho esfuerzo para poderla arrancar de la genética hondureña. Sin embargo, los catrachos no hemos electo presidentes para que se hagan ricos ni para que propicien la holgazanería; elegimos a Hernández Alvarado por su juventud, por su inteligencia y por su deseo vehemente de hacer las cosas bien.
El sistema democrático de un Poder Legislativo bien llevado y bien dirigido por el doctor Mauricio Oliva,  demostró que la presencia de tres partidos fuertes en la oposición no son “perita en dulce”, y que desafortunadamente el mismo Presidente escogió un tema no urgente para propiciar su unificación. La elevación a rango constitucional de la Policía Militar del Orden Público (PMOP), aunque había razones para solicitarlo, no era urgente para el país, ni para el mandato del Presidente, pero sirvió para que los tres líderes políticos de la oposición se tomaran de la mano y le bloquearan sus aspiraciones.
Todos entendemos las razones para una permanencia de la PMOP después del cuatrienio de Hernández Alvarado,  ya que conocemos el historial de los gobiernos opositores en el pasado. Sin embargo, con mucha viveza los tres partidos fuertes del Congreso aprovecharon para difundir la idea que la PMOP serviría como una guardia pretoriana para forzar el continuismo del actual Presidente. Esta última aseveración causó un impacto en la población, no lo suficiente como para derrocar la idea que la PMOP debe permanecer presente más allá del actual período presidencial.
Todo lo anterior deberá ser una enseñanza política para Hernández Alvarado, que por su caprichosa decisión amalgamó con resistol  una oposición difícil de entender entre políticos que se han traicionado entre sí y que lo seguirán haciendo cuando haya oportunidad. No obstante, Hernández Alvarado tiene la inteligencia para aceptar su error y mucho más allá, para corregirlo, y de ahora en adelante tendrá que buscar consenso con la oposición para poder pasar en el Congreso temas de verdadera importancia.
Lo anterior implica que esos problemas de Honduras que hemos enunciado, tienen que ser resueltos por todo el pueblo hondureño, y sus representantes electos en el Congreso, entendemos, no podrán oponerse cuando el Presidente les presente para su discusión y aprobación, anteproyectos que tengan peso específico y que sirvan para desenraizar los problemas que nos detienen para un desarrollo del país, porque si esa oposición se opone al crecimiento y desarrollo social de la nación, esos diputados jamás volverán a ocupar las curules que el pueblo hondureño muy ingenuamente les brindó en las elecciones pasadas.
El presidente Hernández Alvarado y sus asesores deberán  fincar de ahora en adelante toda su energía y sabiduría en resolver los problemas del país, y olvidarse por el momento, en cuestiones políticas como el asunto de la reelección, pues en este último caso si el Presidente hace una excelente labor, el mismo pueblo pedirá su reelección. Dejemos pues, que la nación juzgue sus actos y que dedique por el momento, como dijimos antes, esa juventud y fortaleza a la solución de los problemas nacionales.
La verdadera gloria de un presidente no es buscar la reelección desde su primer día de mandato, sino que más bien, hacer un buen gobierno para que la historia lo juzgue y el pueblo le agradezca. Como él mismo lo ha dicho, en este país se necesita trabajar, trabajar y trabajar, y por lo tanto, con todo respeto le decimos: Agáchese a trabajar, póngase un simbólico tapón en los oídos para no escuchar a los políticos ambiciosos y demuéstrele a la nación que “el indito pelo parado de Lempira”, puede llegar a ser el mejor presidente del siglo XXI.