Cárcel o educación y trabajo

Por José Segovia Ynestroza

Por qué tanto joven en la cárcel?, muchas de las respuestas son obvias más lo importante es reconocer nuestra responsabilidad en las causas y qué estamos haciendo o nos proponemos hacer para que esta situación se revierta o convierta en manejable y no cause tanto dolor y daño; la apatía y el conformismo ante la situación y sus consecuencias criminales están formando parte de un vivir sin importar y peor como algo normal y si entre pandillas se matan, como algo que aplaudir.
Causa repulsión el que las estadísticas del Banco Central anuncien con bombos y platillos el incremento en las remesas como parte de PIB de sangre, funcionarios sin escrúpulo que pretenden ignorar el dolor de una familia obligada a separarse por la necesidad de trabajo ¡ah!, pero eso sí, no faltan los que ponen el grito al cielo reclamando el derecho a la inmigración aun cuando los países que los reciben ya tienen suficientes cosecheros baratos por ser indocumentados o meseras o limpiadores de estiércol (m.), etc., y nos los mandan de regreso, o la preocupación de los banqueros a quienes las remesas les generan pingües ganancias o les sustentan negocios como el de bienes raíces, empresas comerciales, etc. o de los políticos que hacen uso populista de la miseria “regalando” láminas y cemento efecto de esas mismas remesas. Las cárceles verdaderas escuelas del crimen están repletas de esos hijos abandonados dejados al cuidado de amigos o parientes que también reciben parte de las remesas y no importa cuántas cárceles se construyan, seguirán llenando el cupo.
Qué debemos hacer?: Pues acelerar la generación de trabajo y educar; ejemplo, con la concesión de megaproyectos como el ferrocarril interoceánico acelerando los procesos sin mordidas y a propósito sobre esta repetida propuesta ya se habla del interés de inversionistas (Cabañas ha de estar feliz, lo propuso hace más de 100 años antes que se ejecutara el Canal de Panamá), o facilitando las inversiones en infraestructuras para el turismo, eliminando disposiciones estúpidas como la de los 40 kilómetros que prohíben la inversión extranjera favoreciendo la corrupción de las movidas y a los testaferros, todo porque se oponen los defensores de la soberanía territorial ¿? o del derecho territorial de nuestros compatriotas de color sin importar si tienen trabajo o no, vaya estupidez; ignorantes que no disciernen que si tuvieran la plata suficiente podrían comprar la Florida sin que ello les dé derecho soberano, o acelerar el desarrollo, la producción de energía limpia en lugar de proponer carbón u otros fósiles contaminantes, en fin solo requerimos de un líder que además de pensar en la reelección exija rápidas y expeditas decisiones obligando a trabajar a esos muchos funcionarios sentados que se la pasan soñando (de sueño) y calculando la movida.
Otra alternativa de efectos inmediatos sería acelerar el cumplimiento al retorno del Servicio Militar Obligatorio EDUCATIVO, con beneficios como los que incluye tal ley en Perú: educación técnico productiva, electrónica, fotografía, mecánica automotriz, alimentos, panadería, refrigeración, soldadura, etc. y si quiere continuar estudios se le otorgan descuentos hasta el 50% en las universidades y más, oportunidad de crédito en el Banco de la Nación, incluyendo desde luego a las mujeres como se hizo en Noruega, el país con el ingreso per cápita más alto del mundo.
Desde luego todas estas medidas deben ir complementadas con un proceso educativo acelerado no solo persiguiendo el nivel universitario que es y debe ser exigente, sino en artes, oficios y carreras técnicas; los efectos del Infop pueden multiplicarse si becamos muchachos salidos del plan básico en los miles de talleres con calidad, talleres calificados que existen en las diferentes especialidades a lo largo y ancho del país, propuesta en la que por y para su beneficio debería invitarse al sector empresarial.
Presidente, las cárceles eficientísimas escuelas del crimen nunca serán suficientes y harán más daño que bien a su intención de proporcionarnos seguridad, sacúdase esos malos consejeros.