Pandilleros de la 18 convierten en infierno el comando de Los Cobras

Menores de la pandilla 18 protagonizaron este martes un amotinamiento, convirtiendo en un infierno el Comando de Operaciones Especiales Cobras, donde quemaron los colchones y por eso fueron repelidos con gases lacrimógenos.

El incidente comenzó este martes a las 7:00 de la mañana, al momento que las autoridades de ese cuartel policial ordenaron que en el módulo, donde permanecen recluidos 80 antisociales, fuese registrado en búsqueda de armas cortopunzantes, de fuego y drogas, más otras cosas prohibidas.

Además las autoridades policiales manejaban información que los pandilleros estaban planeando y preparando la fuga de cuatro de sus cabecillas, considerados de los más peligrosos.

Cuando un contingente policial buscó realizar la requisa los menores infractores comenzaron un amotinamiento, oponiéndose al registro rutinario de sus celdas.

Para no dejar entrar a Los Cobras, los pandilleros le prendieron fuego a unos colchones en que ellos mismos dormían.

Con actitudes amenazantes, los recluidos invitaban a los uniformados a entrar, dándoles a entender que iban a ser agredidos si registraban sus pertenencias.

Dentro de este módulo se amotinaron los integrantes de la pandilla 18
Dentro de este módulo se amotinaron los integrantes de la pandilla 18

Para disuadir la reyerta y amotinamiento, los elementos Cobras se vieron obligados a lanzar bombas lacrimógenas en una cancha que hay dentro del pequeño penal, construido para los privados de libertad.

De inmediato las bartolinas se fueron llenando del gas, causando problemas respiratorios entre los amotinados.

La mayoría de pandilleros se pusieron camisas en sus rostros para aguantar el humo de pimienta,  sin embargo el gas era tanto que la mayoría salió corriendo y pidiendo auxilio a los mismos policías.

Alrededor de 10 jóvenes fueron los más afectados por los gases, siendo sacados del módulo y llevados a un campo de fútbol para que se les reanimara clínicamente.

Por su parte, los otros jóvenes de conducta rebelde calmaron sus ánimos, volviendo cierta tranquilidad al presidio para menores.

Al sector llegaron varias ambulancias del Cuerpo de Bomberos y de la Cruz Roja, para poder trasladar a personas que saliesen heridas en un posible enfrentamiento.

Socorristas llegaron a las instalaciones policiales, para dar asistencia a los intoxicados y trasladarlos si salían lesionados en el amotinamiento.
Socorristas llegaron a las instalaciones policiales, para dar asistencia a los intoxicados y trasladarlos si salían lesionados en el amotinamiento.

El teniente Manolo Laguardia, experto en espacios reducidos, explicó posteriormente que afortunadamente y “gracias a Dios no tenemos que lamentar en el sentido de encontrar heridos o quemados”.

El bombero explicó que sí “habían personas intoxicadas, lógicamente por los gases de las bombas lacrimógenas, pero la mayoría ya están fuera de peligro y ahorita los están reorganizando nuevamente para ingresarlos al centro de reclusión”.

“Hubo amotinamiento, pero la Policía lo controló rápidamente y ya la situación está nuevamente normal”, explicó el socorrista.

Al centro de reclusión construido dentro de un cuartel policial rápidamente y en cuestión de minutos llegaron varios representantes de los derechos humanos, para ver lo que acontecía dentro del predio policial.

El módulo antes mencionado fue construido por las autoridades policiales, para darle resguardo a la fecha a 80 menores de edad denominados sumamente peligrosos y que anteriormente estaban recluidos en el centro para menores Renaciendo, ubicado en el valle de Amarateca.

Los pandilleros fueron trasladados desde ese centro por sus constantes enfrentamientos con rivales de otras “maras”, como ser los integrantes de la “MS-13, Los Chirizos, Benjamines y del “Combo que no se Deja”.

En las anteriores revueltas protagonizadas por los jóvenes infractores hasta hubo muertos y descuartizados, dentro de Renaciendo.

Después de ser enviados al Comando de Operaciones Especiales Cobras, los “mareros” también protagonizaron más reyertas, llegando al grado de matar a uno de sus propios integrantes y cabecillas.

Los jóvenes fueron mantenidos al aire libre en la cancha de fútbol y cuando ya estaban más tranquilos, los reingresaron a las ergástulas.