‘John Wick 2’: Un baño de sangre

John Wick no tiene paz. Por más que él se esfuerza en buscarla, el destino le niega a este asesino a sueldo una jubilación anticipada. Si en la primera parte la vuelta al trabajo de John fue para liquidar un centenar de mafiosos rusos en venganza por el asesinato de su perrito, en esta superadora segunda parte lo devuelve al yugo diario el reclamo de una vieja deuda de sangre. Por suerte, las cuestiones emocionales quedaron en el pasado para esta secuela: a este perfecto asesino le alcanza como motivación el malhumor que le provocó haber sido levantado a la fuerza de su siesta. Y, una vez que despertaron al demonio que lleva adentro, parece imposible volver a dormirlo.
Keanu Reeves demostró hace más de un cuarto de siglo en Punto límite que podía ser una gran estrella de acción, mucho antes de convertirse en una de las más grandes de Hollywood gracias al éxito de Matrix. Más allá del guiño de Keanu hoy a aquella trilogía frente a los ojos de Lawrence Fishburne, la relación de John Wick 2 con la saga de las hermanas Wachowski es directa gracias a Chad Stahelski, aquí director y en aquel entonces apenas el doble de riesgo de Neo.
John Wick 2 roza la perfección gracias a las coreografías orquestadas por el cineasta. La película potencia la sensación de estar jugando a la play que tenía la primera entrega y combina una deslumbrante persecución en auto, un sinfín de piñas y, el plato fuerte, tiroteos infinitos de John Wick contra el resto del mundo. Estos combates armados estimulan la jugabilidad gracias al cambio de escenarios cual niveles y a que el protagonista, mientras se pasea liquidando enemigos sin detenerse ni al recibir algún disparo, va recogiendo nuevas armas y recargándolas a medida que las vacía. Pocas escenas de acción son tan hermosas en el cine actual como el clímax en un salón de espejos, que enseguida traen a la memoria al Orson Welles de La dama de Shanghai y, sobre todo, al Bruce Lee de Enter the Dragon.
La única limitación de John Wick 2 está en la necesidad de dejar bien claro, hasta volverlo redundante, que no habrá dos sin una tercera parte. Lo mejor de esta secuela tiene que ver con desentenderse de la réplica del original para expandir ese universo en cada secuencia de acción. Tal vez sea gracias a eso que aquí no sea necesario sufrir el asesinato de un cachorro inocente para poder relajarse y disfrutar un buen baño de sangre. (Clarín)