Criaturas robóticas

El artista Gilberto Esparza (Aguascalientes, México, 1975) utiliza un recurso sorprendente para impulsarnos a reflexionar sobre nuestra relación con el medioambiente, el impacto de las tecnologías en nuestro entorno, la forma en que gestionamos los desechos y nuestras posibles opciones para cuidar la naturaleza.
Esparza (http://gilbertoesparza.blogspot.com.es/), que se ha formado en universidades de México y España y que vive y trabaja en la Ciudad de México, ha desarrollado tres familias de criaturas robóticas, a partir de residuos tecnológicos, así como diversos materiales, plantas y microbios del medioambiente urbano.
Su proyecto está en fase experimental y el artista ha fabricado diversos prototipos, que aspira en el futuro a producir a mayor escala “para poder liberarlos en algunas ciudades”, según indica a Efe.
Estas nuevas formas de vida robótica no solo han sido fabricadas reutilizando materiales vivos y otros inertes de las ciudades y sus alrededores, sino que además pueden integrarse, funcionar, desplazarse y “vivir” de forma autónoma, aprovechando los recursos naturales, como el agua contaminada, y tecnológicos, como la electricidad, que encuentran en los entornos urbanos.
Un grupo de estas criaturas híbridas y simbióticas lo forman seis “parásitos urbanos”, que Esparza define como “reestructuraciones complejas de desechos tecnológicos con sistemas mecánicos y electrónicos que se configuran como organismos de vida artificial con capacidad de sobrevivir en entornos urbanos”.
“Muchos de estos “parásitos” se alimentan de la energía que captan de la red de distribución eléctrica de las ciudades e interactúan con su ambiente desplazándose y emitiendo sonidos para comunicarse con otros parásitos de su especie, formando parte del paisaje sonoro urbano”, informa Esparza a Efe.

Núcleo de una planta autofotosintética conectada a varios artefactos eleéctricos reciclados.Foto: Gilberto Esparza.

PARASITOS EN LAS REDES ELÉCTRICAS

Uno de estas creaciones lleva por nombre la ‘mosca MSC’, fabricada “con “alas” de acetato (unas minihélices que giran), motores de 3 a 5 milímetros sacados de vibradores de teléfonos celulares, y dos alambres de cobre del bobinado de fotocopiadoras que le permiten conectarse a fuentes de energía eléctrica y suspenderse en techos y otras estructuras de apoyo”, explica Esparza.
El ‘pepenador (recuperador primario) PPNDR’, cuyo cuerpo proviene de mecanismos de juguetes, cuenta con una anatomía muy variable, extremidades de alambre galvanizado de entre 10 y 18 centímetros y un tórax de plástico blanco, y según Esparza, “este carroñero siempre “habita” en los montículos de desechos tecnológicos, removiéndolos y trayendo materia a la superficie”.
El artista y diseñador señala que el ‘autótrofo inorgánico TTRF NRGNC’ es “una esfera translúcida de acrílico de 30 centímetros de diámetro, que permite que la luz penetre hasta su interior compuesto de fotorresistencias, circuitos electrónicos de juguetes, dispositivos musicales y bocinas de computadora manifestando, por medio de diversos cantos, las variaciones lumínicas de su entorno”.
“La ‘maraña MRÑ’, que se cuelga de los cables o postes de alumbrado extrayendo de ellos su electricidad,  tiene un esqueleto formado por segmentos de acrílico transparente y su interior aloja cables de colores entrelazados que se conectan a bocinas, un motor y circuitos electrónicos, siendo sensible a los cambios de luz provocados por su movimiento, que traduce cantos”, indica.

Unas creaciones de un autótrofo inorgánico, obra del mexicano Esparza, que están siendo contempladas por una niña. Foto: Gilberto Esparza.

Otra de las criaturas de Esparza, el ‘colgado CLGD’, lo forma un exoesqueleto de tubos de PVC y aluminio, así como motores, sensores y microcontroladores electrónicos, y obtiene su energía “de las redes eléctricas de las que cuelga, a lo largo de las cuales se desplaza, flexionando su cuerpo y emitiendo sonidos para acercarse, entrar en contacto e interactuar con otros de su grupo”, según informa el creador.
El ‘diablito DBLT’ consta de una carcasa metálica proveniente de monitores de plasma, que aloja engranajes, un servomotor, microprocesadores y sensores. “Se desplaza colgando por los cables eléctricos gracias a sus extremidades mecánicas y capta sonidos del entorno para luego reproducirlos, mimetizándose con el entorno visual y sonoro”, señala este artista mexicano.
La intención de Esparza es que estas formas de “vida parásita o híbridos” entre desechos tecnológicos y materiales diversos, habiten en determinados lugares de la ciudad y “subsistan a base de fuentes de energía generadas por la especie humana, que se encuentran en el entorno urbano”, asegura.
“Estos “parásitos” se insertan en el contexto urbano e intervienen el paisaje cotidiano con su presencia y a través de emisiones sonoras, mientras que algunos de ellos, como las moscas, pueden molestar a los transeúntes que invaden su territorio, es decir el área determinada que sobrevuelan”, según este artista.
Pieza en color blanco colgada en los cables de una factoría titulada «Colgado CLGD». Foto: Gilberto Esparza.

PLANTAS NÓMADAS Y AUTOFOTOSINTÉTICAS

Otro proyecto de criaturas híbridas de Esparza, llamado “plantas nómadas”, parte de la problemática de los ríos que están siendo contaminados por grandes cantidades de residuos industriales y domésticos, que convierten a los afluentes hídricos en focos de infección, afectando a comunidades y ecosistemas que conviven y se nutren de estas aguas, según su autor.
“Este proyecto señala la situación y también busca reflexionar en torno a cómo manejamos los residuos que generamos y cómo podemos transformarlos en nutrientes, energía y mejorar la calidad de agua que regresa a los ríos”, afirma el mexicano.
“En este caso se reconfiguran varios organismos para sobrevivir en simbiosis, es decir  cuando se asocian individuos de diferentes especies para sacar provecho de esa vida en común, aprovechando los nutrientes que su nuevo entorno –contaminado- les ofrece”, indica el artista.
La “planta nómada” es un robot autónomo que, según su creador, vive en simbiosis con microorganismos y plantas autóctonas, y que tiene la capacidad de desplazarse para encontrar aguas residuales y sobrevivir en la ribera de los ríos contaminados, aprovechando los residuos para procesarlos y transformarlos en energía eléctrica, oxigeno, agua limpia, nutrientes y vida.

Este artefacto con materiales reciclados por Esparza, lleva por título: Maraña. Foto: Gilberto Esparza.

“El comportamiento, movimiento y tiempos de esta “nueva especie” o robot biotecnológico, están determinados por su propio ciclo vital de existencia, en contradicción con la aceleración impuesta por la dinámica humana”, comenta Esparza.
“La “planta nómada” encuentra agua contaminada y la succiona para llevarla a un conjunto de celdas microbianas (contenedores internos) donde las bacterias acuáticas recogidas se desarrollan y alimentan, limpiándola y generando electricidad en este proceso”, añade su creador.
El agua depurada mediante este proceso de biodegradación acelerado es conducida a otro contenedor dentro del robot, y desde allí es tomada para hacer crecer plantas extintas en lugares contaminados, las cuales aportan energía a la máquina.
Esta es la estrategia para sobrevivir de este robot “que opera a modo de anticuerpo, para mantener un ecosistema en equilibrio”, de acuerdo a Esparza.
Un sistema similar para producir electricidad y mejorar la calidad del agua mediante un proceso bacteriano se aplicará en el proyecto “plantas autofotosintéticas”, que Esparza está desarrollando para la ciudad de Atenas (Grecia), explica a Efe.
“Aunque en este caso, la electricidad producida por la bacteria se libera a intervalos en forma de energía luminosa, permitiendo que las plantas que habitan en el contenedor central realicen la fotosíntesis, completando sus procesos metabólicos”, concluye.

Por Daniel Galilea.
EFE/REPORTAJES.