Sinfonía, acordes y versos, en la Academia Hondureña de la Lengua, de la obra de Antonio Ochoa Alcántara

Por Froylán Ochoa Alcántara

El día viernes trece de enero recién pasado, la ilustre institución cultural la “Academia Hondureña de la Lengua” cumpliendo con sus estatutos, la actual junta directiva presidida por el licenciado don Juan Ramón Martínez, convocó a sesión especial a efecto de tratar como único punto de agenda, el ingreso como nuevos miembros de número, previo la presentación y lectura de un ensayo cuyo tema es seleccionado por los aspirantes, de manera que, en primera instancia correspondió a la licenciada María Vargas, quien desarrolló el interesante tema “Interferencias Lingüísticas”, terminada su participación, le siguió a continuación el distinguido doctor Dagoberto Espinoza Murra, disertando sobre el tema “Aproximaciones a la vida y obra literaria de Antonio Ochoa Alcántara”.
El histórico evento se llevó a cabo en el nuevo local ubicado en el barrio La Fuente de la ciudad capital, con la asistencia de una distinguida concurrencia integrada por elementos representativos de la sociedad hondureña, los que fueron finamente atendidos por el distinguido presidente Martínez, el secretario señor Carlton Bruht y el reputado escritor Ernesto Bondy, y demás, miembros que forman el personal de apoyo de la honorable organización.
Respecto al trabajo literario elaborado por el doctor Espinoza Murra, sobre la personalidad de nuestro inolvidable progenitor don Antonio Ochoa Alcántara, merece de parte de la familia nuestro profundo agradecimiento, puesto que el ensayo destaca la trayectoria seguida a través de toda su vida por los senderos del periodismo profesional, igualmente, la ruta romántica que marcó su vida dejando huellas que quedan impresas en su obra “Gemas”, obra de contenido moral, espiritual y orientaciones cívicas. El disertante continúa su exposición verbal manteniendo absortos al público presente que es transportado ante la presencia del nobel de literatura, don Jacinto Benavente, con motivo de la visita del insigne escritor a la ciudad de San Salvador República de El Salvador, ello forma parte de otra obra conocida como “Cerebros del Mundo”.
En su enfoque el expositor continúa su discurso y en un momento de cálida emoción destaca sus cualidades poéticas subrayando el poema, “Indiferencia,” así: Indiferentemente / yo dejo correr la vida / Que importa al mundo mi herida, / ni que mi emoción doliente. / Para mí la muerte empieza / donde termino su vida / Que importa al mundo mi herida / o mi infinita tristeza / indiferentemente, / yo dejo correr la vida. De la obra, Libro de Emma.
El intelectual y a la vez ensayista Espinoza Murra, echa mano de los componentes líricos para presentarnos un claro perfil del poeta Ochoa Alcántara, trata magistralmente, sobre sus atributos personales, haciendo uso de un proceso narrativo claro e inteligible, dando muestras de su destreza en el manejo del idioma. En definitiva logra capturar de lleno la atención del público asistente, que aplaudió entusiastamente el trabajo literario, del nuevo académico.
Deseamos reconocer con gran satisfacción y agrado, la acción del doctor Espinoza Murra, de haber escogido para su ingreso a la “Academia Hondureña de la Lengua”, la obra intelectual de don Antonio Ochoa Alcántara, así como otras aproximaciones, en días pasados. Acciones que dicen mucho de su gran personalidad y que amerita subrayar que en nuestro país, Honduras, se han superado barreras levantadas por la política vernácula, que han sido obstáculos para la convivencia de la familia hondureña, lo cual significa que solo la educación es el instrumento aglutinante de las naciones.
De lo anterior, hay que resaltar que de la relación amistosa surgida entre nosotros con el doctor Espinoza Murra, fundamentada en la coincidencia de criterios de tipo intelectual y políticos, basados en el respeto mutuo y tolerancia, lo cual nos lleva al convencimiento de que los hondureños debemos armonizar más nuestras ideas, compartir principios y valores heredados de nuestros mayores, ello, nos conduce al engrandecimiento de nuestra patria, Honduras, y solo así, respetándonos unos con otros, facilitando los espacios sin zancadillas, es que saldremos adelante con nuestro país. Este capítulo vivencial nos demuestra que es posible aún a pesar de algunas diferencias de criterio y salvadas las distancias que se dieron en el pasado, los hondureños somos capaces de hacer del país una nación respetada nacional e internacionalmente, y aún más, si recogemos los valores de aquellos patricios que soñaron una patria grande haciendo realidad el sueño morazánico cifraremos nuestro norte.