Jóvenes emprendedores desarrollan sector agrícola

La juventud radicada en zonas rurales, representa la fuerza laboral sobre la cual se construye el futuro de la agricultura y otras industrias rurales.
Sin embargo, el acceso a empleos productivos y decentes, constituye desafíos para los jóvenes del área rural, siendo que en muchos casos, factores como la baja productividad, los mercados informales, entre otros, les impiden el desarrollo personal, contribuir con sus familias y comunidades, traduciéndose en un ciclo vicioso del subdesarrollo y la pobreza rural.
Según el Instituto Nacional de Estadística-LIV Encuesta Permanente de Hogares de Propósitos Múltiples. Junio 2016, la población joven (12 a 30 años de edad) en Honduras, está constituida por 3,276,071 personas, de las cuales 1,571,576 (48%) son hombres y 1,704,495 (52%) son mujeres.
Del total de jóvenes a nivel nacional, 1,505,969 se encuentran en el área rural, donde 739,351 (49.1%) son hombres y 766,618 (50.9%) son mujeres.
Conforme lo indican las cifras, las condiciones educativas, laborales y económicas bajo las cuales se encuentra uno de los sectores más vulnerables de la sociedad hondureña, se detallan a continuación:
** 665,815 jóvenes (87.3%) solamente trabajan
** 97,064 jóvenes (12.7%) estudian y trabajan
** 304,179 jóvenes (20.2%) solamente estudian
** 438,911 jóvenes (29.1%) ni trabajan, ni estudian
Lo anteriormente expuesto solamente denota que es necesario crear oportunidades para el grupo etario mencionado, afianzar y extender sus habilidades, al tiempo que es indispensable fomentar la generación de conocimiento, con el propósito de que lideren y propongan cambios.
La imposibilidad de acceder a un mercado de trabajo cada vez más sofisticado y competitivo, supone una exclusión a derechos básicos, sin los cuales es difícil hablar de la construcción de ciudadanía juvenil; es decir, el concepto bajo el cual se consignan los derechos que competen a los jóvenes, la promoción de mayores y mejores oportunidades que coadyuven al crecimiento integral de la juventud.
Por ello, la visión del desarrollo económico inclusivo es particularmente importante en las zonas rurales, donde ha surgido como respuesta ante las emergentes demandas de la juventud.
Se requiere de esfuerzos focalizados para apoyar a las comunidades de escasos recursos, a fin de que estas puedan formar parte de los procesos empresariales, contribuyendo así a la reducción de las desigualdades y a la salida de la pobreza de una manera estructural, por la vía de mejores ingresos y oportunidades de empleo.
En ese sentido, iniciativas como la desarrollada por VECO Mesoamérica, en apoyo al proyecto “Cadena de Hortalizas de ASOFAIL”, beneficiando a productores y productoras de La Esperanza-Intibucá, a quienes se les ha brindado acompañamiento técnico y empresarial para el fortalecimiento de la producción hortícola, el acopio y manejo post-cosecha de la misma y su posterior comercialización en mercados formales (establecimiento de planes de siembra escalonada de productos hortícolas: tomate manzano, zanahoria, papa, brócoli, coliflor, lechuga y fresa).