“Miguel”, el francés más hondureño y querido en el Triunfo de la Cruz

El ambiente de fiesta que impregna la visita frecuente de turistas en una pequeña comunidad garífuna llamada Triunfo de la Cruz, contrasta con la extrema pobreza que se vive en el lugar.

El poblado se sitúa en el municipio de Tela, departamento de Atlántida, en las costas del mar Caribe, una zona de clima cálido y de incalculable belleza natural.

La sencillez y hospitalidad de su gente, son, sin duda, los mejores ingredientes que dejan en los visitantes un buen “sabor de boca” que los llama a regresar.

Ganael Farines, de 43 años, es uno de esos miles de turistas que arribó al Triunfo de la Cruz, a mediados de la década de los noventa; para entonces era un aventurero de pelo rasta, de poco español y cuyo sueño era conocer el mundo.

Estuvo una semana y media en Honduras, como él mismo cuenta, pero fue suficiente para regresar y quedarse; hoy tiene 21 años de residir en Tela.

De contextura delgada, pelo rubio y de trato amable, camina por las polvorientas calles del Triunfo de la Cruz con sandalias, calzoneta, camiseta y gorra.

Todos le conocen como “Miguel”, a pesar de no ser su nombre de pila, y es muy querido entre la población garífuna por su don de gentes y por ayudar a las personas que lo necesitan.

Anualmente viene un grupo de estudiantes a participar en la construcción de las casas.

¿Por qué Miguel? “Cuando llegué aquí, me presentaron a una persona que me preguntó mi nombre, y yo le dije:
-Me llamo Danael…
Miguel…
-Noooo Danael…
Miguel…
Bueno está bien Miguel… y así me quedé, nadie sabe mi nombre, todos me dicen así, ahora hasta mi madre cuando viene a Honduras me dice Miguel…ja,ja,ja,ja,ja”.

CABAÑAS ECOLÓGICAS

Sus padres son franceses, su madre, médico de profesión y su padre un capitán de barco, con quien trabajó desde muy joven y le heredó su espíritu aventurero.

Miguel cuenta que salió de Francia muy joven (a los 17 años) para conocer el mundo, su primer destino fue Londres, luego viajó a Canadá, donde, por cosas del destino, fundó una empresa de limpieza de chimeneas.

Los recursos que le dejaba su negocio los gastaba en visitar otros países, “conozco toda Sudamérica, Brasil, Ecuador, Chile, Colombia, Perú, Argentina y en uno de esos viajes vine a Honduras en 1996”.

En el país conoció a una joven garífuna, de la que se enamoró y con el paso del tiempo procreó cinco hijos, tres de los cuales viven en Francia.
“Mira como son las cosas, ahora la madre de mis hijos vive en Francia con tres de ellos y yo me quedé en Honduras”, comenta entre risas.

En la elaboración de las casas participa gente de la comunidad y extranjeros.

Vive con dos de sus hijos mayores y su nueva compañera de hogar, con quien tiene un bebé, a quien bautizará con el nombre de Miguel.
Tiene un pequeño hotel ecológico de nombre Coco Cabañas, situado a la orilla del mar, el cual está construido de plástico, barro, caña brava, bloque y madera.

El lugar no tiene ningún tipo de lujo como aire acondicionado, agua caliente, ni mucho menos piscina o gimnasio, porque la idea es que la estadía de los turistas sea en un ambiente natural.

El francés comenta que el terreno donde se ubica el lugar lo compró hace varios años y que en un inicio construyó una pequeña casa de botellas y barro, la cual alquilaba a personas que llegaban al Triunfo de la Cruz.

Al observar que había mucha demanda, hace tres años decidió construir más habitaciones y bautizar el lugar como Coco Cabañas, en el que da empleo a personas de la comunidad.

AYUDA A MADRES SOLTERAS

Lo novedoso de su negocio es que entre el 30 y el 55 por ciento de sus ganancias son destinadas a construir viviendas para madres solteras que viven en extrema pobreza.

Las casas son construidas con botellas plásticas y con barro.

“Cuando inicié este proyecto mirábamos mujeres que vivían con cinco o seis hijos en casas en condiciones deplorables. Fuimos a una casa donde una joven vivía entre las ratas y eso te hace llorar, por eso decidí ayudar”.

Las casas, al igual que su hotel, son construidas con barro y botellas plásticas, lo cual además contribuye a mejorar el medio ambiente en el lugar.
“Aquí antes las playas permanecían repletas de botellas plásticas y otros desperdicios, pero ahora están limpias, porque las botellas son recicladas en las casas”.

A la fecha les ha construido viviendas dignas a ocho madres solteras, además de dos escuelas y un centro de salud, en tres años que tiene de funcionar Coco Cabañas, pero asegura que va por más.

Respecto a si tiene el apoyo de las autoridades edilicias de Tela, fue claro y contundente que no han aportado un tan solo centavo, a pesar que se han tocado las puertas.

APOYO DE ESCUELAS
NORTEAMERICANAS

Quienes si apoyan decididamente el proyecto son siete escuelas de Canadá y de Estados Unidos, cuyos estudiantes viajan todos los años para construir las viviendas.

El apoyo inició luego de la visita de unos maestros de Estados Unidos que, al conocer la iniciativa, les encantó y decidieron traer a los alumnos a colaborar en el proyecto.

El hotel ecológico Coco Cabañas se ubica en la comunidad de Triunfo de la Cruz.

“Todos los años vienen unos 15 estudiantes de varias escuelas a ayudarnos como parte de su trabajo social, ellos traen sus fondos y son recibidos por 15 familias del Triunfo de la Cruz, donde viven y se alimentan”.

“Ellos aparte de contribuir en la construcción de las casas, ayudan a esas familias, porque en los días que están en Honduras les dejan un estimado de 6 mil lempiras, que pagan en concepto de alimentación y hospedaje”.

Cada casa tiene un valor aproximado de 60 mil lempiras, los cuales salen una parte de Coco Cabañas y una contraparte de las escuelas norteamericanas, las que además se amueblan parcialmente con camas, refrigeradora y otros muebles, dependiendo las necesidades de la beneficiada.

Danael asegura que se siente muy bien ayudando a las personas, porque perfectamente podría tener en un carro de lujo y vivir cómodamente sin preocupaciones, pero que el deseo de ayudar es más grande que cualquier cosa material.

Jamás imaginé tener
una casa para mis hijos

Carmen Cayetano (madre de dos niños): “Hace cuatro meses me construyeron mi casa, jamás me imaginé tener un techo para mis hijos; la casa que tenía antes nos estaba cayendo encima y apareció Miguel, yo le doy gracias por lo que ha hecho por nosotros”.

Yo vivía casi en la calle,
ahora tengo una casita

Jazmin Guzmán (madre de cinco hijos): “Yo vivía casi en la calle con mis hijos, pero hace un año Miguel llegó y me ayudó a construir mi casa, me arreglaron el techo, me pusieron un baño y ahora tenemos cama, todo gracias a Miguel y a los muchachos que vinieron con él”.

MENCIÓN ESPECIAL
Este reportaje es dedicado a Miguel, pero en especial a los niños
garífunas Josué, Franklin, Enix, Kelly y David, ejemplo de honestidad y servicio.