Como rompecabezas armaron a hombres descuartizados en cárcel

De dos hombres en edades comprendidas entre los 30 a 45 años eran los restos óseos encontrados el pasado fin de semana en una fosa clandestina a lo interno de celdas de la Penitenciaria Nacional Marco Aurelio Soto, ubicada en la aldea de Támara, al norte del departamento de Francisco Morazán, según información científica preliminar del Centro de Medicina Legal y Ciencias Forenses.

Luego del escalofriante hallazgo de lo que sería un supuesto cementerio clandestino a lo interno de la cárcel, el pasado sábado en horas de la tarde por parte de miembros de la Fuerza de Seguridad Interinstitucional (Fusina), agentes de la DPI, personal forense, militares, custodios policiales y fiscales, localizaron varias bolsas de plástico y de mezcal conteniendo varios huesos humanos.

Dichos restos pertenecen a dos víctimas masculinas que habrían muerto por asfixia al ser estrangulados, ya que no se encontraron daños en los esqueletos que conlleve a orificios producidos con balas u otra clase de arma utilizada. Según los análisis científicos, los dos hombres posteriormente pudieron ser desmembrados por algunos rasgos recabados de los cadáveres, lo cual contrasta con la cantidad de bolsas y piezas esqueléticas que prácticamente tuvieron que armarse como “rompecabezas” por un equipo multidisciplinario de identificación humana.

El personal especializado del Departamento de Identificación Humana de la Dirección de Medicina Forense conformado por médicos especializados en conocimiento en antropología, odontología, genética, radiología y patología forense continuarán hoy con el proceso investigativo científico del inventario óseo de los restos humanos esqueletizados encontrados, se informó.

Personal especializado del departamento de identificación humana de la Dirección de Medicina Forense continúan hoy realizando análisis científicos investigativos.

Si bien la ciencia revela hallazgos científicos en el proceso de investigación criminal, hasta el momento se desconocen los nombres de quienes pudieron ser las víctimas, si eran privados de libertad o personas que visitaron a los reos e incluso si se trataba de abogados, policías o custodios, información sobre la que trabajan agentes de la Dirección Policial de Investigación (DPI) y fiscales asignados.

Durante la primera etapa investigativa, se destacó que la antropología forense juega un papel fundamental de cara a la primera fase de investigación de restos humanos esqueletizados, dado su amplia relación con la biología y variabilidad del esqueleto humano.

Para identificación de cadáveres siempre se conforma un equipo de médicos especializados en antropología, odontología, genética, radiología y patología forense.

También puede determinar, en el caso de que hayan dejado marcas sobre los huesos, las causas de la muerte, para tratar de reconstruir la mecánica de hechos y la mecánica de lesiones, conjuntamente con el arqueólogo forense, el criminalista de campo y médico forense, así como aportar, de ser posible, elementos sobre la conducta del victimario por medio de indicios dejados en el lugar de los hechos y el tratamiento anterior a la muerte y después de la muerte.

SE COMPRUEBAN LAS SOSPECHAS

Según agentes de la DPI asignados al caso, después del traslado de más de dos mil privados de libertad de máxima y mediana peligrosidad hacia recintos de máxima seguridad en las cárceles “El Pozo I” en el municipio de Ilama, departamento de Santa Bárbara, y “El Pozo II”, en el municipio de Moroceli, departamento de El Paraíso, los operativos de seguridad a lo interno de las celdas en las que habían estado por años líderes y miembros de maras y pandillas hasta delinquiendo, han sido revisadas minuciosamente.

Incluso, se han visto obligados a botar paredes, láminas, levantar pisos, excavar “como topos” agujeros de hasta dos metros de profundidad en busca no solo de armas, explosivos, drogas y dinero producto de las extorsiones que realizaban desde las celdas; sino que hasta tratar de encontrar indicios criminales como restos humanos, con los que una vez más queda demostrado el imperio e impunidad en el que vivían, manifestaron a La Tribuna.

Las fosas clandestinas fueron hechas en cuartos del módulo “La Isla”, perteneciente a la mara 13, pero también se realizaron otros hallazgos en el módulo Escorpión de la pandilla 18.

Pero estos hallazgos no fueron sorpresa, refieren ya que por muchos años venían escuchando de posibles fosas clandestinas y de desapariciones de reos y otras personas al interior de las celdas, especialmente de los módulos “Escorpión” que albergaba a líderes de la pandilla 18 y del módulo “La Isla”, en donde habitaban en su mayoría líderes y miembros de la mara 13, con la diferencia de que en el pasado se carecía de voluntad política para hacer “barridas”, agregaron.

Fue así como asombrados del insólito modo de esconder los cuerpos en el piso sobre el cual caminaban los reos, era un evento que ya esperaban y que esto lo consideran un hallazgo inicial de más “tumbas clandestinas”, ya que las primeras bolsas con las calaveras fueron detectadas en uno de los cuartos del módulo de “La Isla”, o sea territorio de la MS-13 y no de la pandilla 18.

Pero, no se descartan más fosas en este otro territorio “Escorpión” que correspondería a esta estructura criminal, aunque en ambos módulos se ha encontrado armas, artefactos explosivos, teléfonos celulares comunicadores, drogas, alcohol, dinero en efectivo, entre otros.

De manera accidental fueron encontradas las osamentas en una de las excavaciones de inspección realizada en los operativos de Fusina.

Según agentes del Departamento de Inspecciones Oculares, al descubrir la primera fosa procedieron a extraer cada una de las bolsas y costales que también estaban llenos de tierra, piedras, pedazos de cemento y de aparentes sustancias químicas como cloro y cal.

Por lo que no descartan que en dicho recinto haya más personas enterradas y aunque este hallazgo se produjo en un sector, cabe mencionar que actualmente el módulo Escorpión está deshabitado, debido a los traslados y es aquí en donde corresponderían a hacer más excavaciones para las exhumaciones.

Desde que comenzaron los traslados de privados de libertad a cárceles de máximas seguridad, los hallazgos criminales de este tipo han aumentado, la semana pasada la Fusina informó en un evento al que estuvo presente el Presidente Juan Orlando Hernández, sobre el hallazgo de un arsenal, explosivos de potente alcance, en el centro penitenciario de San Pedro Sula.

Entre lo decomisado, 94 armas de fuego de diversos calibres, 34 fusiles de asalto como AK-47, AR-15, M-16, una subametralladora, 34 granadas, drogas, alcohol y más de tres millones 318 mil lempiras, que se extrajeron del suelo, paredes, baldosa. En otros lugares a lo interno de las celdas 161 celulares, 12 chalecos antibalas, 60 pasamontañas, dos kilos de cocaína y 40 kilos de marihuana.