Acosta Bonilla: Umbral del siglo XXI

Por Óscar Lanza Rosales
[email protected]

Hace unos tres meses visité en su residencia al abogado Manuel Acosta Bonilla, para hacerle algunas consultas y en la que me informó que a principios del presente año ha publicado el libro “Umbral del siglo XXI”, del cual me regaló un ejemplar con la dedicatoria: “Para el amigo y columnista, que quiere mucho a su país y su mejoramiento. Abrazos”.

Aunque con el abogado Acosta Bonilla no nos hemos tratado muy frecuente, sino que de pasada, desde que lo conocí, cuando me dio un par de aventones de Tegucigalpa a El Hatillo, en su turismo azul cuando yo era un adolescente y él ya un joven profesional, ha sido uno de los hondureños a quien más he admirado, por su honestidad, talento, visión y patriotismo. Virtudes que ha demostrado en los puestos que le ha tocado desempeñar en la administración pública y que fue un buen prospecto para una candidatura presidencial, pero que su partido por su conservadurismo no lo promovió por sus ideas progresistas. Es nieto del expresidente Manuel Bonilla, y no tengo la menor duda que hubiera sido un excelente gobernante.

Para los jóvenes que no lo conocen, él se desempeñó como ministro de Economía y Hacienda (1965-971) y de Hacienda y Crédito Público (1972-1975), en los gobiernos que encabezó el general Oswaldo López Arellano, siendo uno de sus principales asesores. Y además en la administración Callejas (1990-1994), tuvo a su cargo la coordinación de la modernización del Estado y en la administración Maduro, fue embajador de Honduras ante las Naciones Unidas.

Su libro “Umbral del siglo XXI” es una recopilación de sus artículos publicados en los diarios de Honduras en el periodo 2000-2005, en cuyo contenido da a conocer sus preocupaciones y reflexiones sobre nuestra Honduras y su gente; nos narra brevemente algunas biografías; da definiciones y recomendaciones interesantes para acelerar el desarrollo del país y nos cuenta anécdotas simpáticas.

Le preocupa la independencia del Poder Judicial, mientras continúe la elección de sus altos magistrados, como una repartición política, lo cual para él constituye una negación a la justicia, que no inducen a la aplicación correcta de la ley o la sabiduría del juez.

También le preocupa la pobreza y la miseria que se puede palpar en todo el territorio nacional; la intromisión e imposición del FMI y la CIA, de programas económicos y fiscales para regular la vida pública del país; que las corrientes de los partidos han caído en manos de empresarios e inversionistas de la política; y que la política ha quedado reducida a una actividad electorera, brutal y estúpida.

De su padre, Isidoro Acosta, cuenta que se graduó de Médico en México, retornando a Honduras a ejercer su profesión en su ciudad natal Juticalpa, y también dedicando parte de su tiempo a la política. Fue diputado en el periodo 1928-1932 por el nacionalismo, pero se sumó a la rebelión contra Carías, cuando este optó por no cumplir la Constitución y la alternabilidad en la Presidencia. Como la represión fue drástica y brutal, don Isidoro sufrió cárcel y destierro, retornando a su patria hasta la administración de Gálvez. Como no guardaba rencor, visitó al General Carías, quien al verlo le dijo: “¿Dónde has estado todo este tiempo?”, “preso General, por orden suya” le respondió don Isidoro. “No, Acosta, esas cosas fueron de Gálvez”, replicó don Tiburcio.

Sobre los gobernantes, dice “que ser buen gobernante no es difícil, cuando de verdad se quiere a este pueblo. Los hondureños no esperan milagros, solamente esperan un trato responsable y que no se dilapiden sus recursos para favorecer a los ladrones nacionales y extranjeros”.

Agrega: “Lo que no ayuda a un buen gobierno, son los altos burócratas corrompidos, enriquecidos e insaciables glotones de los dineros del pueblo. El clientelismo político, los compadrazgos, el nepotismo y los empresarios inescrupulosos “apolíticos” y corruptores”.

Y plantea que la fórmula para lograr el progreso del país no es muy complicada: austeridad, transparencia y trabajo honrado.

En la solapa de su libro, hace un llamado a los hondureños: “¡Basta ya! Honremos la memoria de nuestros próceres, actuemos con patriotismo y decisión. Cambiemos el panorama nacional hacia el bienestar general. Hagamos de los partidos políticos: instrumentos de progreso, bienestar y armonía; rectifiquemos a fondo. El país no puede desaparecer. Tenemos que salvarlo, superando las crisis y creando un estado de derecho, para felicidad de todos”.

Así piensa el abogado Acosta, cuyo sueño es que algún día pongamos a Honduras en el mapa de las naciones prósperas.