Mamá

Por: Rosana Roussel de Osorio

1 de octubre de 1977. El día comenzó como cualquier otro. Nos levantamos temprano para alistarnos para ir al colegio. Las carreras de la mañana, buscar uniforme, cepillarse los dientes, agarrar la mochila y salir corriendo a la parada rogando llegar a tiempo para no perder el bus. No me acuerdo si con el ajetreo le dije adiós a mi mamá. Si en aquel momento hubiera sabido cómo iba a terminar ese día me hubiera quedado en la casa, hubiera hecho mil preguntas, me hubiera quedado al lado de ella por un momento más y me habría asegurado de decirle adiós.

Mi mamá, Daisy Isabel Girón de Roussel nació en San Marcos de Colón, Choluteca, el 19 de noviembre de 1938. Se graduó de Perito Mercantil y Contador Público en el Instituto Central y se casó con Jonathán Roussel Toledo el 8 de octubre de 1960. De ese matrimonio nacieron tres hijos, Milton Enrique, Rosana y Jonathán.

Doña Daysi, como cariñosamente le decían, fue una mujer sencilla, con un corazón enorme, sabia, trabajadora, amorosa y cuidadosa de su familia. La quiso mucha gente. Siempre tenía una sonrisa en los labios y una palabra cariñosa y de consejo para todos quienes la buscaban.

Siendo yo la favorita de sus tres hijos, ella me llevaba a todo lugar. Íbamos juntas al mercado, al súper, a pagar cuentas,  a comprar los uniformes y los útiles escolares. Cocinábamos y hablábamos de todo. Me enseñó a apreciar la lectura y a devorar los libros. Agatha Christie era su favorita y Ernest Hemingway nos llevó juntas a la Guerra Civil española y a pescar y soñar en alta mar.

Sus consejos aún hoy me ayudan en la crianza de mis hijas y en mi relación con mi esposo. De ella aprendí que uno es fiel en el matrimonio porque ese es un pacto para toda la vida y que hay que trabajar en él todos los días. Me enseñó que los hijos deben ser criados y educados para ser hombres y mujeres de bien y útiles para la sociedad.

Su partida aún me duele. Cuando veo a mis hijas me entristece saber que ella nunca las conoció. Que tampoco conoció a Ramón, mi amado esposo. Que no haya visto que sus consejos me han ayudado a salir adelante. Que Milton y Jonathan hijo son hombres de bien, productivos, excelentes padres y abuelos. Que mi papá está bien.

Después de su partida Dios nos bendijo con Carmen María, una mujer extraordinaria quien sin suplantar a mi mamá en nuestros corazones, se ha convertido en una de las mejores bendiciones que hemos recibido como familia.

Cuarenta años han pasado y el dolor es el mismo, pero Dios es fiel y a pesar que aquel 1 de octubre de 1977 pensé que no sobreviviríamos un día sin ella, hoy gracias a mi Señor y Salvador Jesucristo hemos salido adelante y creo que ella estaría muy orgullosa de nosotros.

Si la vida me diera otra oportunidad, regresaría a ese día para tomarme el tiempo de decirle: ¡Adiós mami, la quiero mucho!