Sesenta menores fallecidos en los últimos dos meses

Unos 60 niños, menores de 13 años, han muerto de manera violenta en circunstancias irregulares y en su propio núcleo familiar en los últimos dos meses en la capital de Honduras, Tegucigalpa, según registros del libro de la morgue del Centro de Medicina Legal y Ciencias Forenses del Ministerio Público (MP).

Desde finales de agosto a la fecha, en el Departamento de Patología Forense más de 337 fallecidos se reportaron en las salas de autopsias, de las cuales 16 por ciento fueron niños, niñas y adolescentes de 0-18 años, pero solo en los primeros días de septiembre pasado fallecieron 13 menores de 0-5 años y eso representó el siete por ciento de la autopsia, informaron médicos forenses.

Desde agosto se vienen arrastrando cantidades similares de fallecimientos violentos (unos 24) y las edades más predominantes son desde recién nacidos hasta los que comienzan su etapa de pubertad. A estas cifras deben sumarse las decenas de decesos en el área norte, oriente y occidental del país.

Lo peor de esta cifra es que hasta la fecha la mayoría de los supuestos responsables ni siquiera cumplen una condena judicial, incluso muchos de los casos no completan la etapa investigativa por parte de los entes responsables y por si fuera poco los dictámenes se continúan apilando sin que nadie se muestre interesado en recogerlos o revisar las causas de muerte, por lo que repercute en escasez de requerimientos fiscales por parte de los fiscales, se indicó.

“Los rostros de la indiferencia están provocando ya un sentimiento de frialdad que espanta más cuando observamos que son nuestros niños más pequeños de cero a cinco años los que están perdiendo la vida, no solo en Tegucigalpa, haciendo un análisis de las circunstancias de muertes en medicina forense su muerte deja una profunda tristeza, esos pequeños rostros en las mesas de autopsias nos recuerdan muchas veces impunidad en las investigaciones”, dijo la directora de Medicina Forense, Julissa Villanueva, al ser consultada.

La funcionaria conformó que “continúan volviéndose una norma los abusos reiterativos en perjuicio de los niños, niñas y adolescentes y sus muertes ya no nos inmutan y poco nos asombran y más aún cuando muchas de estas se tratan de circunstancias homicidas y nadie dice nada”.

Es asombroso ver la frialdad de las cifras de muertes de menores que se analizan sin cambios drásticos ni penas para quienes las provocan, reprochó la patóloga, quien lamentó que todas estas víctimas “ni siquiera superan el primer quinquenio de vida, sencillamente porque fueron asesinados, atropellados, ultrajados, asfixiados, ahogados y hasta electrocutados”.