Por extorsión capturan a más de 130 jóvenes durante el 2017

La Fuerza Nacional Antiextorsión (FNA) registra que de enero a la fecha ya son 135 jovencitos con edad escolar los que han sido capturados por la comisión de ese ilícito y un significativo número hasta portaba el uniforme de su colegio.

De acuerdo a las estadísticas que maneja la portavoz de esa entidad policial, Norma Moreno, el 2013 fueron aprehendidos 86 menores, de los que 71 eran varones y 15 niñas; el 2014 fueron detenidos 116, de ellos 93 del sexo masculino y 23 femenino.

En tanto, el 2015 se contabilizaron 182 detenciones de menores, de los cuales 131 fueron varones y 51 jovencitas. Para el 2016 las cifras bajaron, con un total de 117, de ellos 99 jovencitos y 18 muchachas. En lo que va de este año ya se reportan 135 detenciones de menores; 111 varones y 24 muchachitas.

Se informó que de los más de 630 adolescentes detenidos por extorsión del 2013 a la fecha, gran parte de ellos fueron judicializados, y aunque las autoridades de la FNA no precisan cuántos fueron declarados culpables, se estima que la mayoría guarda prisión en los centros de adaptación social del país.

Los analistas consideran que el crimen organizado le apuesta a los colegiales de bajos recursos económicos, para enrolarlos en las redes delictivas, porque han visto en los centros educativos una fuente inagotable de muchachos con necesidad de obtener dinero.

Incluso, los estudiantes se gradúan en los colegios y salen con los mismos problemas económicos, sin conseguir un empleo para costearse sus estudios universitarios. Por ende, siguen vulnerables a ser reclutados por las organizaciones delictivas.

FRUSTRACIÓN

Muchos de los detenidos por la FNA son menores de edad con uniforme.

Al respecto, el sociólogo hondureño, Eugenio Sosa, manifestó que la frustración de los jóvenes recién egresados de los colegios, al no conseguir un empleo o no poder ir a la universidad, los impulsa a emigrar o involucrase en actividades delictivas.

“Una gran parte de esta población joven se encuentra precarizada y andan en busca de trabajo, y cuando encuentran un empleo, lo más común es que sea mal pagado, son temporales y al final no logran establecerse económicamente y por consiguiente son absorbidos por el trabajo informal o la delincuencia”, señaló Sosa.

Afirmó que no se puede decir que son la mayoría de jóvenes, porque no se trata de criminalizarlos, pero lo cierto es que son muy pocas opciones las que esos muchachos tienen en esta etapa entre el colegio y la vida económicamente activa.

“También está el grupo que se encuentra entre la migración y el trabajo precarizado, con bajos sueldos, y el de trabajo informal, donde no se necesita tener un nivel académico”.

El sociólogo consideró que los jóvenes necesitan un estímulo laboral que los saque de ese marginamiento, con posibilidades de acceder a la educación superior y al emprendimiento, para que no sea presa fácil de la actividad ilícita.