Los arreglos políticos

Nuestros políticos, con iguales virtudes de aquellos que forman el gran clan de políticos vivarachos del continente indioamericano, lejos de poder calificarse como auténticos líderes, capaces de poder conducir las masas por las rutas del desarrollo y el bienestar colectivo, no pasan de ser camarillas de inescrupulosos ambiciosos, sin conciencia cívica ni respeto a las leyes ni a la institucionalidad del país.

En el caso particular de Honduras los presidentes nunca, o casi nunca, se han preocupado por conducirse con estricto apego a la Constitución y las leyes, por el contrario, sienten gran debilidad por la autocracia y, gracias al excesivo poder del Ejecutivo en los regímenes presidencialistas, consiguen imponer su voluntad ante los demás poderes del Estado. La clase política, como tratando de curarse en salud, en vez de exigir el respeto a la independencia de poderes y el cumplimiento de los preceptos legales que regulan el justo equilibrio del poder, se preocupan más por encontrar la forma de que sus colegas no vayan a parar con sus huesos a la cárcel que de velar por los intereses del país.

Con tal fin se han inventado los llamados “arreglos políticos”, por medio de los cuales se logra evadir el castigo establecido en la ley por las flagrantes violaciones constitucionales que cometen. Dichos “arreglos”, firmados por los máximos dirigentes del momento, se considera están por encima de toda ley terrenal. De esta forma, aunque en abierta transgresión a todo el sistema jurídico nacional, es legalizada la ilegalidad para imperio de la impunidad, gracias al visionario y patriótico “arreglo” que logra suscribirse, según ellos, con la mente y el corazón puestos en los más grandes intereses de la patria.

Sin embargo cuando los negociadores oficialistas no son capaces de convencer a los demás actores del drama político, que eternamente nos consume, de suscribir el venturoso “arreglo”, la crisis es inevitable. Tal lo que sucedió en 2009 y tal lo que está sucediendo en 2017. Ni en 2009, como tampoco en el presente año, los inhábiles negociadores lograron suscribir el prodigioso “arreglo”, y la crisis no pudo evitarse, ni entonces ni ahora.

Pero entendamos una cosa, las crisis sociopolíticas no podrán evitarse por la suscripción, o no, de un arreglo ilegal. ¡No! Estas crisis sociopolíticas solo dejarán de existir, y el país podrá por fin ser internacionalmente respetado, cuando los políticos aprendan a someterse a la ley, y el estado de derecho sea lo suficientemente fuerte como para hacerlos cumplirla, o enviarlos donde merecen estar.

Carlos Edgardo Ayes Cerna
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Tegucigalpa, M.D.C.