Concha García Castillo: Mujer excepcional, maestra de generaciones y una señal en el camino por recorrer

  • Descendiente directa del maestro e intelectual Cosme García
  • La educación es un desastre en la actualidad. No existe calidad, al gobierno solo le interesan las estadísticas.
  • Vivo rodeada de libros y recuerdos. La Biblia me enseñó el camino de los años por vivir.

Autor: Luis Alonso Gómez Oyuela
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DANLÍ, El Paraíso. “El eterno femenino es el misterio humano por excelencia. La mujer es un enigma para el hombre”. “Valores y principios se inculcan en el hogar, la inteligencia y la sabiduría la cultivamos en el diario vivir”, expresa con mucha autoridad la maestra de generaciones Concha García Castillo, toda una institución en la docencia, respetada y admirada por los que fueron sus compañeros de estudio en el Instituto departamental de Oriente (IDO), la primera generación de maestros de educación primaria de la denominada época de oro de la educación nacional.
Profundizar sobre la vida Concha García y su paso como maestra por las aulas escolares es evocar recuerdos de los que fueron sus alumnos, muchos de ellos hoy día, excelentes profesionales que no olvidan a la maestra, cuya autoridad, capacidad y conocimientos fueron su mejor carta de presentación.
La profesora Concha, por muchos años se despeñó como directora de la escuela “Renovación Guía Técnica”, período en el que esta institución educativa cumplió con sus objetivos hasta 1984. Le siguieron otras directoras que se desempeñaron con mucha eficiencia. Lamentablemente con el paso de los años la escuela perdió aquella mística de trabajo para lo cual fue creada.
Una expresión muy popular entre los estudiantes es “maestra yuca”, ¿usted lo fue?… es parte del lenguaje de los muchachos, pero en honor a la verdad, los docentes debemos enseñar con autoridad y el ejemplo, después lo agradecen, son muchos los exalumnos que encuentro en la calle que me recuerdan los episodios vividos en el aula, pero lo hacen con gratitud, esos testimonios lo llenan a una como docente porque nos damos cuenta que nuestro paso por las aulas cultivó muchos talentos que hoy son un orgullo para Danlí, su familia y para los maestros que tuvimos injerencia directa en sus vidas.

Surtida biblioteca personal de Concha García.

Fueron los mejores tiempos para la educación y la formación de buenos profesionales, nada de ayudar al estudiante a empujones como ahora, el que pasaba era porque estudiaba y ponía a prueba los conocimientos adquiridos. El desastre de la educación ahora, es pasar a estudiantes mediocres, haraganas e incapaces, el que se quedó en una materia debe repetir, pero el Estado no quiere calidad, solo estadísticas que indiquen que la educación es de primera para competir con otros países con relación al desarrollo humano, cuando la realidad nos indica que estamos a la zaga en esta materia.
Una de sus principales fortalezas en la cátedra fue el español, siempre me gustó esta materia, por ello, impartirla a mis alumnos me emocionaba, siempre fui asidua a la lectura, una herencia de mi padre que amaba los libros. El español nos introduce a un mundo mágico, siempre digo que nos enseña a hablar y escribir, aunque escribir nunca fue lo mío, pero siempre tuve la capacidad de expresión, en definitiva soy admiradora de los clásicos de la época de mi padre y Pedro Nufio.
Pero la vida le había reservado situaciones difíciles que supo llevar con estoicismo, hoy a sus 89 años recuerda esas facetas desde otro ángulo,” no fue fácil, pero es aquí donde debo comenzar por referirme a mi familia, mi padre, Cosme García Carranza, todo un caballero, serio, estudioso y educador por excelencia. Era originario de Apacilagua, departamento de Choluteca, de hecho, hablar de este ilustre maestro requiere un aparte especial dada sus cualidades personales y profesionales.
La biblioteca Gerardo, el instrumento de amor que la condujo a la fe de un Dios vivo.

Refiere la profesora Concha que su padre llegó a Danlí en 1912 a instancias del maestro Pedro Nufio Martínez, ambos se conocieron en Tegucigalpa, una amistad entre profesores e intelectuales con las mismas ideas. Dos años después contrajo matrimonio con Cándida Rosa Castillo Sevilla, procreó cuatro hijos, Máximo, Orison, Mercedes y Concha, la única que sobrevive.
Ya hablamos de Concha como maestra y sus orígenes. ¿Qué de su vida personal? “Muchas cosas bonitas por el ejemplo en el entorno familiar, inolvidable, mi padre no era muy comunicativo pero era detallista con sus hijos; creo que los detalles son mejores que las palabras, se quedan impregnados en el alma”, lo dice con nostalgia.
En la vida de una mujer los sentimientos van más allá de la vida profesional. Es lo que una mujer siente, es lo que apuntamos en la introducción: “el eterno femenino es el misterio humano por excelencia”, Concha García, es ese misterio y enigma a la vez. Como toda mujer se enamoró, no se casó, pero tuvo un hijo, “madre soltera”, con orgullo; pero lo perdí, el dolor me llevó a expresar no hay Dios. La vida me había reservado otra cosa que para entonces no comprendí; hoy puedo decir que Dios había preparado una cruz que cargué por muchos años. La enfermedad de mi hermana Mercedes y la vida de Gerardo, el resto de mi vida los dedique a ellos, si mi hijo hubiera vivido me habría ido con él, pero que habría pasado con esos dos seres desprotegidos. Ahora lo comprendo, Gerardo me condujo a Dios, me decía, Dios no hace la obra en ti porque lo crees. No soy religiosa, pero tengo fe y creo en su palabra. La cruz interior que llevé por muchos años me hizo comprender que Dios siempre tuvo un propósito único en mi vida.
La biblioteca de su padre Cosme García Carranza que data desde 1914.

Hoy a mis 89 años estoy liberada. El dolor de perder a Gerardo fue demasiado para mí, pero cuando veo el pasado, no pienso en las circunstancias ni el porqué de las cosas, que habría sido de ellos sin mi presencia. Lo maravilloso es que no vivo una época de tristezas, porque aun en la ancianidad pueden brillar los fulgores de un mañana mejor. Para mí la edad es un canto de victoria.
Así es Concha García Castillo, una mujer excepcional, un ícono de la educación que respira vida y la seguridad que le impregna su rinconcito rodeada de libros. El lugar de meditación leyendo la Biblia y otros textos como cuentos, narraciones, crónicas y los grandes clásicos. La vida humana es la escuela del amor, y el profesor de esa escuela sin par es Jesús de Nazaret.
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