Sólo trabajó 16 días en ocho meses porque dice ser «la décima reencarnación de un Dios»

Todos tenemos días y días. Unos más buenos que otros. A veces te despiertas con pocas ganas y vaticinas que será una jornada larga, pesada, en la que te pasas los minutos mirando el reloj esperando que acabe pronto. Pero hay días en que te levantas, te ves bien, feliz, ilusionado, y te sientes como dios. La siguiente historia es la versión literal de una de esas mañanas de euforia divina.

En el estado indio de Gujarat, cuna de Mahatma Gandhi, la expresión «estar endiosado» ha adquirido un significado real cuando un funcionario de una agencia gubernamental ha comparecido ante los medios para explicar que él es la representación actual de Visnú, una deidad adorada por los hindúes. Ni más ni menos.

Rameshchandra Fefar tiene unos 50 años, es ingeniero y trabaja para la Agencia Sardar Sarovar Punarvasvat, un organismo del gobierno gujarati encargado de ayudar a los afectados por una de las históricas presas del río Narmada. Pero además de eso, dice, es Kalki, la décima encarnación de Visnú. «Lo demostraré en los próximos días», ha advertido ante la prensa reunida en su casa, en la ciudad de Rajkot. Rodeado de micrófonos y cámaras de televisiones locales, sentado en su sofá y vestido con un polo oscuro, el hombre que cree ser la reencarnación de Visnú ha atendido a los periodistas sin un atisbo de burla en su rostro. Calmado, con una convicción divina. Los reporteros ha preguntado y repreguntado, pidiendo explicaciones al supuesto dios que tenían delante. Una escena insólita.

Fefar cuenta que hace ocho años vivió un día especial. El más especial de todos. Porque ese día se descubrió a sí mismo y resultó que era dios. «Me di cuenta de que soy un avatar de Kalki cuando estaba en mi oficina en marzo de 2010. Desde entonces, tengo poderes divinos». Qué día aquel. No lo olvidará nunca.

Ha trabajado 16 días en ocho meses

El caso se ha conocido después de que la agencia para la que trabaja le enviase un aviso por sus repetidas ausencias, ya que en los últimos ocho meses Fefar sólo ha aparecido por la oficina 16 días, según la notificación. «Tal ausencia no autorizada no es aceptable para un funcionario de alto rango. El trabajo de la agencia se está viendo obstaculizado por sus faltas», dice la carta.

Pero Fefar no está ausentándose por su propio regocijo. O eso dice. Está inmerso en un sacrificio, un esfuerzo sobrehumano por el bien de los demás. Y justifica su abandono laboral asegurando que tiene entre manos una misión mayor, lejos del empleo terrenal que venía ejerciendo en la agencia. «Estoy haciendo penitencia en casa para entrar en la quinta dimensión con el fin de cambiar la conciencia global», afirma, antes de aclarar, por si había dudas, que no puede hacer esa penitencia «sentado en la oficina». Gracias a su ofrenda, continúa, la India goza de buenas precipitaciones, esenciales para la vida de un país en el que habitan 1.300 millones de personas. Unas lluvias que llegan sólo porque es «el avatar de Kalki».

Ante esa afirmación, Fefar ha colocado a sus empleadores en una complicada situación. Les ha puesto sobre la mesa una elección que tendrán que resolver y en la que difícilmente todas las partes salgan ganando. Porque, según el ingeniero, ahora deberán decidir si es más importante para la agencia hacerle estar «sentado en la oficina viendo pasar el tiempo» o dejarle «hacer un trabajo específico para salvar al país de la sequía». Seguramente los empleados de recursos humanos de esa empresa no se hayan tenido que enfrentar nunca a una decisión de tal magnitud. Quizá ningún departamento lo haya hecho jamás.

Todavía no ha trascendido la respuesta de la agencia, pero si tenemos en cuenta que en este país los tribunales dieron la razón a los seguidores de un gurú espiritual que, desde hace cuatro años, mantienen el cadáver de su líder congelado en una cámara porque creen que no está muerto sino que está meditando, podemos concluir que toda contestación es posible.