Mas vale ir a un entierro que a una fiesta, porque nos hace recordar que algún día moriremos

  • El espíritu de solidaridad prevalece en la sociedad hondureña ante el dolor por la pérdida de un ser querido.
  • Don Tino, asistió a todos los entierros, al suyo todo un pueblo lo cargó en hombros
  • Extravagancias locas en funerales de otras culturas.

Autor: Luis Alonso Gómez Oyuela
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DANLÍ, El Paraíso. ¿Hace unas semanas atrás una amiga me dijo, “y usted por qué no escribe sobre los velorios? La pregunta me intrigó y asentí que era un tema muy apropiado, sin embargo, podría herir susceptibilidades en caso de tocar situaciones específicas de velorios con algunas extravagancias de las que citaré algunas pero, que no tienen nada con nuestras costumbres y tradiciones.

Tomaré algunos textos de libro del Eclesiastés como punto de partida, por ejemplo; la siguiente afirmación, “más vale ser respetado que andar bien perfumado. Más vale el día que morimos que el día que nacemos. Más vale ir al entierro que a una fiesta, pues nos hace bien recordar que algún día moriremos. Más vale llorar que reír; el llanto nos hace madurar. En un funeral los sabios saben cómo comportarse, pero los tontos solo se ríen y hacen chistes. En esta vida ser sabio es bueno, pero ser sabio y rico es mejor. La sabiduría protege, y el dinero también, pero la sabiduría nos permite llegar a viejos” (Eclesiastés 7:1-4-11 y 12)

Este es un funeral celestial propio de costumbre de China y otras regiones.

No se cómo lo toma usted que más vale el día que morimos… ¿comparte la idea? Nadie quiere llegar a ese día, pero estamos marcados desde el día que nacimos. La muerte se convierte en esa sombra tenebrosa que llegará tarde o temprano, no tenemos opciones para elegir.

Pero retomando nuestras costumbres, volvamos a los velorios, a la casa del duelo o el luto. Es aquí donde los sabios saben cómo comportarse, se presentan con la solemnidad que amerita la ocasión ante el dolor que abate a la familia. Los sentimientos de pesar no se hacen esperar, el abrazo fingido o sincero es lo común.

El baile de los cadáveres es una costumbre de Madagascar. Cinco años después de sepultarlos los desentierran para realizar el baile y perfumarlos.

Algunos se toman la molestia de ir derechito a ver el difunto para cerciorarse que realmente está muerto. Todos los presentes con riguroso luto hacen comentarios sobre la vida del que se fue, “tan bueno que era, pero así es la vida”. La gente comienza a llegar, en la cocina hay mucho movimiento, los dolientes continúan recibiendo las condolencias y van transcurriendo los minutos, los sabios continúan conversando, algunos con una mueca de tristeza, otros comparten experiencias en el plano familiar, los negocios, política y la crisis, en fin, el velorio se torna en un reencuentro de viejas amistades, de compañeros de la escuela, el colegio y la universidad.

Cuando el duelo es en la casa de los dolientes, muchacha de la cocina, familiares y amigos solidarios, comienzan a repartir café con rosquillas, pan de yema y galletas. Este episodio me hace recordar aquella danza del folclore nacional que dice: “tan bueno que fue el compadre José, con su naipe jugué, me bebí su café”. En las ciudades ahora existen las funerarias pero allí no hay naipes, guaro, comida y chistes, todo enmarcado en el respeto y la solemnidad en momentos de tristeza.

Los ataúdes colgantes en algunas regiones de China, se colocan conforme a la categoría social del difunto.

En las aldeas, es escenario es diferente, aquí la situación cambia. Los protagonistas son los amigos, no porque en las ciudades se haya perdido el espíritu de solidaridad, nada que ver. Las ceremonias fúnebres son cortas, lo más extenso es la misa, salvo algunas familias tradicionalistas que esperan las 24 o más horas para ir al camposanto para depositar los restos mortales de su ser querido.

En la aldea, la noticia del deceso de alguien corre de casa en casa. El espíritu solidario no se hace esperar. La gente de la comunidad comienza a llegar a la casa del difunto muy consternados. Las mujeres preparan el maíz para las tortillas, el café, el pan (horneado), los preparados de arroz con gallina india y si el fallecido tenía recursos, los familiares mandaban a destazar una vaca o torete para que nadie se quede sin comer. Si el deceso ocurrió temprano, el almuerzo y la cena deben estar a tiempo para que ninguno de los asistentes a la vela regrese a su casa sin comer.

En Puerto Rico y algunas poblaciones de México, si el difunto era aficionado a frecuentar los bares, era velado sentado en la misma mesa que compartió con sus amigos.

La vela continuará durante la noche hasta que se cumplan las 24 horas. Los celebradores de la palabra o el culto evangélico, según la creencia religiosa de la familia doliente no puede faltar a manera de llevar consuelo a los dolientes. No faltarán las palabras de los religiosos diciendo: Dios así lo quiso y ya descansa en el cielo con el Señor.

Pero aquíno termina todo. Los vecinos y amigos y uno que otro colado, encienden una fogata a manera de distracción, aquí no puede faltar el juego de cartas (naipe), el guaro, los contadores de chistes y perras relacionadas con relatos de apariciones de la media noche. Todo es tranquilidad cuando de pronto se escuchan los gritos y lamentos sobre el féretro llorando a moco tendido, ponderando las virtudes del que nunca en su vida había visto.

En caso de ser corredor de motos, el difunto es velado sobre la moto.

La hora del entierro y como dice la canción de Voces Universitarias, “al entierro yo no voy por el desvelo y la goma”, pero allí están los amigos que cargan en hombros al difunto hasta llegar al cementerio, todos se turnan porque los muertos pesan demasiado. Lo maravilloso de esta gente solidaria para la persona que en vida fue un amigo leal.

Don Constantino (Tino) para sus amigos, falleció recientemente en una aldea del valle de Jamastrán, siempre estuvo en todos los entierros, incluso participaba en cavar la sepultura de sus amigos, tenía sus propias herramientas, palas, piochas y lazos para bajar el ataúd a la fosa. El entierro de don Tino fue apoteósico, fue sepultado con la bandera de su Partido Liberal.

En caso de haber sido maquinista, el difunto es alzado en la cuchara de la máquina mientras el resto de maquinaria le hace una valla.

Darío González (QDDG) fue uno de esos personajes inolvidables con espíritu solidario. Su principal característica fue asistir a todos los velorios y entierros y así como el, todavía quedan personas con ese sentimiento de solidaridad. Lo anterior es parte de lo nuestro estrechamente ligada al espíritu cristiano de respeto y devoción por los que se fueron a la otra dimensión.

Para concluir este reportaje relacionado con los velorios y costumbres que no tienen nada que ver con nuestra cultura, los extremos rebasan lo increíble. Sofía Gabarrot, explica que todos los funerales que le ha tocado asistir han sido iguales, amigos y familiares vestidos de negro, memorias compartidas, de hecho, los funerales muestran mucho de la cultura, creencias y valores.

En nuestras aldeas y poblados de Honduras el espíritu solidario con los amigos es diferente, cargar en hombros al difunto hasta el cementerio.

Pero los funerales más raros del mundo se llevan a cabo en China, el Tíbet, Hawái, Madagascar, Puerto Rico y México. Por ejemplo el entierro celestial, consiste en partir el cuerpo en pedazos, llevarlo a la montaña para que los buitres los devoren y cuando estos vuelen, el difunto pueda estar más cerca del cielo. Los ataúdes colgantes, van por categorías, las cavernas, en Hawái, los cuerpos son depositados en posición fetal. El baile de los cadáveres, esto sucede en Madagascar, cada cinco años son desenterrados para realizar el baile y perfumarlos. En Puerto Rico, si al muerto le gustaba ir a los bares con sus amigos, allí hacen el velatorio con el difunto sentado en la misma mesa donde estuvo en vida con la botella de tequila. Quizá a usted le gustaría imitar alguno de estos rituales. Yo me quedo con nuestras tradiciones. Los llorones, cuenta chistes, comelones, jugadores de naipes y más de alguna botella de aguardiente.

Antes de ser depositados los restos en la fosa, familiares y amigos abren la tapa del ataúd para verlo por última vez. En la gráfica, don Tino pidió a su familia y amigos cubrir el ataúd con la bandera del Partido Liberal.

Fuente
Imágenes Wikipedia