El legado de Margaret Keane

José María Leiva Leiva.

Desde luego, una de las tantas cualidades o características que el cine tiene es el de enseñarnos. Se trata de un extraordinario vehículo visual que educa y entretiene. Desde esta perspectiva, aprendo con Tim Burton cuando en la producción “Ojos grandes”, nos presenta la historia biográfica de una pintora que a la sombra de su marido, termina sublevándose a éste, reclamando con justicia la autoría de sus trabajos pictóricos en los términos que ya explicaremos. En ese sentido, el filme de Burton reivindica la vida y obra de Margaret Keane, para mí, antes de la película, una gran desconocida.

Aunque el gusto del público pueda variar con su contenido, la crítica no pierde la oportunidad para calificar el filme como una obra menor y por ende, al filo del olvido. Ya sabemos que la mayoría de las películas de Tim Burton se caracterizan por la presencia de mundos imaginarios con elementos góticos y oscuros, cuyos protagonistas suelen ser seres inadaptados y enigmáticos. Un sello de identidad que se hace patente en películas como “El joven manos de tijeras”, “Charlie y la fábrica de chocolate”, “Beetlejuice”, “Big Fish” o “Sombras tenebrosas”, por citar solo algunos ejemplos.

Luego entonces el registro de “Ojos Grandes”, no tiene nada que ver con lo antes expuesto, y de repente sea esto parte del desencanto. En lo personal, insisto, me agradó como película y me enseñó como historia. “Big eyes” (2014), narra la historia de Margaret (interpretada por la preciosa Amy Adams, ganadora por este papel del premio Golden Globe, a la mejor actriz en el apartado de comedia/musical) y Walter Keane (caracterizado por el siempre talentoso Christoph Waltz).

La trama se centra en los años 50 y 60 del siglo pasado, cuando los cuadros que representaban niños de grandes ojos, con la firma Keane, alcanzaron notable éxito. La autora era Margaret, pero los firmaba Walter, su marido, pues éste era muy hábil con su labia y olfato comercial. “Walter siempre contaba que su arte, estaba inspirado en los pobres niños que vio a fines de los años 40 en el Berlín devastado por la Segunda Guerra Mundial, mientras estudiaba en Europa con la intención de convertirse en pintor”. (Jaime González. BBC Mundo, Los Ángeles).

Beatriz Vera, periodista valenciana en el sitio https://lasmilhistoriasdelarte.wordpress.com/ ha dicho: “Sus obras se convirtieron en un símbolo cultural a escala planetaria. Sólo que nadie conocía la historia auténtica…La timidez patológica de Margaret hizo que durante 12 años el público creyera que los cuadros los pintaba su marido…Su nombre era totalmente anónimo, y su marido (cruel, enloquecido y despótico como ninguno), la tenía encerrada bajo amenazas de muerte para que no saliera de su estudio ni nadie sospechara que era ella quien pintaba”.

“Aquél hombre la alejó de su hija, nacida del primer matrimonio de Margaret, y le prohibió ver a sus amigas… Margaret estaba cada vez más sola y la moral de la época le decía que así debía permanecer”. La pareja residía en California, donde el pintor se codeó con grandes estrellas de Hollywood como Natalie Wood, Joan Crawford, Jerry Lewis o Kim Novak, “algunas de las cuales llegaron a pedirle que las retratara. Incluso el propio Andy Warhol alabó el trabajo de Keane, con el argumento de que si era tan exitoso no podía ser tan malo como aseguraban los críticos”, cuenta el relacionado Jaime González.

En 1965, tras 10 años de matrimonio, llegó el divorció. Margaret se marchó con su hija a vivir a Hawái y se hizo testigo de Jehová. Allá demandó a Walter por la autoría de sus cuadros. El juez que conoció del caso, terminó concediendo la razón a Margaret, más una indemnización de 4 millones de dólares que Walter nunca llegó a pagar ya que había dilapidado en bebida, prostitutas y artículos de lujo toda la fortuna que había amasado con los cuadros de su ex-esposa. Walter murió arruinado en el año 2000. Hoy Margaret, a sus 90 años, sigue viviendo en Napa County, California.

Concluyo con dos referencias: “La película es un retrato de la dominación masculina y la sumisión femenina en la sociedad norteamericana a mediados del siglo XX”. Luis Fernando Galván. Y dos, “Tim Burton nos ha desvelado una historia que es una mezcla  de tragedia y comedia que nos habla de muchas cosas: de la dificultad de la mujer a mediados del siglo XX para que su talento fuera reconocido y aceptado, de la capacidad de autoengaño del ser humano capaz de llegar a convencerse de sus propias mentiras, del callejón sin salida al que conduce la impostura, del dominio psicológico de una persona sobre otra, y sobre el verdadero sentido del arte”. (https://chrismielost.blogspot.com/).