Convertir su vida a Dios, la muerte o la cárcel, solo así se sale de las maras

La brutalidad con que delinquen las maras o pandillas, no solo en Honduras, sino en El Salvador y otros países de la región, no se escapa de sus propios integrantes.

A diario en los países que están invadidos por estos grupos criminales aparece un integrante de pandillas ultimado de diferentes formas, la mayoría tras ser torturado.

Una cifra indeterminada de esas muertes se asocia con el retiro de la pandilla, algo que no está bien visto por los jefes o líderes de las agrupaciones, así como sucede en los carteles de narcotraficantes.

«Te matan a plomazos si te salís», reveló un agente de la Policía Antipandillas a la www.latribuna.hn, quien ha estudiado los códigos y señales de las maras durante muchos años.

Esa aseveración no es un secreto, todo mundo la conoce, al igual que sabe que el simple hecho de ser parte de una pandilla es motivo de cárcel en Honduras.

Así lo establece el artículo 332 del Código Penal, mejor conocido como Ley Antimaras, la cual establece sanciones pecuniarias y de cárcel para los fundadores, cabecillas o conductores de pandillas o grupos ilícitos.

En Honduras, existen dos grupos fuertes de ese tipo, la Mara Salvatruca MS-13 y la mara 18 o Barrio 18, cuya brutalidad mantiene atemorizada a gran parte la población.

La extorsión, el sicariato y la venta de drogas son, entre otros, los delitos a los que se les vincula.

Según los expertos, la única razón permitida por las pandillas para que un integrante deje sus filas, es que entregue de forma comprobada su vida a los caminos de Dios.

Las pandillas vigilan a esos miembros que se convierten a Dios y en el menor intento de éstos de descarrilarse de nuevo o acercarse a la Policía, no dudan ni un instante en «volarle la cabeza».

Los secretos de las pandillas deben ser bien guardados por sus integrantes y el que se aparte de sus estructuras debe callarlos, sino te matan por «sapo», asegura.

Recientemente, dos jóvenes fueron ultimados a balazos por varios individuos encapuchados y con chalecos antibalas, en la avenida circunvalación de San Pedro Sula, en el norte de Honduras.

La Policía reveló que una de las víctimas tenía antecedentes penales y acababa de salir de la cárcel, peros sus familiares aseguran que los dos asistían a la iglesia Eben Ezer.

Unas de las hipótesis en manos de la Policía Nacional establece que estarían vinculados a un caso grande en el que se movieron grandes sumas de dinero, pero no revelaron los detalles para no entorpecer las investigaciones.

“Cuando se dan ese tipo de operaciones los delincuentes la arremeten contra quienes ellos consideran que los traicionaron, pero todas esas son hipótesis que se están investigando”, dijo el día del crimen, el subcomisionado Adolfo Ordónez. jefe de la Unidad Metropolitana Número Cinco de la Policía en San Pedro Sula.

Los perpetradores del crimen actuaron con saña, lo que hace pensar que podría ser un ajuste de cuentas entre pandillas, pero todas las versiones están bajo investigación.

Afortunadamente, le perdonaron la vida a una niña que andaba junto a las dos víctimas, pero los mataron frente a ella, lo cual ha conmocionado a gran parte de la gente.

Todo lo que rodea este brutal caso hace pensar que la única forma de escapar a esos grupos criminales es Dios, la cárcel o la muerte.