De “papá canguro” a “elotero”, para criar a sus hijos

El 6 de abril del 2017 fue el día más feliz de su vida para Melquicedec Díaz (29). Su esposa, Jackeline Espinal (20), a los siete meses de embarazo dio a luz en el Hospital Materno Infantil a dos bebés: una niña que al nacer pesaba una libra, y un varón que pesó media libra.

“Eran tan pequeños que cabían en la palma de mis manos…”, recuerda Melquicedec, con nostalgia. Los pequeños fueron puestos en una incubadora por 25 días debido a su bajo peso.

A estos gemelos “sietillos”, la pareja de jóvenes padres los bautizó con sus mismos nombres: Melquicedec y Jackeline.
Para que los bebés pudieran seguir creciendo, al estar fuera de la incubadora, Melquicedec tuvo que convertirse en “papá canguro”, técnica que contribuye al restablecimiento de los niños prematuros y que consiste en que los padres se colocan una especie de banda para sujetar al infante contra su pecho.

De esta manera, el papá, con el calor de su cuerpo y los latidos de su corazón cumple las funciones de una “incubadora”, una vez que el pequeño ha salido de la misma.

“Me tocó cangurear con los dos”, recuerda Melquicedec, quien no dejó de cargar a sus hijos hasta que estos lograron tener un peso normal.

SUS NIÑOS: SU FORTALEZA

Hasta hace un año, el amoroso padre trabajaba en un mega proyecto de construcción donde apenas ganaba 250 lempiras diarios, aunque laboraba 14 horas diarias, lo que le impedía dedicarles tiempo a sus hijos.

Fue así que decidió abandonar ese empleo y comenzó a vender elotes asados y bofe.

Ante el amor inquebrantable por sus hijos gemelos, este jóven padre le pide fortaleza a Dios, para no desmayar y seguir adelante.

Ahora sus gemelos tienen dos años de edad y son alegría de su hogar, en la colonia Las Brisas de Comayagüela.

“Hay días que quisiera tirar la toalla… Amo tanto a mis niños, que eso me hace tomar más fuerza para seguir adelante y cada día le pido a Dios no desmayar, porque esta situación está dificil”, confiesa el abnegado papá. (EB)

LO TIMARON
NO SE RINDE, PESE A LAS DIFICULTADES

Todos los días ofrece sus productos frente a la estación de buses a la altura de la colonia Las Brisas, yendo para el centro de la ciudad, donde personas de distintos estratos sociales detienen el paso para comprarle los ricos elotes y el oloroso bofe con el que almuerzan muchos trabajadores de esa zona. El bofe es parte de los pulmones de la res, que ya asado toma un sabor delicioso.

El joven padre, Melquicedec Díaz, relató que hace un año, la primera vez que fue al mercado a comprar 70 elotes para asarlos, lamentablemente la falta de experiencia lo hizo comprarlos en el primer puesto que vio.

Minutos después, cuando comenzó a quitarles la tusa para asarlos, decubrió que los elotes no tenían granos, que solo eran olotes, por lo que perdió casi 50 de estos.

Ante este revés, el jóven padre no se rindió y al siguiente día fue nuevamente al mercado, pero en esta ocasión se dirigió a otro puesto de venta de elotes, donde antes de comprarlos les quitó parte de la tuza para que no lo volvieran a engañar.

Ahora Melquicedec es un experto al momento de adquirir el producto derivado de la siembra de maíz, ya que se esmera por que sus clientes consuman muy buenos elotes.