Más allá de nuestro alcance

Dicen que la autoconfesión es buena para el alma, quedé completamente sorprendido por la crudeza que el coronel (Israel Navarro) lo hace y aunque el vidrio es una cualidad física del material no es una unidad de medida, nos advierte:
“Muchos de nosotros tenemos techos de vidrio o más delgados que el vidrio, nos convierte en una persona carente de moral y más si somos violadores de los derechos de los demás. Qué credibilidad se puede tener”.

Y al final de su columna hace una reflexión que debería inspirar a todos:
“Los pueblos requieren códigos de conducta escrita; si se quebranta, la aplicación es necesaria”.

Esta última frase me inspiró a mí:
Érase una vez, en un mundo casi surrealista, había un pueblo sin gobernante ni leyes. Quienes se adaptan a esta anormalidad lo hacen como sanguijuelas, no los juzgo, y convierten a esta imagen a su nuevo entorno como algo confortable, aceptable y bueno. La capacidad de absorber permanentemente la sangre, sin la capacidad o el deseo de reproducirla de manera productiva, es un método peligroso, insostenible, aunque atractivo a corto plazo es un camino inequívoco del declive y el final colapso.

La convergencia actual de las crisis, financiera, energética, educación, salud, agua, suelo, empleo, migración, drogas, corrupción, comunicación, seguridad, política y más, es una consecuencia del irrespeto a las leyes contra nuestra débil democracia, surrealista y subjetiva como ninguna otra.

Es verdad, la vida aquí es demasiado peligrosa y problemática, además las leyes no se respetan, nadie lo niega, pero la aceptación de esta idea es ayudarnos a aprender lo terrible de la situación y no caer en un estado comatoso de distracción, aceptación y conformismo, si se comprende, paradójicamente, es algo para apreciar genuinamente, cada elemento que esté en la mente da una oportunidad de expresar el reclamo, no callarlo, aprender a no enfrentar físicamente, no exponer la vida. Pequeños cambios en la forma de pensar de cada uno pueden llevar finalmente a alteraciones del resultado final.

La búsqueda de la democracia perfecta, aunque sea un objetivo imposible, es un paradigma destinado a mantener un gran esfuerzo, una oportunidad para aprender, desarrollarse y crecer permanentemente. Así como salir de esta oscuridad y lograr el amanecer, la democracia verdadera podemos sentir esta, en este momento, más allá de nuestro alcance, pero está dentro de nuestra vista y vale la pena buscarla.

Juan León
La Tribuna Online