Hablando de honor

Para mí el honor es una condición característica con la que nace el individuo, como el color de los ojos o el del pelo.
El honor es la conciencia externa del ser, así como la conciencia es el honor interno.
El honor es una virtud personal que no se adquiere con fama ni la compra el dinero; aunque actualmente, con la proliferación de medios de comunicación formando opinión, hay quienes se aprovechan para forjarse uno propio artificial, como igual hacen los que se cambian el color del pelo o el de los ojos; algo que ya nos advertía el Manco de Lepanto cuando decía: “Es mejor la deshonra que se ignora, que la honra que está puesta en la opinión de las gentes”, como profetizando el populismo actual.
Rezaba un viejo dicho; “Más vale morir con honra que deshonrado vivir”. Es por ello que entre gentes de honor es un deber quitarse la vida cuando su honor se ve mancillado.
Cuando el rey Felipe I de Francia fue capturado por el ejército español de Carlos V expresó: “Se ha perdido todo menos el honor”.
Hoy pareciera que el honor personal entre nosotros se ha venido devaluando, como casi todos los valores morales de nuestra sociedad, y se nos quiere hacer creer que con un poco de dinero, la ley puede restaurarlo; nada más falso.
Pienso que lo que pasa hoy en día es que los que hacen las leyes o forman opinión, andan teñido el cabello y confunden el valor de los principios, y no comprenden que manchar el honor de alguien es delito tan grave como quitarle la vida, porque lo que a este se le asesina es la conciencia, y esa no hay forma alguna de restaurarla.
Asesinar la conciencia de un ser humano no es cuestión de opinión ni de libertad de expresión. Solo aquel que no tiene honor sabrá nunca lo que es perderlo.
Carlos E. Ayes
Tegucigalpa, M.D.C.