Familias de campesinos inician venta de palmas para el Domingo de Ramos

Cientos de familias campesinas, movidas por la tradición religiosa y la necesidad de generar ingresos, llegaron ayer al centro de la capital, para vender las palmas de olivo utilizadas por la feligresía católica en el Domingo de Ramos.
Padres, madres, abuelos y nietos llegan cada año con sus ramos, para la venta, previo a la celebración de la fiesta religiosa que da inicio a la Semana Santa.
La campesina Marcos García (80) llegó al parque Central junto a su hija y sus nietos, como lo ha hecho desde hace 30 años consecutivos, para poder ganarse unos cuantos lempiras.
García y su familia son originarios de la aldea Los Tablones, en el municipio de Alubarén, departamento de Francisco Morazán.
«Desde hace 30 años hacemos esto junto a mi hija, lo hacemos por nuestra religión, tradición y para llevarnos unos centavitos. Y aunque mis fuerzas y mi salud ya no son iguales, espero regresar el próximo año», manifestó la anciana.
Los ramos que venden los aldeanos son de palmera de coyol y sus precios son de 5, 10, 15 y 20 lempiras.
Este año, los comerciantes no trajeron las mismas cantidades que en años anteriores, ya que las plagas se “comieron” numerosas plantaciones.

Familias campesinas de varios municipios de Francisco Morazán ofrecen los ramos a los feligreses católicos.

RECORREN LARGAS DISTANCIAS

Para obtener las palmas, los vendedores deben recorrer grandes distancias, y algunas personas como la octogenaria deben pagarle a los más jóvenes para que les traigan el producto hasta su casa.
«Aquí no se gana la cantidad, porque ya no hay palmeras tan cerca, hay que pagar quien las saque, pero nuestra fe y tradición es más grande que eso», manifestó García.
Los vendedores llegan desde el día viernes, en horas de la noche, y se apuestan en los alrededores de la Catedral Metropolitana para ofrecer sus ramos.
Ante la escasez de palmas, ahora aprovechan para vender no solo los ramos, sino también los coyoles de las palmeras.
La comerciante Patricia Rubio (40), junto a su hijo, ofrecen esta fruta que es buscada por muchos capitalinos.
«Tenemos que aprovechar todo y algunas personas no solo buscan los ramos, los estamos vendiendo a 10 lempiras los 25 coyoles; este año hasta ahora no se ha visto mucho movimiento», relató Patricia.
Patricia tiene nueve años de venir desde Sabanagrande hasta la capital para vender sus productos. «Desde que supe que esto era un negocio más o menos bueno, he venido, aunque tengamos que dormir aquí, en la calle», indicó Patricia. (DS)

TRADICIÓN
ARTESANOS TRAEN CRUCES TALLADAS
Los vendedores de ramos están en las esquinas del casco histórico de Tegucigalpa, cada familia tiene su puesto de venta y otros permanecen en la fachada de reconocidas iglesias de la capital.
Otras familias de Alubarén llegan cada año hasta la iglesia La Medalla Milagrosa, ubicada en el barrio San Felipe.
Para el caso, desde hace 12 años Catalino Castillo (60) llega al atrio de esta parroquia, junto a algunos de su hijos y nietos, para ofrecer los ramos y cruces talladas en madera de color.
«Aquí no se hace la cantidad, porque en algunos casos tenemos que comprar el palo de coyol, pero esta es una tradición que no podemos dejar», relató Castillo.
Estas familias le pagan a un conductor particular que los traslada desde su lugar de origen hasta la iglesia, y que en algunos casos les cobra 100 o más lempiras por persona, sin importar sea niño o adulto.
Cada año, hombres y mujeres ofrecen sus ramos a los capitalinos, que no conocen las dificultades y sacrificios que hacen estos campesinos para traer su producto a la capital y así preservar la tradición del Domingo de Ramos.
EN FOCO
HACE 30 AÑOS OFRECE RAMOS EN LA CATEDRAL
Patricia Rubio (40) asegura que por la escasez de las palmas, ahora deben vender hasta la fruta que se le conoce como coyol.

Por 30 años consecutivos, la campesina Marcos García (80) ha venido hasta la Catedral Metropolitana para realizar la tradicional venta de ramos y contribuir así a mantener la tradición del Domingo de Ramos.