En el 144 aniversario del nacimiento de Juan Ramón Molina

Por: Mario Hernán Ramírez
Los biógrafos más conspicuos del egregio Juan Ramón Molina, han sido sin duda alguna su fraterno amigo Froylán Turcios, el intelectual Jesús R. Castro, el no menos valioso profesional Humberto Rivera y Morillo y el también insigne Eliseo Pérez Cadalso, quienes consagraron su vida a estudiar a profundidad la vida y obra de este gran hondureño cuyo legado ahora enciende las páginas más brillantes de la literatura continental.
Por supuesto que uno de los méritos más grandes dentro de la vida de este soñador insigne lo constituye el libro “Páginas escogidas”, del mundialmente famoso escritor guatemalteco Miguel Ángel Asturias, Premio Nobel de Literatura 1967, que con su obra de 200 mil ejemplares y básicamente con el singular prólogo que al mismo dedicó, le valió la importante presea que lo consagró definitivamente como uno de los talentos más grandes del universo.
Juan Ramón Molina, como es del conocimiento general, falleció a la temprana edad de 33 años, habiendo nacido en Comayagüela el 17 de abril de 1875 y desaparecido físicamente en San Salvador el 1 de noviembre de 1908. Rubén Darío le precedió 16 años, pues este había nacido en la ciudad de León, Nicaragua en 1867 y falleció en 1916, por lo que este último ha sido reconocido mundialmente, ya que su obra, según algunos historiadores ha sido traducida a sesenta idiomas de los cinco continentes.
Los restos de Molina fueron repatriados en 1918 y permanecieron en capilla ardiente durante cinco días en el recién inaugurado Teatro Nacional, hoy Manuel Bonilla, desde donde el pueblo capitalino desfiló en caravanas muy significativas para rendirle el postrer adiós al hombre que andando el tiempo le daría tanto lustre a la patria que lo vio nacer.
De Juan Ramón Molina se pueden escribir páginas tras páginas y jamás se podrá llegar al conocimiento completo de su real personalidad, en el campo del periodismo, la poesía, el cuento y en fin todas las ramas de la literatura, porque durante su juventud consagró sus mejores horas de vida a la lectura de los más preclaros hombres de su época y la historia antigua.
Entre sus fraternos amigos en Tegucigalpa, además de Froylán Turcios, figuraron Luis Andrés Zúñiga, Adolfo Zúniga, Fausto Dávila, Esteban Guardiola, Alejo Lara, Salvador Turcios Ramírez y otros connotados hombres y mujeres que en su momento galardonaron con su presencia y más acá en el tiempo con sus obras relevantes de carácter cultural a la nación.
Los poemas de Molina, rama que él dominó como el mejor dentro de la literatura, constituyen el más preciado tesoro para los hondureños de todos los tiempos, labor en la que debemos estar inmersos todas las generaciones que desde su fallecimiento comenzamos a conocer la vida y obra de este compatriota irrepetible.
En los últimos tiempos habrá que reconocer paladinamente la gigantesca obra que realizaron hombres de singular amor a la patria y a sus valores, como Eliseo Pérez Cadalso, Raúl Lanza Valeriano, Dionisio Ramos Bejarano, Antonio Osorio Orellana, Agustín Córdova Rodríguez, Héctor Elvir Fortín, Marcial Cerrato Sandoval, Marco Rolando San Martín, Juan Domingo Torres Barnica, Elpidio Alejandro Acosta Navarro, Daniel Vásquez, quien suscribe y la única dama de este sobresaliente equipo de intelectuales lo constituyó la recordada abogada y periodista Magda Argentina Erazo, la que en determinado momento se autollamó “doce locos y una más”, quienes con los antecesores admiradores del gran Juan Ramón, sentaron las bases para que ahora con más amor y patriotismo, se continúe explorando el cerebro irrepetible de este hombre fallecido para vivir en la eternidad. Los arriba mencionados fueron conocidos como “los trece locos del Guanacaste”, cuya obra material e intelectual es de inconmensurable valor.
Actualmente este movimiento molinense ha tomado forma, en su membrete de Círculo Histórico Cultural Juan Ramón Molina, y es pilotado por el doctor Horacio Ulises Barrios Solano, a quien le acompaña otro selecto grupo de hondureños bien nacidos, cuya jurisdicción ahora logró traspasar las fronteras patrias, pues se han nombrado “embajadores culturales” a personalidades como el periodista y escritor Wilfredo Mayorga Alonso, poeta y escritor Juan de Dios Gutiérrez y Aguilera, intelectual y empresario Ángel Rafael Lanza Reyes, todos los mencionados residen en algún estado de la unión norteamericana. En Europa existe también otro entusiasta miembro de este equipo con el nombre de Ángel Gabriel Ramos Matamoros y en San Salvador el dilecto José Ramos Méndez, propulsor infatigable del genial JRM; todos ellos juramentados debidamente para cristalizar los ideales de otros compatriotas como Julio César Raudales, Segisfredo Infante, Óscar Armando Valladares, Rolando Kattán, Alexis Castillo, Ismael Zepeda Ordóñez, Froilán Ochoa Alcántara, Francisco (Paquito Valeriano), Eduardo Bahr y las distinguidas damas: Consuelo de Valeriano, Reina Yaneth Galo, Fidelia Molina, Gloria Díaz, Fátima Salgado, Mirza Matute, Elsa Ramírez García, Ruth Martínez, Ney Edelmira Reyes y otras personalidades que serán juramentadas próximamente en ceremonia especial que se llevará a cabo en el Centro Básico Juan Ramón Molina de la colonia San Miguel de Tegucigalpa, el próximo 24 de abril, con motivo del 49 aniversario de fundación de este prestigiado centro educativo, oportunidad que servirá para juramentar a otros valiosos elementos que con su presencia enriquecerán el movimiento molinense en Honduras entre ellos: Lina Mancusso Rivera, Balbina Olivera, Vilma Isabel Castillo Hernández, Víctor Manuel Ramos, Óscar Flores López y Freddys Mateo Aguilar. En San Pedro Sula el connotado escritor Julio Escoto.