“No tiene la menor importancia”

Por: Juan Ramón Martínez
El que Nayib Bukele no invite a los periodistas hondureños a sus actos de toma de posesión, no tiene la menor importancia. Tampoco que deje de invitarme para que lo acompañe en lo que será, el más importante acto público de su vida. No nos conocemos; en consecuencia, no nos debemos obligación alguna, más allá del respeto debido, del uno al otro, como seres humanos. Además, es un acto unilateral suyo. Igual que la mayoría de los presidentes que toman posesión de sus cargos, de Honduras o de Centroamericana, no tienen obligación de invitar, sino a los que consideran sus amigos. Y cuya presencia por razones políticas, consideran importante.
Son muy pocos los presidentes electos hondureños que me han invitado. JOH en el inicio de sus dos presidencias, no me invitó. Tampoco lo hizo Lobo Sosa, Maduro y Carlos Flores. Por razones de protocolo, probablemente no se consideró prudente mi presencia en tan solemne ocasión. Solamente asistí a la de Callejas Romero –porque integraba su gabinete de gobierno– y a la de Carlos Roberto Reina, porque era el presidente del Tribunal Nacional de Elecciones. Es casi seguro que el que asuma la Presidencia en 2022, tampoco me invitará. Y ello, no tendrá la menor importancia. Ni para ellos, y mucho menos para mí.
Aunque debo reconocerlo, ninguno de ellos me ofendió, mandándome a decir que no asistiera. Cosa que si hubiese ocurrido, le habría dedicado una columna iracunda, anticipándoles los peores deseos al frente de los destinos de sus respectivos gobiernos.
En el caso de Bukele, cuando anuncia –en forma innecesaria y poco diplomática– que no invitará a Maduro de Venezuela, Ortega de Nicaragua y Hernández de Honduras, argumentando que son dictadores, incurre en un exceso verbal; en un desplante diplomático inconveniente. Y en una actitud infantil que, muestra carencia de conciencia de estadista e ignorancia de la complejidad del cargo que asumirá. Y por el cual tendrá que responder, en términos de resultados –de cara a la crisis social de El Salvador–, a todos los salvadoreños.
En términos diplomáticos, Bukele olvida que Honduras y Nicaragua no solo son sus vecinos, sino que además, con Honduras tiene fronteras terrestres y marítimas, y con Nicaragua de este último tipo. Y lo más grave, –que muestra su oceánica ignorancia–, es que pasa por alto que Honduras, tiene una posición geográfica que es vital, para la operación económica salvadoreña. Una actitud inamistosa contra Honduras –porque Hernández es el legítimo gobernante de los hondureños– puede cerrarle el comercio con el sur del continente, como ocurriera después de la guerra de 1969.
Desde el punto de vista político, Bukele pasa por alto que el 1 de junio próximo será presidente de El Salvador. Y que como tal, tendrá que contar con la Asamblea Legislativa en donde no tiene casi representación. La mayoría del pueblo salvadoreño no votó por él, vista la elevada abstención que se produjo en el proceso en donde salió electo, más por la debilidad de sus adversarios, que por sus méritos que, no tienen nada de singulares. Los salvadoreños saben la importancia que tiene Honduras para ellos, tanto en términos familiares como en los económicos. De allí que sus desplantes de muchacho malcriado, no están cayendo bien entre sus compatriotas.
Entendemos que, por razones “religiosas” y “raciales”, quisiera que Nasralla fuera el presidente de Honduras. Pero son los hondureños quienes eligen sus gobernantes. Como los salvadoreños hacen lo mismo con los suyos. Intervenir en nuestros asuntos, –calificando a nuestro gobernante– es algo que no le permitiremos, en ningún momento. Y le puede costar muy caro.
No le corresponde calificar de dictador a JOH. Ni a Ortega o Maduro. Como gobernante debe abstenerse de conductas intervencionistas. Incluso cuando quiere “ayudar”, le hace daño a Nasralla. Con su verborrea, anticipa que los descendientes de libaneses –musulmanes, no son demócratas, sino que “jeques” autoritarios. Y, sin proponérselo, nos previene para que no votemos como lo hicieron los salvadoreños–, por orientales no cristianos, porque son autoritarios y conflictivos. Poco respetuosos de sus electores; y cuchilleros con sus vecinos. Los salvadoreños son amigos y hermanos. Aunque, en forma torpe Bukele no lo quiera. Por buscar pleitos, perderá respaldo. O las asentaderas. Lo que no tendrá la menor importancia.