Vacaciones en el mar

Por: Carolina Alduvín
Burócratas, estudiantes, profesores y algunos otros privilegiados, aprovechan cada año la llamada Semana Santa para tomar las vacaciones de la temporada seca y calurosa; para muchos, es la ocasión de visitar y abarrotar las playas y otros balnearios, sin detenerse a pensar que los océanos son las grandes cloacas para todo tipo de industrias y poblaciones. Los océanos cubren alrededor de tres cuartas partes de la superficie de nuestro planeta y tienen una gran capacidad de amortiguamiento para los contaminantes arrojados desde tierra y el espacio.
En las últimas décadas el poder de absorción de la gran masa de agua salada se ha puesto a prueba con los desechos de plástico, cada vez más abundantes y menos reciclables. Causan estragos en la vida marina, estrangulando tortugas y focas, llenando los estómagos de enormes ballenas con materia no nutritiva, atrapando e hiriendo a ejemplares no destinados a la pesca. Por otro lado, no faltan derrames de petróleo y otras sustancias nocivas debido a todo tipo de negligencia, accidentes y fallas técnicas.
Además, nuestro apetito por diferentes tipos de carne está matando a los océanos. Tan solo en Norteamérica, una persona promedio consume alrededor de 200 libras de carne cada año. Las granjas industriales donde esta se produce, bombean hacia el mar los desechos de sus procesos, fertilizantes y otros residuos químicos, creando ambientes fértiles para que algas, bacterias y otros microorganismos prosperen; estos consumen gran parte del oxígeno que soporta la vida de las especies animales marinas. Las áreas en que lo anterior ocurre, literalmente se conocen como zonas muertas, porque en esos espacios, las criaturas vivientes no pueden siquiera respirar bajo el agua.
Las zonas muertas se han cuadruplicado en las últimas décadas; de hecho, el golfo de México es la zona muerta más grande del mundo. El área que provee una porción significativa del suministro de mariscos en los países que lo comparten. Se ha comprobado que la principal fuente de contaminación es una procesadora de carnes instalada en el estado de Texas que solo en 2017, generó 55 millones de toneladas de estiércol. El déficit de oxígeno se intensifica por las temperaturas cada vez más cálidas de los océanos, dado que el agua tibia retiene menos oxígeno. La tendencia puede revertirse, siempre y cuando existan leyes estrictas y gobiernos fuertes capaces de hacer que se cumplan, limitando las concentraciones de toxinas permitidas en las desembocaduras de las corrientes en donde se vierten los desechos. Solo cuando tales medidas se han tomado, la contaminación ha disminuido y la vida silvestre ha vuelto a florecer.
El turismo, aunque no lo parezca también está dañando a la vida marina; el uso de lociones y cremas con bloqueadores solares luce como algo poco significativo en el comportamiento de los vacacionistas de sol y playa. Pero bastan 20 minutos de baño para que una cuarta parte de la crema se diluya y se transforme en un compuesto tóxico para la vida marina. Las primeras víctimas son los corales; animales sésiles casi microscópicos, cuyos exoesqueletos se acumulan durante generaciones a un ritmo tan lento que ha tomado milenios la formación de las estructuras que observamos en la actualidad. Los arrecifes son verdaderos viveros para muchas especies de invertebrados y peces.
En ellos se depositan hasta 14,000 toneladas de crema bloqueadora solar cada año, el peso de unos 3 mil elefantes. Contienen benzofenonas que actúan como filtros para los rayos ultravioleta del sol, a la vez endurecen a los corales hasta el estado larvario y los encierran en su propio esqueleto. Estos ingredientes también afectan a una microalga necesaria para la vida de los corales, como resultado, se blanquean y precipitan su muerte. Otra víctima es el fitoplancton, situado en la base de la cadena alimenticia marina. Protegerse de los rayos UV es indispensable para evitar cáncer y quemaduras, pero existen cremas biodegradables menos contaminantes. También es aconsejable evitar la exposición al sol en todo lo posible durante las horas más cálidas y llevar la mayor cantidad de prendas protectoras.
Seamos cuidadosos al manejar, al festejar, al divertirnos y a proteger los atractivos turísticos que nos brinda la naturaleza, felices vacaciones en el mar, la montaña, los pueblos o lo que elijamos.