Fe, oración y redención

Por: José María Leiva Leiva
En términos generales con la Semana Santa, los cristianos conmemoramos el triduo pascual, es decir, los momentos de la pasión, la muerte y la resurrección de Jesucristo, como tal, debería ser un tiempo de oración y reflexión sobre el mártir del Gólgota. Aunado a ello, se trata de un tiempo ideal para que el ser humano medite sobre sus acciones y los cambios que debe realizar para acercarse más a Dios y cumplir con sus mandamientos. Debería ser un renacer en nuestros corazones para redimirnos de nuestros errores, de nuestros pecados.
En definitiva, se trata de un nuevo individuo, de una nueva oportunidad para ser mejores personas, de renovarnos como seres humanos. Y en cierta forma, eso es lo que representa también la Natividad de Jesús. El nacimiento de un redentor en nuestros vulnerables corazones. No obstante ello, y por extensión cabría siempre la siguiente interrogante, ¿acaso solo debemos recordar quién es Jesucristo en épocas como la Semana Santa o Navidad? Por supuesto que no. Ello debería ser una constante, un compromiso digno y serio de seguir y sentir todo el tiempo.
En consecuencia, un verdadero cristiano debería vivir a Cristo todos los días, obedecer sus mandamientos cada momento, orar sin cesar, difundir su palabra, emitir su mensaje. Y todo inicia con la fe, descrita en el mismo texto bíblico como “la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. Hebreos 11:1. “La fe salvadora, la fe viva, la fe que actúa; es la que está cimentada en Dios. Por lo tanto, en primera medida es imprescindible conocer el carácter, los atributos y principalmente lo que Él espera de nosotros, para no poner nuestra fe sobre situaciones y elementos que no están dentro de la voluntad del Padre y así vernos desilusionados de no obtener el resultado, no por la inoperancia de nuestro Dios, sino por tener equivocada la visión de lo que realmente implica tener fe verdadera”. https://www.devocionalescristianos.org
Es así como “Dios sanará tu enfermedad, curará tu dolor, suplirá lo necesario para que te levantes, solo tienes que creerlo con todo tu corazón”. Porque “si pones primero a Dios, nunca serás el último”. “El mundo dice: Ver para creer. Dios dice, créelo y verás”. Lo grandioso de esa fe, es no saber “cuántos gigantes se van a levantar contra mí, para quererme destruir, pero esos gigantes van a caer en el nombre de Cristo Jesús”.
¿O qué tal este sabio consejo? “Siembra flores y cosecharás la fragancia. Siembra cariño y cosecharás la amistad. Siembra sonrisas y cosecharás la alegría. Siembra la verdad y cosecharás la confianza. Siembra el amor y cosecharás la felicidad. Ten fe y Dios nunca te defraudará”. Por ello, “pon tu confianza en Dios y sabrás lo que es vivir en lo sobrenatural”. Ten fe, “quien pone todo en las manos de Dios, verá la mano de Dios en todo”.
Y si tu fe es tan grande como esa semilla de mostaza que hace que la montaña se mueva a ti, ten por sentado que “Dios siempre va adelante de ti abriendo camino donde parecía que era imposible”. Y respecto a la oración, es oportuno separarla del rezar. ¿Por qué? “el rezar viene de repetir ciertos tipos de oraciones que han sido establecidas por otras personas y no son con palabras propias. Mientras tanto, la oración es una acción sincera y voluntaria de comunicación con Dios, buscando su favor”. Véase https://recursoscristianosweb.com/
¿Cómo lo hago? Bueno, “de rodillas ante Dios, de pie ante el mundo”. “Orar es atreverse a tocar el cielo con las manos y no regresarlas vacías”. Sobre el particular el actor Denzel Washington, señala: “En la noche antes de acostarte pon tus zapatos bien debajo de la cama, hasta el fondo. Así cuando te levantes tendrás que arrodillarte para buscarlos, y mientras lo haces, –de rodillas–, dale gracias a Dios por el nuevo día, pídele luego fuerzas para la jornada y solo entonces, no antes, levántate y ponte tus zapatos”.
Para la Iglesia Católica, sus feligreses “no tenemos buena suerte… tenemos bendiciones de Dios. Nuestra vida no está regida por el karma… está redimida por la misericordia de Dios. Los católicos no necesitamos buenas vibras… necesitamos de oraciones, fe y esperanza plena en Dios”. Por eso escuchamos que “a veces, lo mejor que puedes hacer es inclinar tu rostro, hacer una oración y aguantar la tormenta”, por supuesto, si es que no puedes evitarla.
Por último, cuando enfrentes al mundo, dale amor a todo el que encuentres; que tu presencia ilumine los corazones de las personas”. Madre Teresa de Calcuta. Recuerda que “Dios no quiere algo de ti. Él simplemente te quiere a ti”. Al final, “no hay silencio que Dios no entienda, ni tristeza que Él no sepa, no hay amor que Él ignore, ni lágrimas que Él no valore”. “Lo valioso de una persona no es la cabeza llena de conocimiento… sino un corazón lleno de amor, unas orejas dispuestas a escuchar y unas manos abiertas para ayudar”. Pues “el que no vive para servir, no sirve para vivir”.