Suicidio por perder la honra: ¿un acto de cobardía?

Por: Boris Zelaya Rubí
El escritor colombiano José María Vargas Vila, excomulgado por la Iglesia Católica por su declarado ateísmo y definido anticlericalismo, sostenía que los seres humanos tenemos la libertad y autonomía sobre nuestra existencia, por lo cual podemos disponer tanto de lo que hacemos en la vida como nuestra forma de morir, y quienes se encuentran sufriendo una enfermedad incurable, tienen derecho a que se les aplique la eutanasia o suicidarse cuando la vida sea un martirio. Al final de su vida quedó completamente ciego, pero no se suicidó ni pidió que le aplicaran ninguno de los tipos de eutanasia que recomendaba.
El suicidio o poner fin a la vida voluntariamente, es un hecho antinatural que se vuelve más notorio cuando se trata de personalidades famosas, que por alguna circunstancia creen haber perdido la dignidad que mantuvieron en la trayectoria de su vida, es un acto de cobardía. Los demás seres humanos que hacen lo mismo pero son desconocidos por ser pobres, no pasan de ser noticia pasajera ¡a pesar de que también son criaturas de Dios!
La muerte voluntaria llevada a cabo por la propia mano del expresidente de Perú, el señor Alan García (Q.E.P.D.) nos hace recordar que varios analistas, nunca estuvieron a favor de la intervención de técnicos extranjeros en asuntos internos de nuestro país, sobre todo en lo que atañe a los manejos de los fondos nacionales o el uso del poder para que cualquier empresa convirtiera el territorio en su propia hacienda, realizando inversiones con dinero proveniente de actividades ilícitas.
Creían que teníamos suficientes hombres probos y preparados para llevar a cabo las acciones depuradoras, tanto en asuntos del crimen organizado como las modificaciones legales urgentes en nuestra nación. Estábamos equivocados, en países tan pequeños (en población) como el nuestro, la mayoría podemos identificarnos, por familiaridad consanguínea o por afinidad. Las trayectorias políticas se vuelven un semillero de agradecimiento entre los funcionarios o en un pánico incontrolable por temor a un atentado criminal, entorpeciendo acciones que pudieran llevar a las ergástulas a cualquier delincuente de “cuello blanco” como se les dice a los que circulan socialmente en cierta élite, reconocidos por su dinero sin importar su procedencia.
Es un “imperativo categórico” efectuar una depuración de los que alguna vez aparentaron ser los mejores hombres de Honduras, escondiendo muy hábilmente sus verdaderas intenciones.
La ambición y el crecimiento de los medios han permitido que la población sea minada en sus decisiones partidarias ideológicas, oyendo a diario cómo se deshacen honras con fines políticos, haciéndolos anidar odios en sus pechos que conducen a la violencia. Esperamos y confiamos en el gran Arquitecto del Universo, que en nuestro terruño no se pongan de moda los suicidios de personas que sean alcanzadas por la justicia.
En algunos países latinoamericanos son tantos los exfuncionarios perseguidos por las autoridades que ya parece un “gigantesco serpentario”, por la aplicación tardía de la justicia. No sirven de ejemplo para la conducta que deben observar los futuros funcionarios o servidores públicos y uno que otro ambicioso con intenciones de corromperlos.
Las reformas están en proceso de convertirse en realidad, sin que a sus creadores los tilden de adoptar poses puramente demagógicas, que solo estén llenas de fines electoreros a ofrecer “pan y circo”, como si exclusivamente fueran los pobres los que se multiplican en el estado actual de la sociedad.
En nuestro sistema penal siempre ha habido deficiencias, igual que en otras partes del mundo, pero es mejor agotar las instancias para demostrar la inocencia, que buscar la puerta falsa del suicidio, pues podría quedar la duda de las malas acciones del indiciado y no serviría de ejemplo para la buena administración de los bienes del Estado, que es el sueño de todo hondureño.
Los ladrones con uniformes anaranjados, aun con sus hojas de vida llenas de títulos, constituyen una advertencia, para los que se atrevan a manosear el dinero del pueblo. ¡Que no se suiciden porque quedaría la duda! Y eso no sería ninguna lección para las nuevas generaciones de políticos que llegasen a ostentar el poder.
De rodillas solo para orar a Dios.