¿CAMBIO DE TRATO?

YA sabemos que este tema solo es ventilado por los políticos cuando sacan rédito de la cobertura mediática escandalosa; sin embargo en esta columna de opinión desde siempre nos ha importado y hemos estado pendientes de la suerte de nuestros compatriotas que, por diversos motivos, abandonan sus hogares y salen del país a hacer vida en fronteras distintas a la suya. No hay freno a la osadía cuando se trata de la sobrevivencia. La necesidad obliga. El video que recoge el reclamo de “Lady Frijoles”, quejándose de la ración de comida –frijoles con tortilla– que le ofrecieron en su travesía, fue difundido en forma viral como muestra de desagradecimiento de los migrantes a la asistencia que recibían. Lamentable, ya que a no dudar la mayoría de ellos aprecian toda demostración de buena voluntad de sus semejantes. Ahora muchos integrantes de las caravanas recién formadas, que cruzan el territorio azteca, dicen resentir la falta de solidaridad con que los tratan.
Nada parecida a la solidaridad que se volcó a favor de las primeras caravanas que partieron el año pasado. En aquel entonces, decenas de mexicanos salieron a las calles a apoyar a los centroamericanos con comida, bebidas, ropa y otros donativos para atender sus necesidades básicas de sustento. Sin embargo, en la medida que estas multitudes se quedaron estancadas en el trayecto, sin lograr atravesar la frontera, el buen trato hacia ellos fue menguando. Incluso hubo hasta momentos de hostilidad de los vecinos de ciertos poblados, quienes sintieron amenazado su cómodo patrón de vida cotidiana por la invasión de gente. Se quejan ahora que mientras los miembros de las caravanas anteriores recibieron comida y refugio de los gobiernos de las ciudades, las iglesias y los transeúntes, y hasta “aventones” de camioneros, nada de ello ocurre ahora. La última peregrinación, de unas 3 mil personas, se ha dispersado en estados sureños de la nación azteca. “La solidaridad en decadencia –dicen las notas informativas– no ha sido solo de parte de la población sino también de las autoridades, ya que a los primeros grupos les ofrecieron una visa humanitaria, beneficio suspendido para los nuevos migrantes”. Según un párroco –citado en la nota– “la única que recibió apoyo fue la primera caravana en octubre pasado” y llegó a contar con más de 7 mil integrantes. A partir de entonces, sostuvo, “se ha promovido el odio”. Relatan las noticias procedentes de allá que ahora los caminantes son arriados por la policía para que no se detengan y sigan su camino. Que grupos de ellos han sido detenidos, mientras los que pueden escabullirse, optan por internarse en la maleza junto a la autopista para eludir la autoridad.
Rápido se enteraron que no encontrarán la misma hospitalidad brindada a las otras romerías. “Cuando los migrantes estaban reunidos en zonas de sombra para protegerse del calor –relata un cable interncional– a las afueras de la ciudad de Pijijiapan, la policía y agentes federales llegaron en camionetas y furgonetas y metieron por la fuerza a mujeres, hombres y niños en los vehículos”. Las víctimas se quejaron a la prensa que, “nos agarraron sin piedad, como que fuéramos animales; y eso es una barbaridad porque somos humanos todos”. “Algunas mujeres y niños lloraban durante las detenciones. Ropa, zapatos, maletas y carros de bebé quedaron tirados en el lugar”. Arguyen que el cambio de actitud se debe a la presión que ejerce Washington sobre el gobierno mexicano, conminándolo a detener las migraciones y devolver a la gente a sus lugares de origen o quedarse allí con ellos, o de lo contrario cerrarán la frontera. AMLO tampoco cree que por la vía coercitiva van a frenar el aluvión. Si bien no quiere hacer de esto tema de pleito con la Casa Blanca, instó a Washington “a atender el problema con desarrollo, con la creación de empleos”.