Prematuros

Por: Nery Alexis Gaitán
Una tragedia nacional es que los políticos nunca aprenden la lección. Sus malas actuaciones afectan a los hondureños en casi todos los aspectos de la convivencia nacional. La búsqueda desesperada de beneficios y canonjías de todo tipo está presente en todos sus actos. Gozar de los privilegios del poder, junto a su familia y amigos, es su única finalidad.
Solo así se puede entender que en ningún momento se pongan a reflexionar y cambien su agenda política para el bien de todos. Empecinados en llegar al poder o mantenerse en él, son capaces de formar hasta alianzas con sus adversarios políticos. Un ejemplo lamentable es el exrector advenedizo en política, Orlando Zelaya, que por afán de notoriedad, creyendo que así elevaría su fracasado perfil político, se alió con el archienemigo del liberalismo, Manuel Zelaya.
Esta fracasada oposición política sin fundamento, ni respaldo popular alguno, en ningún momento ha presentado soluciones a los graves problemas de salud, educación, desempleo, que el país enfrenta. Es obvio que divorciados del pueblo, solo hacen bulla en el momento que les conviene. Adolecen de pensadores y analistas que les interese el bienestar de los pobres.
A ello hay que agregarle que en sus mezquinas actuaciones incluyen un componente de inestabilidad social encaminado hacia el caos y la violencia, creyendo que es la vía para obtener el poder. La oposición de naturaleza izquierdista, influenciada por el fracasado socialismo del siglo XXI, contempla eliminar nuestro sistema democrático e instaurar una tiranía al estilo de Chávez, los Castro u Ortega.
De momento esta oposición se encuentra de capa caída, ya que a Manuel Zelaya, las bases de Libre no le hacen caso y no se presentan a las constantes convocatorias que hace para luchar “contra el tirano” e irlo a sacar de Casa Presidencial. El estrepitoso fracaso de los comandos insurreccionales que iban a incendiar el país, solo demuestra que ese partido político está en la ruta de su desaparición del escenario nacional.
Siempre buscando notoriedad, Manuel Zelaya ha lanzado a su pupilo, Jorge Cálix en una prematura campaña presidencial. Cálix, más hablantín que otra cosa y sin arraigo popular, no entiende que el astuto Zelaya lo está lanzando al ruedo para que se queme; lo mismo será para otros precandidatos, porque al final tendrá de nuevo vía libre para postularse él como candidato presidencial, o poner a la ama de casa, Xiomara de Zelaya, que en resumidas cuentas es lo mismo.
Esta fiebre de presidentitis prematura también la miramos en el partido de gobierno, en el cual la unidad granítica del pasado ha iniciado a resquebrajarse. David Chávez, con un pasado no muy eficiente en el Infop, anda en plena campaña, derrochando recursos de los cuales se desconoce su procedencia.
Asimismo, se ha estructurado un movimiento, jefeado por el expresidente Porfirio Lobo, en contra del oficialismo. Lobo, en franca oposición al Presidente Juan Orlando Hernández, sobre todo por el caso de supuesta corrupción en el cual está implicada “Mi Rosa” y que todos conocemos, se ha separado del ala oficialista de su partido y, con otros líderes, están abogando por elecciones internas y no por un candidato presidencial nombrado de dedo.
Al final siempre es lo mismo con los políticos, llegan a acuerdos “por el bien del país”, y terminan comiendo en la misma mesa. Sobre todo los políticos de la oposición que siempre logran cuotas de poder a cambio de la sangre y la vida de hondureños nobles, ya que mandan a sus bases a morir en las calles para crear mártires. Y todo por gozar de los privilegios del poder. La reciente experiencia de violencia política que hemos vivido así lo dictamina.
¡Rechacemos a estos políticos degradados y defendamos nuestro sistema democrático!