El dinero que necesita la educación y la salud

Por: Rafael Delgado Elvir
Economista. Catedrático universitario
La situación de la educación y la salud pública son unas de las más palpables evidencias de la pobre gestión de la cúpula que maneja los destinos del país. Por ello, el ciudadano en general y la sociedad organizada en particular han perdido toda esperanza que algo nuevo pueda surgir de las iniciativas de la cúpula nacionalista. Por mi parte me uno a ese convencimiento. Una cúpula gobernante que lleva ya cerca de nueve años gobernando sin haber logrado cambios sustantivos en el país, más que seguirnos hundiendo en la corrupción y el narcotráfico, no es capaz ni tiene una voluntad sincera de impulsar ningún proyecto transformador. En medio de la presente crisis gobiernan en función de su única aspiración: mantenerse aferrados al poder, atrasar su galopante deterioro y triste final.
Lo vimos hace un par de meses. Frente a las caravanas de migrantes que exponían el fracaso de su gestión como gobierno, fueron solamente capaces de reaccionar con medidas mezquinas que solamente apuntaban a tranquilizar, pero no a solucionar el desempleo, bajos ingresos y pobreza. Ahora nuevamente reaccionan tardíamente ante el deterioro de la educación y salud pública. Una vez más, hablan de medidas para mejorar la situación en ambos sectores, cuando en términos concretos no ofrecen más que reasignar montos de las partidas presupuestarias dentro de las mismas instituciones y aumentar los compromisos con el Banco Mundial y el BID. Para los que mal gobiernan las cuentas se arreglan abriendo un hoyo para cerrar el otro, estirando la mano esperando que la comunidad internacional siga prestando recursos que se irán caudalosamente por los desagües de la corrupción y el despilfarro.
Apenas han transcurrido cuatro meses del presente año y ya se reestructura el presupuesto del gobierno. En un procedimiento rápido que solamente dio lugar a negociaciones oscuras y a una aprobación parlamentaria sin debate se ejecutó la operación. Lógicamente que para sus intenciones no hay más salida que eso. ¿Quién a estas alturas puede confiar en JOH y sus compinches para sentarse a concebir un plan de rescate a la educación y a la salud pública? ¿No han sido ellos los que han quebrado las instituciones como el IHSS? ¿No son ellos los que por nueve años han aprobado licitaciones amañadas con sobreprecios de vértigo? ¿No han sido ellos los que por estos años han permitido que las escuelas públicas del país se caigan por pedazos?
Si existiera una voluntad auténtica de mejorar las condiciones de educación y salud, ya tiempos se habría frenado el gasto de instituciones como la Presidencia de la República, la Secretaría de la Presidencia, el Congreso Nacional y la Secretaría de Defensa. Según las liquidaciones del Presupuesto Nacional que presenta SEFIN, para el año 2018 solamente la Presidencia de la República y la Secretaría de la Presidencia gastaron un total de 2,145 millones de lempiras. El Congreso Nacional ha duplicado su presupuesto de 500 millones de lempiras en el 2013, a gastar 1,000 millones de lempiras en el 2018. En el mantenimiento de las Fuerzas Armadas se gastaron 8,000 millones el año pasado, el doble en relación al 2013. ¡Qué potencial tan grande para reasignarlo a la educación de los niños y los jóvenes! ¡Qué buena oportunidad para mejorar los hospitales públicos y abastecer sus farmacias. Allí hay en definitiva un buen filón de recursos que no haría necesario seguir contratando tantos recursos externos con el BID, BM y KFW. Pero nadie en el poder se atrevería a poner semejantes sumas al servicio de la nación. Es muy peligroso para ellos prescindir de esas sumas que hasta ahora son controladas en gran medida para sus fines e intereses.
<[email protected]>