LA ALCALDÍA Y CADA PELLIZCO

LA ANDI denuncia una trampa en el cobro del impuesto de bienes inmuebles, explicando que la alcaldía municipal en forma irregular ha multiplicado el valor catastral de las propiedades a modo de incrementar –y hasta duplicar– el monto que pague el contribuyente en base a la tasa aplicable como porcentaje de ese inflado valor. Voceros de la Cámara de Comercio de Tegucigalpa arguyen que el porrazo al contribuyente no ha sido socializado, que reducirá la competitividad de las empresas y que cualquier afectado puede interponer un recurso legal en contra de la arbitraria alza. La ley expresa que solo en año terminado en cero o cinco se pueden modificar estos valores en el plan de arbitrios. Sin embargo, no hay mucha esperanza que en los juzgados vaya a prosperar el reclamo empresarial, así como no los ampararon cuando presentaron el reclamo del ilegal cobro del 2% sobre ventas o en otras reclamaciones de carácter económico, atadas a impuestos groseros, que les hayan aplicado. Lo único que ha hecho retroceder medidas de esta índole ha sido la calle.

Cuando se revolvieron los maleteros en Toncontín porque les cerraron el aeropuerto y la bandera la agarró el alcalde de un partido contrario al Ejecutivo que tomó la medida. O como más recientemente hicieron los taxistas cuando les encaramaron un incremento a la tasa vehicular. Sin embargo, la solución del alcalde fue aplicarla diferenciada, favoreciendo a los quejosos taxistas para aplacarlos, pero aplicándolo al resto de los vehículos ya que la gente en forma individual, si no está asociada en algún gremio, se enoja pero no tiene forma de hacer grupo con otros afectados para ir a las calles a protestar. Así que como los empresarios son legalistas que recurren a las instancias judiciales a que los revienten y no poseen la habilidad que tienen, digamos, médicos y maestros de ir a resolver a la calle sus querellas, improbable que con un amparo le hagan cosquillas al gobierno municipal. Lo triste es que cada pellizco va indignando al amable y resignado auditorio, de manera tal que llegará un momento cuando de tanto que vaya el cántaro al río, va a reventar. Porque eso del zarpazo a los bienes inmuebles si bien afecta a los empresarios –cuyas organizaciones gremiales no pasan de tibias reacciones al aluvión de impuestos que reciben– va a indignar a la clase media capitalina y a todo dueño de casa o de inmueble. Por un lado les llegarán los recibos de la luz con el 10% adicional; cada vez que vayan a la bomba de gasolina recibirán caricias de más de 100 lempiras el galón por llenar el tanque. Si ajusta llenarlo.

Y ahora por el lado de la alcaldía que ya incrementó la tasa vehicular –con todo y que el alcalde es querido y popular por amable y trabajador– recibirán otro susto de espanto. La gente anda de mirame y no me toqués. Pero aquí pareciera que a la autoridad le cuesta asimilar el malestar en ebullición. Hasta que se junten tantas molestias y agarren para la calle. Que ni lo quiera la virgen desembocar en una crisis como la que azota a Nicaragua. Los comercios capitalinos andan de capa caída, apenas subsistiendo con refinanciamientos. Como las recetas de las tías las zanatas y las aves agoreras es ahogar la demanda de hambre para corregir desequilibrios del mercado en vez de atacar el mal por el lado de incrementar la oferta, las actividades comerciales sufren, no hay inversión y no hay generación de empleo. Que revise el alcalde el declive en empresas que se instalan y cuánto ha crecido la economía informal. Ello es porque la gente para vivir no puede hacerlo dentro del sistema formal y por ello se avienta a la brava. A donde no tenga que pagar impuestos, ni hacer trámites engorrosos, ni a que le capen sus ingresos. El ministro de Trabajo revela que el subempleo es del 48%. Se queda corto. Y ahora –con el blindaje de las fronteras en los Estados Unidos y el mal trato a los peregrinos que se quedaron estancados en México– la migración dejó de ser válvula de escape a la falta de empleo local. Así que si aquí no se abren fuentes de trabajo, esto va a ser un polvorín. Sean sensatos. No se trata de llenar la tesorería central ni las arcas municipales reventando los escuálidos presupuestos familiares. Ya paren eso. Se los advertimos con todo el cariño del mundo. Antes que esto vaya a tomar caminos lamentables irreversibles.